jueves, 15 de enero de 2015

Aniversario

Aniversario
Ahora entiendo lo que quiere decir aniversario...

Era la celebración de nuestro aniversario de boda, y mi marido me sorprendió con un par de entradas de letsbonus para un conocido balneario termal más o menos cerca de nuestra ciudad de residencia. Se trataba de un hotel balneario de lo más lujoso y por supuesto muy caro. Ofertarse de esa manera es algo poco frecuente en centros de tal categoría, pero que debido a la crisis habían decidido popularizar algún tipo de ofertas para promocionarse.  Para nosotros era como un pequeño mito inalcanzable, a pesar de que yo siempre le comentaba a mi marido cuando veía reportajes de revistas, lo mucho que me gustaría disfrutar bañándome en las aguas termales de un baleario de lujo como ese.

A pesar de coincidir con el otoño bien avanzado, en esas fechas en las que puede sorprenderte el mal tiempo, el plan de mi marido era ir y volver en el mismo día, a riesgo de tener malas condiciones por la carretera. Las entradas incluían la posibilidad de disfrutar  las instalaciones todo el día, y nuestra intención era aprovecharlas al máximo.

Mi marido sabe de mi debilidad por los centros de spa y masajes más asequibles para nuestro bolsillo, así que agradecí enormemente su regalo y su esfuerzo, a sabiendas de que a él no le acaban de gustar mucho este tipo de sitios.

Por eso cuando llegó el día decidí dedicarle algo de tiempo a mi cuerpo. Quería que me viese espectacular en la celebración de nuestro aniversario. Días antes me compré un bikini nuevo, que sin llegar a ser vulgar era bastante sugerente, desde luego me sentí estupenda cuando me lo probé en la tienda. Se trataba de un bikini negro de esos con finas cuerdas laterales que se anudan a los lados. La braguita era bastante escueta, sobretodo en la parte posterior donde me dejaba al descubierto media nalga, y el top apenas un par de triangulitos.  Sabía que mi marido disfrutaría de verme todo el día con él, se pondría algo “burrón”, como él mismo me decía cuando le provocaba tremendas erecciones.


Además de mi marido, supongo que otros hombres agradecerían verme con él puesto y me dedicarían alguna que otra mirada lasciva. He de reconocer que me gusta sentirme deseada y provocar el que otros hombres se fijen en mí.

Para colmo este tipo de sitios siempre me lo he imaginado lleno de abuelos y gente de avanzada edad, y he de confesar que siempre he tenido cierta debilidad por los maduritos. Tienen un no sé qué que me pone muchísimo, vosotras chicas ya me entendéis y sabéis a lo que me refiero. Con suerte mi marido tal vez se diese cuenta y se encelaba, y así tal vez terminásemos como es debido y con una alegría nuestro día tan especial. Yo por mi parte al menos me llevaría a la cama el recuerdo de los ojos de algún abuelete devorándome con la vista.

Por supuesto me hice la manicura, a mi marido le encanta que me pinte las uñas de rojo, así que me pinté no sólo las uñas de las manos sino también las de los píes de su color preferido. Maquillaje resistente al agua, peluquería el día de antes, cremitas para mimar cada zona de mi cuerpo, y un pequeño detalle… mi pubis. Hacía tiempo que no me lo rasuraba, y como sé de sobra que es algo que siempre le gusta a mi marido, decidí corresponderle.

Para los que no me conocen decir que me llamo Sara, tengo treinta y un años, y estoy casada desde hace unos cuantos años con mi marido. Le quiero muchísimo, es buen esposo y el mejor padre de mi hijo, solo que a veces….

El caso es que ese día quería sentirme como una auténtica diva. Tenía ganas de sentirme como la princesa de un cuento de hadas. Además no sé porque me levanté un poco juguetona a pesar de que tuvimos que madrugar  para llegar a media mañana al balneario.

Por eso escogí un vestido de tirantes bastante escotado, que sin llegar a ser un vestido de noche era bastante elegante, terminaba en una falda a medio muslo con cierto vuelo. Elegí un sujetador negro de encaje y transparencias a juego con el tanga, y para provocar aún más a mi marido, decidí ponerme unas medias sujetas por liguero en vez de los habituales pantis. Unos zapatos de tacón a juego completaban mi vestuario para lucir en la recepción y hall del balneario a mí llegada. Le insinúe a mi marido que se pusiera algún traje y fuese elegante, aunque si quería le dejaba que no se pusiese corbata, el caso es que no desentonásemos con la gente que seguramente estaría alojada en el hotel de cinco estrellas. Menos mal que captó mis ideas y hasta limpió el coche.

Ya en el camino de ida y conforme entraba la mañana, dejé a propósito que la falda del vestido se remangase lo suficiente en mi asiento de acompañante como para que mi marido pudiera apreciar desde el asiento del conductor el final de mis medias. Llevábamos ya un tiempo sin tener relaciones, debido en gran parte a la falta de intimidad en nuestra casa. Como ese día lo arreglamos todo para dejar a nuestro hijo con los abuelos, de alguna forma quería dejarle entrever a mi marido que me encontraba especialmente predispuesta a hacer el amor con él.  

 .-“¿Y esto?” preguntó sorprendido al ver el final de mis medias sujetas por la pinza del liguero mientras posaba su mano en mi rodilla más cercana al cambio de marchas mientras conducía.

.-“Ya veo que te has fijado. Me he hecho las uñas” dije con voz de niña mala mientras le mostraba mi manicura francesa con su tono rojo preferido, y tratando de evitar intencionadamente hacer referencia a mis medias.

.-“Caray, nena. Empiezo a no arrepentirme de haber pagado una pasta por esta tontería de caprichos tuyos” pronunció al tiempo que deslizaba su mano por mi pierna hasta alcanzar la zona de mis muslos al final de las medias donde la piel se desnuda. Yo le facilité la maniobra abriendo mis piernas.

Le gustó entretenerse en acariciarme en esa parte de mi cuerpo entre el final de la media y el comienzo de la tela de mi tanguita.

.-“¿Te gusta?” le pregunté al tiempo que separaba las piernas incitándole a que continuase con sus caricias.

.-“Uhm, uhm” dos cortos gemidos al tiempo que movía la cabeza afirmativamente me hicieron saber que estaba logrando lo que pretendía.
.-“Pues aún tengo más sorpresas guardadas para ti” le dije poniendo carita de traviesa al tiempo que me chupaba un dedo maliciosamente.

.-“¿Y qué es?” preguntó mi marido totalmente excitado ante el panorama que se le ofrecía.

.-“¿No te has dado cuenta?” le dije aprisionando su mano entre mis muslos.

.-“No ¿de qué?” respondió poniendo cara de bobalicón. No sé porque al ver su cara no quise decirle que me había rasurado el pubis para él y preferí guardar el pequeño secreto.

.-“La crema de las piernas, ¿no te has dado cuenta? Es nueva, ¿no tengo la piel más suave?”  Le dije observando su reacción.

Antes de que me respondiese, el pitido de un camión proveniente en sentido contrario nos alertó de que estábamos invadiendo levemente su carril. Mi marido reaccionó sujetando el volante con las dos manos, y yo decidí que debía posponer mis jueguecitos para más tarde. Ambos intercambiamos pícaras miraditas durante el trayecto, sabiendo que esa noche al llegar a nuestra casa daríamos rienda suelta a nuestra imaginación.

Al fin llegamos al balneario. Ya en la puerta mi marido tuvo que dejar las llaves en el coche para que un aparcacoches lo retirase, mientras otro empleado del hotel nos ayudaba con las bolsas del maletero. El trato y la atención eran mejor de lo esperado, incluso cuando en recepción mi marido tuvo que enseñar el bono de la oferta y la reserva correspondiente, momento en el que reconozco que pasé cierta vergüenza a pesar de ir acordemente vestidos. Desde luego era todo lujo y esplendor.

Una de las chicas de recepción nos acompañó hasta la zona termal, donde muy educadamente nos explicó las normas de uso y las instalaciones. Entre otros detalles no hacía falta que hubiésemos traído toallas de casa, el balneario ponía a disposición de los clientes  cuantas toallas fuesen necesarias para nuestro uso, así como un par de albornoces con su logotipo.

Ya en el vestuario se apreciaban los detalles de categoría. Mármol y materiales caros. Taquillas electrónicas cifradas por contraseñas, nada de molestas pulseras con llave ni cosas por el estilo. Todos los grifos se accionaban mediante sensores de presencia. Además, en cada taquilla había una pequeña selección de muestras con jabones y fragancias del balneario. En fin, un montón de detalles que lograban que te sintieses cuidada, mimada y  realmente bien.    

En el vestuario femenino apenas estaba yo sola, junto con otras dos abuelas de avanzada edad, que me miraron de reojo cuando me probé el bikini frente a uno de los espejos. Incluso pude apreciar a través del espejo como murmuraban entre ellas de mi bikini, seguramente envidiando mi juventud o la reacción de sus maridos.

Cuando salí a la zona de baño mi marido ya estaba esperándome. Ambos llevábamos el albornoz puesto. Se trataba de una gran piscina, más que olímpica diría yo, con diferentes chorros de agua, muchas burbujas emergiendo, algún jacuzzi en sus esquinas, tumbonas de piedra con efecto calor por los alrededores, y diferentes duchas en las paredes que rodeaban el recinto.

Conté apenas una docena de personas, muy pocas para las dimensiones de la piscina. A bote pronto unas ocho mujeres y cuatro hombres. De lo que si estoy segura es de que ninguno de los presentes tendría menos de ochenta años. Todos se quedaron mirando al vernos.

Cogí a mi marido del brazo y nos dirigimos hacia una de las escaleras que facilitaban la entrada al agua. Las escaleras de acceso eran grandes, y justo enfrente había unas perchas. Me quité el albornoz, y ahora sí que pude apreciar todas las miradas clavadas en mi cuerpo y mi bikini. Incluso las de mi marido que se quedó boquiabierto al verme tan espectacular.

.-“Joder, Sara, te sienta de maravilla ese bikini” dijo mi marido nada más verme.

.-“Gracias, ya te dije que tenía alguna sorpresilla reservada para ti” le respondí a mi marido mientras me metía poco a poco en el agua por las escaleras.

.-“¿Aún hay alguna sorpresa más?” preguntó curioso mi marido.

.-“Aún queda algo, tontín” le dije mientras le hacía indicaciones con el dedo desde dentro del agua para que me acompañase, y le dedicaba la más picarona de mis sonrisas.

Mi marido me siguió como un perrito faldero a todas partes, sobretodo caminaba y nadaba detrás mío para no perderse detalle de la parte al descubierto que dejaba la braguita del bikini en mi trasero.

Realizamos el circuito que sugería la piscina. Comenzamos bajo unos chorros de agua de poca presión, luego alguna burbuja que relajaba nuestros músculos, más chorros esta vez con más presión, y más baños de burbujas, hasta que terminamos lo que parecía el circuito de la gran piscina central.

Mi marido decidió hacer entonces un par de largos nadando, y yo opté por dirigirme mientras a uno de los jacuzzis anexos a la piscina. No me di cuenta de que había un par de abuelos hablando entre ellos dentro del jacuzzi al que me dirigí, pero he de reconocer que tampoco me importó.

Interrumpieron su conversación cuando me vieron entrar y claramente se quedaron observándome como me introducía dentro del agua. Me senté al otro lado justo enfrente de ellos. Vale que éramos la única pareja de jóvenes en todo el balneario, y vale que debía parecerles un caramelito en dulce, pero de verdad que me sentí algo incómoda con sus miradas, pues eran más descarados de lo que me esperaba en un principio. No dejaban de observarme, seguramente esperando algún descuido por mi parte.

Reconozco que aunque algo incómoda por sus atrevidas miradas, de alguna forma me resultaba agradable. Era lo que pretendía, ¿no? Decidí que lo mejor sería tratar de relajarme a pesar de sus insistentes miradas, así que apoyando los brazos a cada lado, recosté mi cabeza hacia atrás y cerré los ojos concentrándome en la agradable sensación que producían las burbujas en mi cuerpo. Por unos momentos traté de evadir mi mente de sus miradas y logré relajarme.

Desperté de mi ensoñación al notar la presencia de mi marido tratando de acomodarse en el jacuzzi a mi lado. Abrí los ojos para comprobar que los dos ancianitos continuaban observándome a pesar de la llegada de mi esposo. Estuvimos un rato los cuatro en el mismo vaso, frente a frente, mirándonos sin decir nada, hasta que la situación se volvió algo tensa y los dos octogenarios abandonaron el agua dejándonos a mi marido y a mí solos en el jacuzzi.

Nada más estar solos mi marido aprovechó para acariciarme la pierna más cercana a su posición. Por supuesto, su maniobra permanecía oculta a la vista de todos debido a las burbujas y la espuma del agua.

 .-“Pues sí cariño, está más suave. Me gusta esta crema” dijo con tono de fingido idiota, rompiendo el tenso silencio anterior al tiempo que acariciaba la parte más alta de mi pierna, muy cerca ya de la tela de la braguita del bikini.

Ambos nos reímos de su estúpido comentario. Sabía perfectamente que era una excusa barata para meterme mano bajo el agua, pero he de reconocer que debido a la tensión del momento anterior me hizo gracia. Yo dejé que me acariciara, estaba siendo discreto, aunque conociéndolo sabía que pronto intentaría algo más. Quise hablar relajadamente con él.

.-“¿Has visto los vestuarios?” le dije “tienen hasta una secadora para los bañadores.  Tienen pensados hasta el último de los detalles” le dije mientras le facilitaba que continuase acariciándome las piernas bajo las burbujas.

.-“A mí en cambio me han gustado los albornoces. Pienso llevarme uno” dijo mientras sus caricias se hacían algo más atrevidas ocultas por la espuma y las burbujas.

.-“Ten cuidado pueden vernos” traté de advertirle a mi esposo de que sus caricias bajo el agua comenzaban a hacerse evidentes.

Por suerte pude comprobar cómo algunos de los presentes anteriormente en la piscina central habían abandonado la estancia, y tan sólo quedaban unas cuatro personas además de nosotros.

.-“¿Has visto como te miraban ese par de abuelitos?” me susurró esta vez mi marido al oído, mientras su mano escalaba poco a poco por mis piernas hasta acercarse a rozar la tela de mi braguita del bikini.

.-“¿Pero qué tonterías dices?” le dije mientras disfrutaba de sus caricias y me dejaba llevar por la multitud de sensaciones agradables que salpicaban mi cuerpo. Estaba algo más relajada por la escasa presencia de gente en la zona de baño, y disfrutando porque todo estaba saliendo según lo planeado: había logrado sentirme deseada, y que mi marido se encelase. De seguir así, ya sabía yo el resultado de la noche.

.-“Seguro que esta noche no necesitan viagra” me susurró de nuevo al oído mi marido mientras continuaba con sus caricias bajo el agua.

.-“Mira que eres guarro” le dije haciéndome la ofendida por sus palabras.

Justo en ese momento una persona hizo acto de presencia en el otro extremo del jacuzzi. Ninguno de los dos lo vimos llegar. Seguramente nos sorprendió en nuestros jueguecitos bajo el agua y a pesar de todo quiso meterse en el jacuzzi.

Para mi desconcierto se trataba de un hombre mayor, aunque no tanto como los otros dos anteriores, en un principio calculé que entorno a los cincuenta y tantos años diría yo.

De ese instante tan solo recuerdo fugazmente el musculado cuerpo que lucía a pesar de la edad, aunque no pude fijarme del todo bien porque en seguida me llamó la atención el bañador que llevaba puesto, era de esos tipo slip que le marcaban un abultado paquete. Para mi estupor su mirada se cruzó con la mía justo en el momento en el que admiraba alucinada las dimensiones de su paquete. El tipo lo supo y se sonrió. Yo en cambio me puse colorada como un tomate. He de reconocer que marcaba un paquete impresionante, y que nunca había visto nada igual a pesar de la edad del tipo que lo lucía. Además no estaba nada mal de cuerpo.
Mi marido me hizo un comentario al oído que apenas logré entender, mientras el tipo se acomodaba dentro del agua justo enfrente nuestro. No presté la más mínima atención a las palabras de mi esposo porque todos mis sentidos se centraban en la presencia del nuevo compañero de jacuzzi. No podía evitar fijarme en su cara sobresaliendo del agua, me correspondía con la misma mirada atenta, aún sin ser del todo atractivo, era en cierto modo un tipo cautivador. Por alguna extraña razón atraía toda mi atención.

Recordé bajo las burbujas su cuerpo musculado en el que apenas podía advertirse la presencia de pelo, algo inusual en caballeros de su edad. Un pensamiento abordó mi mente:

.-“¿Se depilaría a sus años?” pensé “¿y para qué quería depilarse un hombre de su edad?” me preguntaba mientras continuaba  mirándolo aturdida por su presencia.

Sé que mi marido continuaba susurrándome cosas al oído mientras insistía en sus caricias bajo el agua. Yo apenas podía prestarle atención a mí esposo debido a mi estado de semi shock. Solo podía mirar y mirar al nuevo inquilino del jacuzzi como hipnotizada. Juro que nunca había sentido algo parecido.

En un atisbo de lucidez llegué a deducir el porqué de mi inexplicable reacción ante su presencia. Tenía más que cierto parecido razonable a Paul Newman, y lo siento chicas, pero siempre he tenido cierta debilidad por Paul Newman, pienso que es un caballero, extremadamente seductor, y que cada día gana más con la edad y la experiencia. Así que supongo idealicé al hombre que tenía en frente con el actor de mis sueños.
Volví a la realidad cuando el torso de la mano de mi esposo se posó en mi entrepierna aunque por encima de la tela de mi bikini. Traté de retirarle la mano disimuladamente, pero mi marido insistió. Y de nuevo traté de hacerle desistir en sus caricias tan osadas apartándole la mano. Así varias veces, hasta que llegó a producirse cierto forcejeo disimulado bajo el agua entre mi marido y yo.

El tipo de enfrente se sonrió maliciosamente como adivinando lo que ocurría bajo las burbujas. Pero en vez de retirarse como hicieron sus antecesores en el puesto, este parecía disfrutar con la situación. Sus ojos no perdían los míos de vista.

.-“Seguro que lo has puesto como una moto al abuelete con tu modelito de bikini. No te quita ojo de encima” me susurró de nuevo mi esposo al oído esta vez tapándose la boca con una mano como un niño de colegio. Fueron las primeras palabras que logré entender de mi esposo en todo este tiempo.

.-“Si tú supieras” pensé para mis adentros mientras intercambiaba miraditas con mi Paul Newman particular, pero en cambio le pregunté a mi esposo “¿Tú crees?”.

.-“Estoy completamente seguro de que se la estamos poniendo dura” me susurró de nuevo mientras trataba de hacerse camino con uno de sus dedos entre la tela de mi bikini.

.-“¿A quién?” le susurré a mi marido sin apartar la vista del tipo que tenía enfrente “¿A ti o a él?” terminé por decir.

Me di cuenta entonces de que estaba extrañamente cachonda. No sabría decir si mi estado era a causa de mi marido, de la situación, del tipo que tenía enfrente, o de ambos a la vez.

“O de ambos” esas palabras resonaron en mi mente. “O de ambos. ¿Habría logrado excitarme el tipo de enfrente?” me preguntaba en mi interior. El caso es que hasta mi respiración se notaba agitada a pesar de que trataba de disimularlo. Las palabras de mi esposo terminaron por animarme a cometer una locura.

.-“¿Te imaginas como le habrás puesto el rabo al abuelete?” susurró mi marido tapándose la boca de nuevo.
Una chispa saltó en mi cerebro al escuchar sus palabras:

“Con semejante paquete como marcaba, seguro que tiene una polla enorme” pensé, y traté de cerrar los ojos e imaginarme cómo podría ser.

Alentada por las palabras de mi esposo y con mi estado de predisposición jugué a imaginarme cómo sería la polla de aquel tipo que tenía justo enfrente de mí en el jacuzzi.

Me la imaginé de grandes proporciones, gruesa, dura, inhiesta, con toda seguridad debería superarle el ombligo en su máximo esplendor. Me imaginé sus venas rodeándola, bien descapullada, de punta gordita y de color morado en contraste con el resto de su envergadura. Unas pelotas como puños, y una mata de pelo canosa decorando semejante falo. Seguramente no podría rodearla entre mi pulgar y mi índice si pudiera proceder a masturbarlo, y ni tan siquiera podría atraparlo con mis dos manos.

Uuuhmm, creo que me estaba poniendo supercachonda de imaginármelo. Sobre todo al visualizar semejante falo decorado con una mata gris de pelo canoso a su alrededor. Abrí los ojos despertando de mis pensamientos para contemplar la realidad. Todo seguía igual. El tipo de enfrente sin apartarme la vista, y mi marido acariciándome por debajo del agua oculto por las burbujas.

Quise cometer una locura y acariciar la polla de mi marido mientras miraba a los ojos de aquel tipo que tenía justo enfrente y que no me apartaba la vista de encima, como si pudiera adivinar todo lo que estaba pasando bajo el agua entre mi marido y yo.

Mi esposo me miró sorprendido cuando traté de deshacerle torpemente el nudo de su bañador con mi mano.

.-“Necesito tocarte” le susurré esta vez  entre gemidos a mi esposo presa de la excitación. Mi marido me ayudó en la maniobra y se deshizo del nudo de su traje de baño, permitiendo que mi mano lograse agarrar su miembro erecto bajo la tela de su bañador. Por supuesto siempre ocultos bajo las burbujas y la espuma del agua.

.-“¿Te gusta?” le pregunté de nuevo en un susurro a mi marido mientras no dejaba de mirar al tipo que teníamos en frente. Mi marido me lo dijo todo con su mirada. Dejó de acariciarme para centrarse en su propio placer. Yo quise agarrarlo mejor e incluso llegué a sacar su miembro por fuera del bañador.

.-“¿Crees que se dará cuenta?” le pregunté al oído de mi esposo mientras le restregaba mis pechos por su hombro, y le acariciaba el miembro por debajo del agua arriba y abajo sin apenas obstáculo.

.-“No sé” respondió mi marido tratando de contener el placer que mi mano le proporcionaba.

 .-“Seguro que se lo imagina” le susurré de nuevo en la oreja, al tiempo que le daba un par de besos en el hombro a mi esposo para disimular en nuestra conversación y continuaba masturbándolo bajo el agua.

.-“Desde luego no te quita ojo de encima” me dijo mi marido al tiempo que me besaba él también por el cuello. Ambos tratábamos que nuestro compañero de jacuzzi no nos escuchase, aunque no teníamos la más mínima certeza de que fuera así, y puede que eso calentase aún más la situación.

.-“¿Y eso te gusta?” le pregunté a mi marido provocativamente mientras me dejaba besar por el cuello y el lóbulo de mi oreja. Mi marido permaneció un tiempo callado ante mi pregunta. Su silencio dio lugar a que interpretarse que la respuesta era afirmativa, aunque en esos momentos no fuese lo suficientemente valiente como admitirlo. Quise insistir ante su mutismo.

.-“Aún no me has respondido, ¿acaso te gusta que miren a tu mujercita?” le pregunté con voz sensual y tratando de arrancar un sí de sus labios. En cierto modo era como si necesitase de su aprobación para lucirme descaradamente ante el quórum de viejecitos que poblaban el balneario.

Aceleré el ritmo de mi mano subiendo y bajando a lo largo de su miembro. Pero no obtuve respuesta a mi pregunta. Tan sólo pude contemplar y advertir con cierto estupor, como era ahora mi marido quien intercambiaba miradas con nuestro acompañante mientras se concentraba en el placer que yo le estaba proporcionando bajo el agua. Desde luego hizo evidente mi maniobra bajo el agua dada su cara de bobalicón.

La situación me resultó indignante: ¿En qué estaba pensando mi marido? Por un instante me pareció que trataba de decirle con la mirada a nuestro acompañante: “Tío, me está haciendo una paja de campeonato”. Como si yo fuera una cualquiera o algo así. Lo que es seguro es que su mirada para con aquel tipo no me dejaba en buen lugar. Era como si de repente mi marido hubiese roto el pacto no escrito entre ambos de disimular nuestro particular jueguecito bajo el agua, y lo hubiese evidenciado aún con su silencio, pero con esa mirada y esa sonrisa en su cara. Además… ¿por qué no había respondido a mi pregunta? Me sentí completamente indignada por su actitud, y decidí darle una lección.

.-“Siempre tienes que fastidiarla” le dije al tiempo que me incorporaba, me ponía en píe en medio de aquellos dos hombres y abandonaba el jacuzzi, dejando a mi marido con su miembro fuera del bañador y totalmente empalmado.

Supe que no se atrevería a seguirme hasta que se le pasase la erección. Así que disponía de un tiempo para mí, y me dediqué a investigar el resto de salas del balneario. Me adentré por un pasillo que parecía el inicio del recorrido termal, y que daba a otras estancias, entre ellas varias duchas de agua fría, duchas escocesas, zonas de agua helada que alternaban con agua caliente, y cosas por el estilo.

A cierta altura del recorrido había un par de cabinas con tumbonas de piedra caliente y baño sirocco, y  justo enfrente una pared con varias duchas. Decidí meterme en una de las cabinas envuelta alrededor de una toalla que había a disposición de los clientes en una pila a la entrada. Por suerte estaba sola y pude relajarme del momento de tensión anterior, cerré los ojos y abandoné mi mente en blanco.

Al poco tiempo entró mi marido.

.-“Joder, ¡que cabrona eres!, me has dejado empalmao como un burro” dijo nada más cerrar la puerta tras de sí.

 “Lo que faltaba”, pensé para mí. Sus palabras me parecieron una falta total de respeto. Esperaba una disculpa por su parte y me encuentro con que sólo es capaz de pensar en él. ¡Sería egoísta el muy cretino! Puse cara seria y de pocos amigos.

.-“Caray tía, no hay quien te entienda” dijo tratando de tumbarse a mi lado buscando mi condescendencia. 

Yo en cambio me incorporé al tiempo que el tomaba asiento y abandoné la cabina enfurecida. El muy imbécil no había sido capaz de disculparse. Ni tan siquiera mostraba signos de arrepentimiento por lo que había hecho.

Debía saber que cuando una mujer dice que no, es que no, salvo que sea que sí pero diga que no, por no decir sí. Para que sea sí aunque no lo diga, y diga no. ¿Está claro no chicas? Sé que vosotras me entendéis.
En la sala siguiente por el recorrido pude leer un cartel que ponía “baños turcos”. No dudé en adentrarme. Todavía llevaba la toalla enrollada en mi cuerpo. Para mi sorpresa era una sala bastante grande de forma redonda, con una bancada circular para sentarse contra la pared, y una bancada central en medio. 

Semejante a una señal de dirección prohibida. Pero sobretodo me llamó la atención la densa niebla de vapor de agua que impedía la visibilidad más allá de un metro de la vista.

Pude apreciar un par de figuras humanas justo enfrente de la puerta de acceso, y otro par de personas a la derecha de la entrada, por lo que decidí dirigirme a la zona de la izquierda, algo más solitaria.

Recuerdo que tensé de nuevo mi toalla alrededor de mi cuerpo, esta me cubría  desde los pechos todo el cuerpo hasta la braguita del bikini, aunque un poco justita a decir verdad. Al poco tiempo pude apreciar entre la niebla de vapor de agua, la figura de mi esposo adentrándose en la sala. Torpemente se dirigió hacia la derecha y a poco se sienta junto a las personas que allí estaban.

“Pero mira que es patoso” pensaba mientras lo veía moverse con dificultad entre la neblina del vapor de agua. He de reconocer que arrancó cierta sonrisa de mi cara debido a su ineptitud.  Luego pude ver como daba la vuelta al ruedo hasta localizarme cuando apenas estaba a medio metro mío.

.-“Ah, ¿estás aquí?” pronunció en un semisusurro al tiempo que se sentaba a mi lado como si no pasase nada. Yo permanecí callada sin dirigirle la mirada.

.-“Lo siento” dijo poniendo carita de perrito abandonado. Yo no tenía muy claro que él mismo supiera porque estaba pidiendo perdón, pero sus disculpas eran un buen comienzo.

.-“¿Se puede saber que te ocurre?” me preguntó con carita de niño bueno. Mis temores se hicieron realidad, no tenía ni idea del porqué me había enfadado.

.-“Eres un imbécil. Me has delatado” le dije fingiendo cierto enfado a media voz.

.-“¿Yo?” preguntó totalmente asombrado por mi respuesta.”¿Pero qué he hecho?” susurró tratando de no levantar la voz y que se nos escuchase.

.-“Me has descubierto ante el tipo del jacuzzi” le respondí airada aunque todavía a media voz.

.-“Pero si yo no he hecho nada” respondió tratando de defenderse de mis acusaciones.

.-“¿Estás seguro?” traté de hurgar en su conciencia y derrumbar sus convicciones.

.-“De verdad que no lo entiendo” dijo encogiéndose de hombros.

.-“Yo sí que no te entiendo. Tenías que evidenciarle a ese tío que estábamos metiéndonos mano bajo el agua. No podías disimularlo mejor, no. Tenías que hacerte el machito ¿no?, aunque sea a costa mía. ¿Qué crees que habrá pensado ese hombre de mí? ¿Te parecerá bonito? Se puede saber  qué coño pretendías cuando pusiste esa cara de satisfacción superfingida ante aquel tipo.” Concluí sin apenas tomar aliento mostrando signos de mi enfado.

Un silencio se produjo entre ambos al finalizar mi discurso. Se prolongó y se prolongó hasta que mi marido en voz tenue dijo:

.-“Lo siento, puede que tengas razón. Tal vez deba admitir que me gusta que te miren otros hombres” pronunció como avergonzado.

.-“No entiendo” le dije yo ahora con cara de asombro ante su respuesta “a mí no me gustaría que te mirasen otras mujeres de esa manera tan descarada”.

.-“Lo sé…, tienes razón…, debería partirles la cara por mirarte así, pero en cambio yo… no sé cómo explicarlo…, te veo preciosa…, y es como si me gustase provocar la envidia en los demás, cómo una tía tan buena como tú está con un tipo como yo, ¿no sé si me he explicado?” musitó entrecortadamente con cierto pudor en sus palabras.

Reconozco que no entendí nada de lo que quería decirme, pero sus palabras me parecieron sinceras, y eso era suficiente para mí en esos momentos.

.-“Dame un beso, tontín” dije aproximando sus labios a los míos, y ambos nos fundimos en un apasionado beso cómo hacía tiempo no sentía de su boca.

Me gustó. Su beso despertó en mí sensaciones olvidadas. Hacía tiempo que mi marido y yo no nos besábamos en la boca. Últimamente apenas intercambiábamos un pico, siempre sometidos ante la presencia de nuestro hijo o de algún familiar. Siempre tratando de ser correctos.

Fue mi marido quien a los pocos segundos separó nuestras bocas. Seguramente temeroso de llamar la atención.

Quise besarle otra vez de seguido, las sensaciones placenteras que me produjo con ese primer beso me supieron a poco. Mi esposo enseguida quiso detenerse de nuevo, y esta vez fui yo la que quiso prolongar el beso sujetándolo por el cuello.

Por suerte adivinó mis intenciones y jugueteó con su lengua en el interior de mi boca. Como cuando éramos novios. El beso se prolongó durante unos pocos minutos. Cuando nuestras bocas se separaron tras este beso ambos nos miramos a los ojos dando por firmada la tregua, ambos queríamos recuperar nuestro día tan especial.

Esta vez fue él quien quiso besarme de nuevo. He de reconocer que me excitó el sabor salado por el sudor de sus labios. Me recodaban los primeros tiempos de novios en que nos besábamos por los pubs y discotecas tras bailar durante largo rato. Recordé que en aquel tiempo nos besábamos sin pudor en cada rincón de cualquier bar, en las calles, en los portales de camino a casa, entonces era cómo si tuviésemos que demostrar al mundo entero nuestro amor, y en cambio de un tiempo a esta parte era todo lo contrario.

“¿Por qué?” me pregunté mientras nos besábamos. Mi marido debió percatarse de que algo me rondaba la cabeza.

.-“¿En qué estás pensando?” me preguntó mi marido.

.-“Te parecerá una tontería, pero…recuerdas aquella madrugada en que volvíamos de fiesta y te abalanzaste sobre mí para besarme contra el capó de un coche, me metiste mano subiéndome incluso el vestido en medio de la calle, y creyendo que no pasaba nadie por esa calle nos sorprendió una pareja de ancianos…” mi marido me interrumpió antes de que pudiera terminar.

.-“¡Cómo no me voy a acordar!” dijo evidenciando que el también guardaba esa noche en la memoria a pesar de ir algo bebidos los dos.

.-“¿Cómo dijo aquel tipo?” le pregunté a mi esposo tratando de hacer memoria.

.-“Si fuesen mis hijos les ostiaba aquí mismo. Menudo espectáculo están dando. O algo por el estilo creo que dijo” respondió mi marido.

Ambos nos echamos a reír al recordar el momento. Yo me recuperaba de la risa cuando mi marido pronunció:

.-“Ven” dijo haciéndome señas para que me sentase en su regazo.

.-“Que haces, nos van a ver” dije incorporándome y sentándome en sus piernas haciéndole caso.
Antes de que pudiera reaccionar mi marido me abrazó apasionadamente y me beso en la boca. Su lengua recorrió cada rincón de mi boca. Esta vez me costó mantener la respiración y fui yo misma la que interrumpió el beso.

.-“Tenía ganas de besarte como es debido” dijo antes de volver a besarme de nuevo.

A mí no me hacía mucha gracia que me besase sentada sobre sus rodillas, seguramente otros usuarios nos estarían viendo, al menos la postura debía adivinarse entre la densa niebla de agua, pero sus palabras lisonjeras adularon mis oídos y me dejé besar sentada en su regazo.

.-“Sabes, siempre me has gustado mucho” interrumpió el beso para susurrarme al oído.

.-“Eres un embustero” le dije rodeándolo con mis brazos por su cuello.

.-“Eres preciosa” dijo al tiempo que comenzaba a darme besitos por el cuello.

Mi marido sabía perfectamente que me vuelve loca que me besen alrededor del cuello.

.-“Mira que eres adulador” le susurré yo.

.-“Tienes unas piernas preciosas” me dijo al tiempo que comenzaba a acariciarlas en las rodillas. Yo sabía perfectamente de sus intenciones.

.-“Y muy suaves por cierto” pronunció con falso tono tratando de hacerme reír.

Realmente lo consiguió. Su comentario al hilo de las cremas me sonsacó una sonrisa. Él mientras aprovechó para deslizar su mano entre mis piernas por debajo de la toalla, muy cerca ya de la tela de mi braguita.

De alguna manera me hizo gracia su táctica para meterme mano y le deje hacer. Es más, fui yo misma quien quise besarlo en la boca mientras sentía su mano acariciando mis muslos. Al mostrar mi aceptación mi esposo se atrevió a dar un paso más y la mano que antes me abrazaba por la espalda se deslizó hasta acariciar mi culo por encima de la toalla.

.-“Eres un sinvergüenza, no me tienes ninguna consideración” le dije al tiempo que le facilitaba sus maniobras abriéndome de piernas, dando mi aceptación a sus caricias, aunque negándolo con mis palabras.

.-“No sé lo que hago cariño, me vuelves loco” pronunciaba al tiempo que me besaba de nuevo por el cuello.
.-“Me haces perder la razón” me decía al mismo tiempo que aprisionaba el lóbulo de mi oreja entre sus labios y me metía mano por delante y por detrás.

No sé cuánto tiempo estuvimos así. Sólo sé que me besaba y me acariciaba por todas partes hasta que de repente, la yema de los dedos de la mano que tenía entre mis piernas, alcanzaron a rozarse con la tela de mi braguita del bikini. Un escalofrió recorrió mi cuerpo. Hacía tiempo que no me acariciaba en esa zona.
No pude evitar gemir al notar su contacto. Menos mal que mis sonidos se vieron ahogados en su boca. Mi marido al tragarse mis gemiditos se atrevió a deslizar su mano entre mis piernas hasta alcanzar sin pudor la tela que cubría mis intimidades.

.-“Uhhm” otro tímido gemido se escapó de mi boca al notar su contacto con la parte central de la tela de mi bikini. Había olvidado lo placentero que resulta que te acaricien en esa zona. Sabía que debía parar esas caricias o de lo contrario no respondería de mis actos.

Mi marido se concentró en acariciarme por debajo de la toalla. Observaba triunfador mi rostro lleno de dudas, se regocijaba en mis muecas de placer a la vez que me presionaba magistralmente mí zona más íntima entre su pulgar y su índice.

Con el pulgar estimulaba mi clítoris aún por encima de la tela del bikini, y con el dedo índice separaba mis labios vaginales como si pretendiese penetrarme a través de la braguita. Me volvía loca.

.-“Para, me estas poniendo muy cachonda” le dije tratando de detener aquella locura.

.-“Pues anda que tú a mi” dijo acomodándome sobre su regazo, mejor dicho, acomodando mi culo sobre su miembro, que podía comprobar duro y erecto incluso bajo las toallas y nuestros bañadores.

Debí poner los ojos en blanco al comprobar su estado. El debió fijarse en mi rostro mezcla de sorpresa y placer, y se sirvió para hacer a un lado la tela de la braguita de mi bikini. Estaban claras sus intenciones.

.-“No” musité de entre mis labios cerrando los ojos totalmente entregada a sus maniobras. De nuevo negaba lo que mi cuerpo evidenciaba, pues comenzaba a describir pequeños círculos con mis caderas presa de la excitación.

.-“Deja que te acaricie” me suplicó tratando de avanzar en sus caricias.

.-“No” pronuncié tímidamente, al tiempo que comprobaba como su dedo índice se abría paso entre mis labios vaginales. Para mi desgracia estaba mucho más lubricada y húmeda de lo que pensaba. No le costó apenas esfuerzo penetrarme con el dedo.

Inevitablemente yo moví levemente mi culo adelante y atrás. Ente otras cosas temerosa de que por la sequedad pudiera lastimarme. Pero no era así, cada centímetro que su dedo avanzaba en mi interior, descubría para mi sorpresa que estaba totalmente humedecida.

Abrí los ojos alertada por el ruido de la puerta, los tipos del lado derecho abandonaban la estancia. La densidad del vapor había disminuido y todo era más nítido en la sala. Por primera vez en mucho rato pude ver lo que sucedía a mi alrededor, y para mi sorpresa contemplé como el tipo que se daba un cierto parecido a Paul Newman, y que antes nos acompañó en el jacuzzi, nos observaba desde la bancada central. Estaba claro que llevaba un tiempo observándonos. Miré a mi marido tratando de averiguar si él también lo había visto, pero pude comprobar que tenía los ojos cerrados concentrado en sus caricias.

Recuerdo perfectamente que un segundo dedo de mi marido se abría paso entre mis intimidades cuando mi mirada se cruzó con la de aquel tipo. Incluso llegué a gemir mientras los ojos de aquel desconocido se clavaban en los míos entre la neblina. Seguramente pudo apreciar en la distancia mis labios entreabiertos afligidos por el placer que me daba mi marido.

Aquel hombre maduro y seguramente experto en estos menesteres, debía saber de nuestras fechorías bajo la toalla. Era imposible que no se diese cuenta. Y sin embargo allí estaba yo, dejándome manosear en lo más íntimo de mi ser por mi marido a la vista de aquel desconocido. Debía reaccionar, decidí hacérselo saber a mi marido.

.-“Un tipo nos está viendo” le dije aferrándome a su cuello como si me fuese la vida en ello.

.-“Lo sé” pronunció mi marido mientras continuaba en sus caricias.

.-“¿Lo sabías?” pregunté asombrada enroscada a su cuello próxima a mi orgasmo.

.-“Lleva ya un tiempo observándonos” dijo mi marido antes de sellarme la boca con un beso tratando de que ahogase mis gemidos en su garganta.

Yo puse cara de asombro al escuchar su respuesta. Parte de la excitación se fue al garete.

.-“¿Sabes que me está viendo y no te importa?” le dije algo más seca y perdiendo todo entusiasmo por el momento.

.-“No solo no me importa, sino que me gusta” dijo mi marido mirándome esta vez a los ojos.

.-“Entonces ¿es que quieres que me vea?” le pregunté de nuevo asombrada

.-“Me pone saber que nos están viendo” me repitió mi esposo

.-“¿Eso te excita?” le pregunté.

.-“Sabes…” dijo a punto de hacer la confesión de su vida “lo que realmente me excita es imaginar que es otro hombre quien te acaricia y yo quien mira” pronunció totalmente fuera de sí.

.-“Tú estas chalao” le dije asombrada por su palabras.

.-“Tal vez no es el mejor momento, pero tengo que confesarte una cosa…, en las noches que estoy fuera de casa me imagino que es otro hombre quien te acaricia, y te toca. Sueño mucho con ello. No sé porqué pero me gusta, me excita. Lo sé, no tiene explicación, pero es mi fantasía” dijo confesándose.

.-“De verdad que no me creo lo que estoy oyendo” le dije ya totalmente estupefacta.

.-“Oye, yo he cumplido tu deseo de venir a este sitio,  ahora correspóndeme al menos y cumple tu el mío” me dijo tratando de recuperar el punto perdido.

.-“¿Qué es lo que quieres? ¿Que ese tipo vea como se corre tu mujercita?” le pregunté extrañada por su petición.

.-“Si, ¡eso es!, eso es exactamente lo que quiero” me dijo como exigiéndomelo.

Yo lo miré a los ojos totalmente incrédula a lo que mi marido me estaba pidiendo. Pero en seguida encontré la solución.

Fingir, fingir como una bellaca.

Me abracé al cuello de mi marido y mordiéndole el lóbulo de la oreja le dije:

.-“No quiero que discutamos, mi amor” le susurré entre mordisquito y mordisquito “si es eso lo que quieres… haré lo que tú quieras, y que conste que lo hago por ti, pero nos discutamos cariño, hoy al menos no” le decía mientras le alternaba besos y caricias.

Mi marido creyéndose triunfador volvió a introducir su mano por debajo de la toalla. Apenas se anduvo con rodeos, fue directo al grano, apartó de nuevo a un lado la tela de la braguita del bikini sin disimulo, e introdujo directamente un par de dedos en mi coñito.

Al no estar lubricada me hizo daño en su penetración digital, pero agradecí que confundiera mi cara de dolor con placer, así pude fingir de manera más creíble.

.-“Oh si, los noto” le susurré al cuello con voz de cachonda, tratando de hacérselo creer.

.-“Joder Sara, que caliente estas” dijo mi marido al comprobar mi reacción.

”Será gilipollas el tío” pensé para mis adentros al escuchar su memez “no acierta una”, pero debía seguirle el juego.

.-“¿Nos mira?” le pregunté a mi esposo de espaldas a nuestro amigo abrazada a su cuello, a sabiendas de que él si lo estaba observando.

.-“Si” respondió mi marido al tiempo que aceleró el ritmo de sus dedos.

.-“Ay” chillé al verme lastimada por sus dedos, pero que mi marido debió confundir con un gemido de placer.

.-“Ya veo que te gusta ¿eh?” me dijo mi esposo. Yo pude comprobar cómo su polla daba un respingo debajo de nuestras toallas.

.-“Sabes…” le dije a mi esposo tratando de encelarlo “debo confesarte que tienes algo de razón, ese tipo me gusta, y quiero que vea como me haces disfrutar” le susurraba abrazada a su cuello.

.-“Lo sabía” me dijo “estaba seguro de que te gustaba, seguro que te dejarías acariciar por él, ¿eh?, seguro que te gustaría que fuese él quien estuviese en mi lugar” me susurraba él también.

“Pero que tonterías está diciendo este tío” en esos momentos pensé que no conocía bien a mi marido, me había tenido engañada todo este tiempo o que había pasado. Para mi sorpresa me tuve que comprobar que él estaba teniendo una erección como hacía tiempo no le recordaba. Estaba claro que la situación le excitaba. ¿Cómo podía excitarle que fuese otro hombre quien me tocase íntimamente? De verdad que no lo entendía, pero le seguí el juego.

.-“Ssiiih” le dije fingiendo un primer gemido de mi teatral orgasmo.

.-“¿Te gusta?” me preguntó mi esposo totalmente excitado acelerando el ritmo de sus dedos.

.-“Uhhm, uhmm” asentí mordiéndome los labios.

.-“Nos está mirando” me informó mi esposo como si eso me importase.

.-“Mejor, que mire” le dije al tiempo que fingía un nuevo gemido.

.-“Seguro que en cuanto pueda se hace un paja a tu salud” me dijo esta vez en plan grosero. No estaba por la labor de aguantar más estupideces y decidí acabar con esa pantomima.

.-“Siih, siiih, no pares de moverte ahora” le dije a mi esposo como cuando mis orgasmos son de verdad y clavándole mis uñas a su espalda tratando de simular un placer incontrolable.

.-“Sssih,sssssiiiii” terminé por fingir mi orgasmo con comedidos espasmos de mi cuerpo sobre su regazo.
En esos momentos me sentí la mujer más estúpida del mundo, y me moría de vergüenza de pensar que otro hombre me habría podido ver. Mi marido se encargó enseguida de ayudarme con mi estupor.

.-“Joder cariño, nunca te había visto tan cachonda” pronunció mi marido sacando sus dedos de mi lastimado coño, certificándome que había actuado correctamente.

.-“¿Y tú?” le pregunté, “tú sí que estas cachondo” le indiqué que me estaba dando cuenta de la tremenda erección que tenía bajo la toalla.

.-“Me tienes como un burro” dijo guiando mi mano hasta su bañador para que comprobase sin ningún miramiento lo dura que la tenía.

.-“¿A siiih?” le pregunté “pues a esto hay que ponerle remedio” le dije sobando su bulto por encima de las toallas. Mi marido me sonrió pensando que estaba dispuesta a hacerle una paja allí mismo, o yo que sé que se había pensado, pero levantándome y cogiéndolo de la mano le dije:

.-“Será, mejor que nos demos una ducha escocesa, así seguro que se te pasa” y dicho esto me dispuse a abandonar la sala.     

 No había tomado consciencia prácticamente hasta ese momento, que el tipo del jacuzzi había permanecido sentado en su bancada central observándolo todo, y creí morirme de vergüenza al pasar a su lado para abandonar el hamman.

Nada más salir de la sala de vapor, guié a mi marido hasta las duchas escocesas. El agua fría nos sentaría bien a los dos, o al menos eso creía.

Recorrimos varias duchas, las primeras frías, pero en las siguientes alternamos alguna fría con otras calientes. No dijimos nada durante este tiempo, había más gente en los pasillos y poco a poco se me fue pasando el enfado de hace un rato. Todo volvió a su ser hasta que llegamos a una zona en la que un cartel indicaba: “Rápidos”.

Parecía el transcurso de un río en forma circular con corriente artificial, y una sucesión de cuevas escavadas en la roca, a modo de descansillo. En total unas cuatro o cinco cavidades, no sabría precisar. Era más bien una zona de recreo que de aguas termales, algo de carácter lúdico. El caso es que estuvimos disfrutando un rato de estas corrientes de agua. Era divertido dejarse arrastrar por la corriente. Incluso costaba mantenerte a flote, a todo esto nos reíamos como niños.

En un principio creímos estar solos mi marido y yo, pues ese tipo de corrientes no debían gustar a los ancianos. Y el caso es que con las corrientes de agua, de vez en cuando  a mí se me salían los pechos de los escuetos triangulitos que debían ocultarlos, con tal mala suerte que en una de las ocasiones en las que busqué refugio en una de las cuevas laterales para descansar y acomodarme bien la tela de mi bikini, pude observar como el tipo del jacuzzi, el de cierto parecido a Paul Newman, me aguardaba expectante en uno de los descansillos. Me sorprendió  adecentándome el bikini, y me observaba atento a cualquier posible descuido por mi parte.

No le dije nada a mi marido, dimos alguna vuelta más al círculo de corriente, y después de jugar un rato me indicó que buscaba algo más tranquilo. Yo quise dar una última vuelta a los rápidos, y debo reconocer que me sorprendí a mi misma cuando busqué a través de movimientos forzados que se me saliese de nuevo uno de los pechos, para parar intencionadamente a recolocármelos en el mismo descansillo donde me esperaba mi voyeur preferido.

Me gustó exhibirme ante la atenta mirada de mi Paul Newman, yo misma me recreé en recolocar mis pechos, luciéndome descaradamente ante él. Nunca olvidaré el cruce de miradas que tuvo lugar en esos momentos. El tipo me devoraba con la vista, y a mí me gustaba sentirme devorada. Me gustó sentir sus ojos clavados en mi cuerpo, hasta que di por finalizado el espectáculo y sin decir nada marché dejándome arrastrar por la corriente.

El caso es que me dirigí con mi esposo hacia la sauna finlandesa. Yo cogí una de las toallas de la entrada para enroscarla alrededor de mi cuerpo, pero me llamó la atención que mi marido cogiese al menos tres toallas.

.-“¿Para qué quieres tantas toallas?” le pregunté a mi marido abriendo la puerta de la sauna. El se introdujo detrás de mí en el habitáculo.

.-“Quiero disfrutar de una sauna como es debido” dijo al tiempo que se enroscaba una toalla alrededor de su cintura y ante mi asombro se desprendía de su bañador extrayéndolo por debajo de la toalla.

Luego me mostró orgulloso su prenda de baño, y la escondió entre las capas de otra toalla nueva plegada, dejándola en uno de los bancos de la sauna, de tal forma que nadie podía saber que ni llevaba bañador debajo de la toalla que le cubría, ni de que su bañador estaba escondido entre la toalla plegada.

.-“Te recomiendo que hagas lo mismo” me dijo cediéndome la toalla plegada sobrante.

No logró entender muy bien por qué lo hice, tal vez porque eso sí era algo con lo que había imaginado alguna vez. Disfrutar de una buena sauna finlandesa completamente desnuda. Imitando a mi esposo me deshice de la braguita de mi bikini por la parte inferior de la toalla, e hice lo mismo con el top, me las ingenie para quitármelo por debajo de la toalla. Primero deslicé los tirantes de los hombros por debajo del nivel de la toalla, y luego me deshice del nudo de cuerdas a la espalda, desnudándome por completo bajo la toalla. Al igual que mi marido escondí el bikini en la toalla plegada. Posteriormente me acomodé en la parte más alta de uno de los bancos.

Mi marido tenía razón, la sensación de estar desnuda era mucho más agradable y placentera.

Mi esposo se situó en el otro de los laterales de la sauna, justo enfrente, pero en la bancada más baja. En esos momentos estábamos los dos solos en la cabina.

Fue él el primero en mostrarme con sus piernas abiertas bajo la toalla el estado semi eréctil de su miembro. 

Me miró con una cara de vicio que nunca le había visto. 

.-“¿Qué es lo que haces? Se te ve todo” le advertí.

.-“Igual que a ti” me dijo él señalando mi entrepierna y dándome a entender que desde su posición la tela de la toalla apenas daba para cubrirme mi zona más íntima.

.-“¿Y qué es lo que ves?” le pregunté a mi marido abriendo y cerrando mis piernas para que pudiera verme mejor.

.-“La sorpresa que me tenías preparada” me dijo acariciándose su miembro por encima la toalla como indicándome que lograba apreciar  mi pubis rasurado. Esta vez crucé mis piernas tratando de evitar que se pudiera ver algo, sobre todo pensando que podría entrar alguien.

.-“¿Por qué cruzas las piernas? Aún se te ve más” me informó mi esposo. Mis temores se hicieron realidad, pues al cruzar las piernas pude apreciar como la tela de la toalla aún tiraba más para arriba.

Opté por ponerme en píe, me deshice del nudo de la toalla a la altura de mis pechos abriendo la toalla de par en par, y desnudándome por completo ante la atenta mirada de mi marido que no dejaba de observar mi rasurado pubis. Luego me anude la toalla a la cintura, y me senté de nuevo en el banco. Una vez me acomodé de nuevo en mi posición mi marido me dijo:

.-“Bueno, ahora se te ven los pechos” dijo anunciando  lo evidente “podría entrar alguien” terminó por concluir.

.-“¿Y?” le pregunté “¿no querías que vieran a tu mujercita?” le contesté al tiempo que realzaba mis pechos para que pudiera apreciarlos en todo su esplendor.

.-“Acaso… ¿no te lo dije antes?, me encanta que enseñes tu cuerpo. Ojala esto sirva para que te animes a hacer top less en la playa, y cosas por el estilo, ¿pero qué harás si entra el hombre de antes?, por ejemplo” trató de ponerme nerviosa.

.-“¿No te lo he contado?” le respondí como no dando importancia a lo que iba a decirle a continuación para fastidiarlo.

.-“No, ¿el qué?” me preguntó él con cara de pasmarote.

.-“Antes, en la corriente de los rápidos, en la última vuelta cuando me estabas esperando a la salida se me salió el top del bikini…” dije dejando cierto suspense en mis palabras.

.-“¿Y?” preguntó ahora mi esposo impaciente por saber el desenlace.

.-“¿En serio quieres que te cuente lo que pasó?” le pregunté haciéndome de rogar.

.-“Estoy impaciente” dijo mi marido mostrándome una erección considerable por mis palabras.

.-“Bueno, el caso es que a poco pierdo el top entre la corriente y tuve que pararme en uno de los descansillos a anudármelo de nuevo. Tuve que quitármelo del todo para poder ponérmelo bien” le dije observando cómo su pene crecía por mis palabras.

De acuerdo, yo también lo estaba exagerando un poco, pero quería asegurarme de si a mi marido le excitaba que me viesen otros hombres.

.-“Ojala te hubiese visto alguien” me dijo animado por mis palabras.

 .-“Es que me vio” le dije sonriéndole maliciosamente y observando su reacción  de excitación.

.-“¡No!” pronunció con cara de alucinado.

.-“El tipo del jacuzzi” le dije mirándolo detenidamente.

.-“No me lo creo” me dijo conociéndome y sabiendo que me lo podía estar imaginando.

.-“Pues créetelo, y además no sólo le vio las tetas a tu querida mujercita, sino que también le pedí que me ayudase a anudarme el lazo a la espalda” le dije con una sonrisa maliciosa en mi cara.

.-“Eres una cabrona, me dices eso para burlarte de mí” dijo tratando de desmentir mi relato.

.-“¿No es eso lo que querías?, ¿Qué viesen y tocasen a tu mujercita?” lo provoqué abriéndome de piernas de tal forma que mi muslo asomó generosamente entre la abertura de la toalla.

De repente se abrió la puerta de la sauna. Todos nos quedamos como paralizados.

Yo porqué el nuevo acompañante no era otro sino nuestro Paul Newman particular. Mi marido por ver que entraba otro tipo en la sauna y me sorprendía con los pechos al aire y enseñando mi pierna generosamente. Y el tipo que entraba evidentemente por sorprenderme con los pechos desnudos.

Apenas transcurrió todo en un segundo que se me hizo eterno. Mientras el tipo permanecía en la puerta indeciso porque bancada tomar asiento, yo hice ademán de taparme los pechos. Mi mirada se cruzó con la de mi esposo, quien se relamía victorioso al comprobar por mi pudor, que todo cuanto le conté antes debía ser mentira, pues de lo contrario sabía que no haría esfuerzo por cubrirme.  

La magia del instante se vio interrumpida cuando  el tipo optó por sentarse en la bancada junto a mi esposo.
Estaba muerta de la vergüenza por mostrar ahora sí, mis pechos completamente desnudos ante la atenta mirada de nuestro nuevo acompañante, por muy parecido al Paul Newman que se diese. Era la primera vez en mi vida que otro hombre que no fuese mi marido me veía los pechos.

Mi marido me observaba expectante atento a mis movimientos, mi reacciones, como relamiéndose por la situación. Al fin se cumplía en parte su fantasía. “No te atreves” me decía con la mirada.

El otro tipo en cambio me miraba descaradamente todo el rato, sin ningún tipo de pudor o miramiento. Algo propio por otra parte en hombres de su edad. Para colmo me tuve que aguantar como me mantenía la mirada y se relamía a pesar de sorprenderlo mirándome a los pechos.

La tensión se podía cortar con un cuchillo. El ambiente estaba cargado entre los tres. Un silencio incómodo reinaba en la estancia hasta que mi marido cogió la toalla en la que estaban envueltas las dos partes mi bikini.
Yo abrí los dos ojos como platos y lo miré desconcertada por lo que estaba haciendo. El señor que se parecía a Paul Newman me miró aún con más lasciva si se puede, al comprobar que efectivamente estaba desnuda bajo la toalla.

Mi marido en cambio se puso a jugar con las prendas de mi bikini. Primero deshizo los nudos laterales de mi braguita, y luego intentó deshacer los del top, pero fingiendo que no podía desanudarlos, y ante la atenta mirada de los tres, se lo cedió al tipo que estaba sentado a su lado y le dijo:

.-“Tal vez pueda ayudarme a deshacer los nudos” dijo mi marido cediéndole la prenda al tipo “al fin y al cabo los a anudado usted” terminó por decirle. El tipo no entendió lo que le decía mi esposo pero aceptó el intento por tratar de desanudar mi top.

Yo no podía creer lo que acababa de escuchar, mi marido se había pasado de la raya. La mirada que le lancé a mi marido fue tajante, como diciéndole “te has pasado tres pueblos”. Pero el imbécil de mi esposo tan solo me devolvía la mirada desafiante, como diciendo “esto te pasa por mentirme”.

Mientras nuestro duelo de miradas transcurría en silencio, el tipo que se parecía a Paul Newman estuvo un tiempo entretenido en deshacer los nudos del top de mi bikini. Yo no sabría como describir la sensación de contemplar como un autentico desconocido manoseaba una prenda tan íntima. Miré a mi marido con desprecio durante todo este tiempo.

Una vez finalizó el tipo de deshacer los nudos de mi bikini, le cedió de nuevo la prenda a mi marido sin apenas decir nada, y este me la cedió a mí diciendo:

.-“Ya está cariño” me dijo mi esposo al tiempo que me devolvía el bikini.

Si hubiese podido lo hubiese matado allí mismo con la mirada. Recuerdo que apretujé las prendas en mis manos llena de rabia y consternación.

“Se ha pasado, se ha pasado tres pueblos y debo darle un escarmiento. Esto no puede quedar así. Me las pagará” pensaba mientras sopesaba que hacer con mi bikini.

Alcé la vista para tener un último cruce de miradas con mi esposo que terminó por encabritarme aún más. “¿Qué es lo que pretende? Quiere que me vean desnuda, pues se va a enterar” y encorajinada por mis pensamientos me sitúe en pie en medio de la sauna y de los dos hombres. Me puse mirando hacia mi marido, y quitándome la toalla y quedando completamente desnuda en la estancia le dije a mí esposo:

.-“Ten aguántame la toalla” pronuncié al tiempo que me desnudaba frente a frente con mi esposo y me ajustaba la braguita de mi bikini. Sé que a la vez que le mostraba mi desnudez a mi marido, le debía de estar dando una visión espectacular de mi culo al tipo de mi espalda.

La cara de mi marido lo dijo todo. Ahora era yo la que me sentía triunfante y me demoraba en anudar los lazos de la braguita en los laterales después del espectáculo que les estaba dando a aquellos dos hombres. Ahora era yo la que disfrutaba exhibiéndome. Una descarga de adrenalina recorrió mi cuerpo por la venas, era tan excitante, tan comprometedora la situación, tan… tan humillante para mi marido.

Cuando llegó el momento de anudarme los lazos del top me senté en medio de los dos hombres esta vez dándole la espalda a mi marido.

.-“Cariño, por favor ayúdame con el top” le dije al tiempo que aguantaba la mirada al tipo que tenía enfrente mirando embobado mis pechos, y al que aún se le caía la baba por haberme visto completamente desnuda aunque fuese de espaldas.

Una vez tuve el top anudado recogí mis toallas y abandoné la sala. Me dirigí de nuevo hacia la piscina central, necesitaba nadar.

Al tiempo acudió mi marido. Me pregunté porque le costó tanto tiempo acudir y recordé que él también estaba desnudo en la sauna. Lo vi llegar a lo lejos sonriente, como si no hubiese pasado nada malo. De verdad que no lo entendía, no lograba encajar sus reacciones después de tantos años de matrimonio. El caso es que yo estaba enfadada y él contento.

.-“Joder, cari, que pasada. Voy como una moto” me dijo al tiempo que se metía en el agua a mi lado. 
“Porqué no nos vamos ya a casa, tengo unas ganas locas por hacerte el amor. Nunca creí que fueses capaz de hacer todo esto por mí. Te debo una. ¿Movemos?” preguntó al tiempo que me daba un pico en señal de agradecimiento.

Yo de verdad que no salía de mi asombro, me acaba de desnudar delante de un desconocido y él estaba encantado de la vida. Estaba enojada por su comportamiento, y tal vez tenía razón. Era ya algo tarde, y lo mejor sería regresar a casa. Así que me incorporé del agua y me dirigí directamente al cambiador de señoras sin apenas dirigirle la mirada.

Reconozco que una vez en los probadores femeninos me di una ducha calentita que apaciguó mis ánimos. Estuve un buen rato, disfrutando de estar sola aunque fuese en el reducido habitáculo de la ducha. Normalmente suelo ducharme con el bikini puesto en las duchas de las piscinas, pero no sé porqué me apeteció ducharme desnuda. Era como si necesitase en esos momentos sentirme bien conmigo misma por estar desnuda.

El caso es que mientras caía el agua caliente por mi cuerpo desnudo, y una vez relajados los ánimos, comencé a pensar y a darle vueltas irremediablemente en todo lo sucedido.

“¿Qué es lo que había ocurrido?” trataba de buscarle explicación y no la encontraba. “¿Cómo he acabado desnudándome frente a un desconocido?” me preguntaba. “¿Así que a mi marido le excita que me exhiba para otros hombres?, ¿cómo puede ser eso? Este tío es gilipollas” me repetía una y otra vez bajo el agua caliente de la ducha.

“¿Cómo había dicho mi marido: que le ponía imaginarse que eran otros hombres los que me acariciaban. ¿Qué lo pensaba cuando estaba de viaje? De verdad que se le ha ido la pinza” pensaba como un mantra bajo la ducha.

Llegó el momento de enjabonarme. Mi mente se detuvo de todos esos pensamientos al observar mis propias manos recorriendo mi cuerpo. Por un momento sopesé la posibilidad de que fueran las manos de otro hombre las que me acariciaban tal y como me había indicado mi marido.

Comencé a esparcir el jabón por mi cuerpo. Me imaginaba unas manos fuertes, y grandes las que me enjabonaban. Peludas, morenas, en contraste con mi piel. Recorriendo mi cuerpo, reconozco que me puse algo cachonda hasta que mis manos se detuvieron en mi pubis rasurado. “Seré imbécil” pensé al comprobar que me había rasurado como una idiota para mi marido, y ahora el muy imbécil me venía con que preferiría que fuese otro quien lo disfrutase.

Terminé de aclararme a toda prisa y de secarme. En el fondo había permanecido bastante tiempo bajo la ducha y quería llegar a casa cuanto antes. Salí de la zona de ducha a la de vestuarios. Era ya media tarde y no había gente. Así que me pude vestir cómodamente. Recuerdo que me miré en el espejo de los vestuarios mientras me ponía de nuevo mi tanguita y mi sujetador a juego, y ajustaba de nuevo el liguero y las medias en mi pierna. Estaba preciosa frente al espejo. “Y total ¿para qué?” pensé visualizando que al llegar a casa me iría a la cama enfadada. Me puse el vestido y salí al encuentro de mi esposo.

Este llevaba ya un tiempo esperándome en el hall.

.-“¿Cuánto has tardado?” me preguntó algo enfadado por mi tardanza.

 .-“¿Has pagado ya?” le pregunté devolviéndole el enfado.

.-“Si, cari” dijo ayudándome con mis bolsas en dirección al coche.

Nada más abrir las puertas rotatorias del balneario pudimos comprobar como una lluvia torrencial descargaba del cielo. Ninguno de los dos nos habíamos percatado dentro, del temporal que caía fuera.
Regresamos de inmediato a refugiarnos en el hall del hotel.

.-“¿Qué hacemos?” le pregunté a mi esposo.

.-“Intento llegar por el coche y te recojo” me dijo haciendo intención de conducir con la que estaba lloviendo.

.-“¿No pensarás conducir con el agua que está cayendo?” le pregunté incrédula por lo que pretendía.

.-“¿Y qué pretendes?” me preguntó.

.-“Pues esperar a que amaine” le respondí haciendo alarde de sentido común.

.-“Son cuatro gotas, voy por el coche y te recojo” me dijo al tiempo que desaparecía entre la lluvia dirección al parking.

Al poco rato regresó con el coche y lo dejó en la puerta. Salió con la camisa y el traje ya empapados para recoger las bolsas y dejarlas en el maletero. Luego me abrió la puerta y me dijo:

.-“Ven” al tiempo que se introducía en el coche.

Apenas me separaban unos metros del asiento del copiloto y ya me mojé bastante el vestido en ese breve recorrido. Todavía miraba mi vestido mojado en el asiento del copiloto, cuando nada más llegar al stop de salida del parking del hotel, se le caló el coche a mi marido. Trató de arrancarlo varias veces pero no había forma de ponerlo en marcha de nuevo.

.-“Se ha debido quedar sin batería” me dijo mi marido. A mí como si me hablaba en chino, no entiendo nada de coches.

.-“Y ¿qué hacemos?” le pregunté enfadada por la situación.

.-“Llamaremos al seguro, vendrá la grúa y tal vez pueda cargar la batería “me dijo como si no pasara nada.

.-“¿Tardará mucho?” le pregunte “por tu culpa estoy mojada y helada de frio” le hice saber.

.-“No sé, supongo que una hora o así” respondió mi marido.

.-“Eres un imbécil. Ves como era mejor esperar en el hall a que parase de llover. Siempre tienes que fastidiarla” le grité enojada y bajándome del coche malhumorada de regreso a la recepción del balneario.
¡Qué manera de llover!.

Estaba completamente empapada cuando atravesé de nuevo las puertas giratorias del hotel. Traté de sacudirme. Al poco regresó mi marido con las bolsas del coche. Él estaba aún más empapado si cabe. Casi se le transparentaba toda la camisa de lo mojado que estaba. Se puso a hablar por el móvil y a pedir una grúa. Lo escuché discutir con la tele operadora del seguro por los pormenores. Mi marido es de los que piensa que va a resolver los problemas por chillar y levantar la voz, y al final le repetían una y otra vez lo mismo: “La grúa tardará en llegar debido a las condiciones meteorológicas”.

Mi esposo no se daba ni cuenta enfrascado en su conversación, pero yo en cambio tuve que aguantar las miradas del personal de recepción que nos degollaban con la vista por ponerlo todo perdido de agua, montar el numerito y todo ello sin estar alojados en el hotel.

Recuerdo que me dediqué a mirar por el cristal de la recepción como llovía a mares del otro lado, tratando de dar la espalda a cuanto sucedía en el hall, y como si por contemplar caer el agua fuese a dejar de llover.

.-“Nadie debería conducir con este temporal” escuché una voz masculina detrás mía que simulaba mirar también por el cristal.

Me giré para ver quién podía ser la persona que con la excusa del tiempo trataba de entablar conversación conmigo. Me quedé de piedra cuando pude comprobar que se trataba del tipo con increíble parecido a Paul Newman, el tipo del jacuzzi, con el que coqueteé con la mirada, el que me vio los pechos, y me observó desnuda.

¡Dios mío!. Me quedé de piedra sin hacer ni decir nada.

.-“Oh, por dios, está usted empapada” exclamó el hombre nada más girarme de frente a él, y antes de que pudiera reaccionar, se quitó la chaqueta de su traje, y la puso por encima de mis hombros en plan caballeroso. El tipo vestía un traje que por la tela parecía bastante caro. Nada que ver con su imagen en bañador.

Me llamó la atención que el personal de recepción se tranquilizase al verme hablar con este hombre, como si fuese alguien importante.

.-“¿Qué ha pasado?” me preguntó tratando de sonsacarme alguna palabra de mi boca.

.-“Nuestro coche no arranca” le informé de lo que había ocurrido.

.-“Debería secarse, va a pillar una pulmonía” dijo observando mi vestido empapado. “¿Llevan ropa de cambio?” preguntó al tiempo que me observaba con el vestido calado.

.-“Si” le contesté con un tímido monosílabo, impresionada aún por los acontecimientos.

.-“¿Estaban alojados en el hotel?” preguntó intuyendo que no era así, y tomando el control de la conversación.

.-“No” le respondí de nuevo con un monosílabo, sin saber reaccionar. La verdad que parecía tonta.

.-“Perdone que no me haya presentado, mi nombre es Antonio” dijo al tiempo que me daba dos besos en la mejilla.

.-“Ohps, yo soy Sara, este es mi marido” dije señalando a mi esposo que se incorporaba en esos momentos a nuestra conversación.

.-“Encantado” dijeron ambos hombres al unísono estrechándose la mano el uno al otro.

.-“Tengo una idea…” dijo el tal Antonio “¿Porque no suben a mi habitación y se cambian? Deberían secarse si no quieren pillar una pulmonía” propuso observando nuestras ropas mojadas.

.-“No quisiéramos molestar” se adelantó a decir mi marido quien me miró interrogándome qué hacía hablando con este tío.

.-“No es ninguna molestia” le rebatió el tal Antonio.

.-“No es necesario, nuestra grúa llegará enseguida” argumentó mi esposo.
.-“Insisto” dijo Antonio.

.-“La grúa vendrá enseguida” le repitió mi marido.

.-“Oh, vamos, le costara al menos un par de horas, podemos esperar. Además, es hora de cenar. ¿Tendrán hambre? ¿Porque no pedimos algo y lo suben a mi suite mientras se secan?”. Propuso esta vez Antonio ampliando su oferta con un tono de cordialidad.

La palabra suite me llamo la atención. Reconozco que  tuve curiosidad por saber cómo serían esas habitaciones en un sitio como este.

.-“¿Por qué no?”  Intervine en la conversación mirando a mi marido. Ahora era mi esposo quien ponía pegas.

.-“No, no es necesario, de verdad…” trataba de excusarse mi cónyuge con corrección.

.-“Pues a mí no me parece mala idea”, dije al tiempo que cogía mi bolsa y me dirigía hacia los ascensores sabiendo que mi actitud enfadaría a mi esposo.

Antonio  me guió cogiéndome bajo el brazo y diciéndome:

.-“Permítame que le muestre el camino” pronunció como todo un caballero.

Entramos en el ascensor. A todo esto Antonio cogiéndome todo el rato del brazo agarrado a su chaqueta. Recorrimos varios pasillos de esa manera. Mi marido caminaba detrás nuestro observando la escena malhumorado. De vez en cuando me giraba para verlo cabreado por la situación, me encantaba.
Nada más abrir la puerta de la suite quedé impresionada. Antonio se dio cuenta de mi reacción.

.-“¿Esto es una habitación?” pregunté asombrada al abrir la puerta. Antonio caminó delante nuestro mostrándonos la suite.

.-“Es una pasada, es más grande que nuestro apartamento” exclamé alucinada por cuanto veía.

La suite constaba como de dos estancias más o menos diferenciadas, un pequeño recibidor, donde se encontraba un gran armario empotrado, un mueble a modo de librería donde había una tele de plasma de no sé cuantas pulgadas, un tresillo y un par de sillones orejeros alrededor de una mesita, y un pequeño corner donde destacaba un lujoso mueble bar. Y luego la habitación propiamente dicha, de la que se accedía a un impresionante cuarto de baño con bañera tipo jacuzzi incluida.

.-“¿Has visto que pasada de cuarto de baño?” le hice saber a mi esposo nada más verlo. Yo abría todo tratando de no perder el más mínimo detalle, como una niña, emocionada al ver un habitación tan grande y tan lujosa. Entre otras cosas pude advertir que Antonio debía tener mucha pasta. El armario estaba repleto de trajes y camisas de Armani, Hugo Boss, E. Zegna,… todo grandes marcas.

Mi marido murmuraba cada comentario mío, y Antonio parecía disfrutar con mi entusiasta presencia.

.-“Será mejor que pidamos algo de comer” dijo Antonio al tiempo que me entregaba la carta del menú que reposaba sobre el mueble bar.

Yo abrí la carta que me entregó Antonio, pero todos los platos me sonaban a chino: que si vitasnack, que si mousse, que si vichyssouse, no entendía nada de nada de lo que ponía.

Para colmo mi marido abrió casi a la par el mueble bar. Se quedó asombrado de lo que había en el interior: Krug, Dom Perignon, Vega Sicilias, Flor de Pingus,…etc.

.- “¿Cuánto cuesta este Flor de Pingus?” preguntó mi marido tratando de poner en jaque a Antonio.

.-“No sé, pero vamos a pedir que nos sirvan una botella en condiciones si te gusta” dijo Antonio con total naturalidad cogiendo el teléfono sin pensárselo mucho para avisar a recepción. Mi marido y yo escuchamos la conversación atónitos a lo que sucedía.

.-“Si por favor, una botella de Pingus, con un plato de no sé qué y otro de no sé cuantas. Ah!, y pongan una botella de Krug a enfriar. Gracias, gracias” pudimos escuchar.

Nada más terminar la conversación con recepción Antonio se dirigió a mi marido y a mí, y nos dijo:

.-“Podéis pasar a la habitación a cambiaros, será mejor que os pongáis ropa seca cuanto antes” dijo haciendo indicaciones de que podíamos usar su cuarto para cambiarnos. “Yo mientras prepararé lo que suban del restaurant” dijo haciendo sitio en el mostrador del mueble bar.

Mi marido y yo seguimos sus indicaciones y pasamos a lo que sería la habitación a cambiarnos. Nada más cerrar la puerta de lo que sería el dormitorio mi marido rebuscó en su mochila y extrajo un vaquero y una camiseta que se puso con cierta rapidez. Sobre todo tras escuchar como un mozo de recepción anunciaba la llegada del vino, la comida, y el champagne.

.-“¿Te importaría conducir a ti?” me preguntó mi marido impaciente por degustar el vino que habían pedido, y que de no ser por estas circunstancias no volvería a probar en su vida.

No me dio tiempo a decir nada, antes de que pudiera contestarle mi marido abandonó la habitación dispuesto a beber el afamado vino.

Yo en contra rebusqué en mi bolsa. Recordé que no había cogido nada para cambiarme, ni tan siquiera braguitas y sujetadores de recambio. Todo eran cremas, geles de baño y productos de maquillaje envueltos en neceseres.

Comenzaba a tener frío, así que pensé que lo mejor sería darme una ducha caliente para entrar en calor, hacer algo de tiempo, y dejar mientras tanto secar mis prendas en el radiador. Supuse que mi marido entretendría a Antonio el tiempo necesario con el vino.

Dicho y hecho, me desnudé por completo, dejé mi vestido tendido en una silla cerca del radiador de la habitación, y colgué mi tanguita, mi sujetador, mis medias y mi liguero en el radiador del baño. Cogí una toalla grande de baño del aseo y me envolví en ella, y salí del cuarto para comunicar tanto a Antonio como a mi marido de mis intenciones.

.-“Chicos…” dije nada más abrir la puerta que comunicaba el dormitorio con la entrada, “si no os importa me daré una ducha mientras esperamos”. Para mi asombro pude ver como hablaban apasionadamente entre ellos acerca del vino, pero lo que más me llamó la atención es que casi se habían bebido en apenas unos segundos media botella. No sé porque deduje que había sido solo mi marido.

El caso es que mi esposo me ignoró por completo absorto en su catadura, mientras que Antonio me dedicó la más inquietante de las sonrisas al saber que estaba desnuda, tan sólo con una toalla en su habitación.
Me metí en el cuarto de baño directa a la ducha. Tengo la mala costumbre en casa de poner el tapón de la bañera para controlar el agua con la que me ducho. Menuda tontería. Esta vez hice lo mismo. Solo que cuando la bañera estuvo por la mitad me dije a mi misma que era una pena no disfrutar de una bañera tan grande como esa.

Se trataba de una de esas bañeras dobles, con sitio para dos personas enfrentadas, y que debía tener un montón de funciones de masaje y de burbujas. No me lo pensé dos veces, me tumbé en uno de los sillones y comencé a tocar todos los botones para descubrir las diferentes funciones.

De repente comenzó a salir espuma y aire a presión. Prácticamente era como estar en uno de los jacuzzis del spa. Así que cerré los ojos y traté de relajarme.

No debí de estar mucho tiempo con los ojos cerrados y relajada cuando llamaron a la puerta.

.-“¿Sii?” pregunté al escuchar los nudillos golpear en la puerta.

.-“Soy yo, Antonio. ¿Puedo pasar? Te traigo una copita de champagne y unos bombones” dijo del otro lado de la puerta.

“Uhhhmmm, bombones” aquello no sonaba nada mal. Me sentí protegida por la espuma de la bañera, así que le dije:

.-“Pasa” pronuncié tratando de que la espuma no dejase ver mi cuerpo desnudo bajo el agua.

Pude ver como Antonio abría la puerta vestido todavía en un traje que le sentaban impecablemente bien, y me acercaba hasta la repisa de la bañera una copita de champagne y unos bombones.

.-“Pensé que te gustaría probarlos” dijo al tiempo que dejaba la copa y me ofrecía los pocos bombones que quedaban de una caja.

.-“Tu marido casi no deja ni uno” pronunció mientras me observaba con detenimiento sumergida en la bañera esperando algún descuido por mi parte.

.-“Oh, gracias” dije yo al tiempo que me incorporaba para coger un bombón. Son mi debilidad, así que no caí en la cuenta de que al incorporarme mis pechos asomaron de nuevo por encima de la superficie del agua dejándole ver a Antonio una vez más mis ansiados pechos.

Una vez probé el bombón, me sumergí de nuevo dentro del agua ocultándome tras la espuma.
.-“Cierra la puerta al salir” le indiqué a Antonio para que abandonase el baño y me dejase sola de nuevo. Esta vez fue él, el que no supo cómo reaccionar. Supongo que no se esperaba verme los pechos tan de cerca y tan claramente como esta vez. Me obedeció sin decir palabra, y cerró la puerta tras de sí.

Yo me reí por la situación. Me hizo gracia ver su cara. No me lo esperaba de un tipo tan seguro de sí mismo como Antonio, y sin embargo había caído rendido a mis encantos. Me gustó.

Recuerdo que me bebí casi de un sorbo el champagne, tenía sed, y me comí otro bombón dispuesta a cerrar los ojos y dejarme abandonar por las sensaciones en el jacuzzi.

Cerré los ojos y comencé a imaginarme como sería estar casada con un tipo como Antonio. “¿Estará casado?” me pregunté. No recordaba anillos en sus manos. Desde luego había sido muy atento conmigo por traerme el champagne y los bombones. Se notaba que era todo un caballero, y que yo le gustaba. Mi marido hacía tiempo que no tenía este tipo de detalles conmigo.

Luego me imaginé cómo sería ir de compras con Antonio. Fantaseaba en plan Pretty Woman. Me imaginaba cenando en restaurantes de lujo, y asistiendo a eventos con personalidades. Soñé con abandonar mi vida de ama de casa, pobre y sin recursos, para vivir una vida de lujo.

Me imaginaba comprando vestidos de alta costura, y desnudándome al llegar a casa ante Antonio para preguntarle que tal me sentaban. Exhibiéndome para él, y comprobando como babeaba por mi cuerpo como lo hizo durante todo el día.

Uhhhm, empecé a tocarme en el jacuzzi animada por mis pensamientos y las sensaciones que me producían las burbujas. Mis manos exploraban mi cuerpo. Parecía como si necesitase terminar lo que había iniciado en las duchas de los vestuarios momentos antes.

Me imaginé al igual que antes que eran otras manos las que acariciaban mi cuerpo. Sólo que enseguida imaginé que esta vez eran las manos de Antonio las que me acariciaban. El imbécil de mi marido tenía razón, no era tan malo imaginarse las manos de otro hombre recorriendo mi cuerpo. Grandes, fuertes, justo como a mí me gustan.

Mi mano derecha jugueteaba ya con mi clítoris, mientras la izquierda repasaba las curvas de mi cuerpo. Recordé la primera impresión nada más ver a Antonio en su bañador de slip, y el paquete que marcaba. Memoricé su cuerpo musculado. Recordé mis pensamientos. “¿Se depilaría?”.

No pude evitarlo, uno de mis dedos se abrió paso entre mis labios vaginales. Era una sensación tan extraña y placentera al mismo tiempo, que me facilitó imaginar que no era mi marido quien yacía conmigo. Irremediablemente mi mente se imaginaba que era Antonio quien me penetraba a la vez que mi dedo avanzaba en mi interior. Me imaginaba cómo sería su miembro, me gustaba fantasear con ello, me la imaginaba venosa, bien proporcionada, con una mata de pelo canoso en su pubis provocándome un placer indescriptible. Pronto necesité introducir un segundo dedo, dando más realismo a mi fantasía.

.-“Uhhmmmm” un profundo gemido salió de mi boca y me alertó de lo que estaba sucediendo.
¿Pero qué estaba haciendo?, ¿me estaba masturbando en la bañera de un desconocido?, ¿pero qué me estaba pasando?. Aquello no tenía ningún sentido en mi rutinaria vida, y debía parar aquella locura.

Así que me incorporé de la bañera, me aclaré con agua fría de ducha, y me enrollé en la toalla de antes dispuesta a secarme.

No sabría decir cuánto tiempo había pasado desde que cerré los ojos y me abandoné a mi imaginación, pero al poco de estar enrollada en la toalla llamarón de nuevo a la puerta.

.-“Pasa” dije. No sé porqué di por supuesto que era mi marido.

Me llevé una sorpresa al comprobar que era Antonio quien entraba con dos copas de vino en las manos.

.-“¿Puedo?” preguntó al verse también sorprendido de verme con la toalla anudada a mi cuerpo.

.-“Si, claro” le dije al verlo con las copas en la mano.

 .-“Tu marido se ha quedado dormido en el sillón, y es una pena que sobre un vino tan bueno como este” dijo ofreciéndome una de las copas de sus manos.

.-“Oh, gracias” dije al tiempo que alargaba la mano y probaba el vino. “Qué rico, ¿qué vino es?” le pegunté.

.-“Es un Roberto Voerzio” me dijo como si tuviera que saber qué era eso. Yo puse cara de circunstancias.

.-“Es un vino italiano” me dijo tratando de darme explicaciones.

.-“Me gusta” dije yo sonriente como no dándole importancia, y continuando mirándome en el espejo dándome las cremas de la cara.

Antonio se sentó en un taburete a mi espalda dispuesto a observarme con la excusa de darme conversación.

.-“Por suerte los vinos ganan con la edad” dijo probando otro sorbo de su copa sentado en su taburete y sin quitarme ojo de encima.

.-“¿Por qué dices eso?” le pregunté al notarlo como apenado. Me pregunté cuanto habrían podido beber él y mi esposo en todo este tiempo.

.-“Por desgracia los hombres perdemos cualidades con los años” dijo bajando la mirada al suelo. Yo lo miraba a través del espejo.

.-“Oh, vamos, no tienes de que preocuparte, te conservas muy bien para la edad que tienes” traté de consolarlo.

Pude percatarme que Antonio abrió unos ojos como platos, cuando me puse de puntillas frente al espejo tratando de repasar la crema del contorno de ojos. La toalla me venía justa, y seguramente estuve a punto de enseñarle el culo.

Me gustó repetir la maniobra varias veces mientras continuábamos con nuestra conversación.

.-“Gracias por verme con buenos ojos”, me dijo recobrando nuestra conversación “es todo un halago viniendo de una mujer tan guapa como tú” pronunció antes de dar otro trago a su copa de vino.

.-“Simplemente creo que has bebido demasiado” le dije poniéndome de puntillas de nuevo frente al espejo, jugando con los límites de mi toalla.

.-“Puede que tengas razón” dijo dejando su copa vacía en el suelo “tu marido me ha hecho beber demasiado”, y se dedicó a observarme en silencio.

Para ese entonces yo pasé a darme crema hidratante por las piernas. Procedía con mi protocolo habitual de después de una ducha tal y como hacía en mi casa. Me untaba las cremas apoyando mis pies sobre la repisa de la bañera. Agradecía las miradas de Antonio observando mi ritual, sobre todo, porque cada vez que me agachaba tratando de esparcir bien las cremas por la piel de mis piernas, la toalla se subía hasta el límite de lo decente. Sus ojos permanecían atentos al más mínimo descuido por mi parte.

No sé porque me gustó coquetear con él, exhibirme discretamente para él. En el fondo era el estereotipo ideal de hombre ante el que soñaba encontrarme en ese tipo de balnearios, el tipo de madurito para el cual compré mi bikini, además de ser atractivo, y todo un caballero.

Así que cada postura era algo más sugerente que la anterior. Me agradaba llevarme al menos para el recuerdo sus miradas clavadas en mi cuerpo. Sabía que al llegar a la intimidad de mi casa daría rienda suelta a mi imaginación con la situación, y seguramente terminaría lo empezado en la ducha.

Por su parte Antonio babeaba en silencio observándome sentado en el taburete.

Aún no me explico cómo pude atreverme a pedirle que me diese cremas por la espalda. Supongo que tuve la necesidad de romper ese silencio que comenzaba a ser algo incómodo para mí.

.-“Antonio, por favor, podría darme crema por la espalda, no me llego, y total ya me ha visto usted así antes” le dije al tiempo que me deshacía del nudo de la toalla enroscada alrededor mi cuerpo. Me tapé con una mano a la altura de mis pechos la parte frontal, mientras la toalla se abría por detrás desnudando mi espalda y mi trasero. Con la otra mano le entregué el bote de leche hidratante a la espera.

Antonio abrió unos ojos como platos al verme desnuda de espaldas, se incorporó de inmediato, se situó tras de mí, y cogiendo el bote de crema se embadurnó las manos para repartirla por mis hombros.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo al notar sus manos en mis hombros. De alguna manera era tal y como había imaginado en mis fantasías. Nuestras miradas se cruzaron un par de veces a través del espejo. Se le notaba concentrado en memorizar el tacto de mi piel.

.-“Tienes una piel muy suave” pronunció al tiempo que se deleitaba en repartir la crema sobre mis hombros.

.-“Hay que cuidarla, es importante hidratarse” dije mientras contemplaba sus manos grandes y fuertes recorriendo mi cuerpo.

Ambos sabíamos que nuestra conversación era toda una excusa para otorgarle cierta naturalidad al momento, y que sin embargo ambos estábamos atentos a las reacciones del otro.

Una vez terminó de darme crema por los alrededores de mi zona cervical, embadurnó de nuevo sus manos y comenzó a repartir la leche de sus manos por mi zona dorsal. Algo más abajo en mi espalda.

Mi mente retuvo en la memoria los instantes en que sus manos esparcían la crema por debajo de mis axilas rozando levemente el contacto con mis pechos. Era como si todo sucediese a cámara lenta en mi cerebro. Una descarga de adrenalina recorrió mi cuerpo al notar sus manos en tan delicada zona.

Tras dos o tres maniobras por el estilo, Antonio procedió a verter crema en sus manos y esta vez la repartió por la zona lumbar de mi espalda, prácticamente todo el rato a la altura de mi coxis. Tuve que ahogar algún que otro suspiro por mi parte en esos momentos. Las caricias de Antonio estaban logrando que me dejase llevar por las circunstancias, y comenzase a hacerse demasiado evidente que no me importaba abandonarme a sus caricias.

En una maniobra atrevida por su parte, y con el pretexto de que sobraba mucha crema, Antonio deslizó sus manos como quien no quiere la cosa, en movimientos repetitivos de arriba abajo, siempre de forma mecánica, pero llegando descaradamente hasta acariciar mis cachetes. Con la excusa me sobó el culo un par de veces.

.-“Creo que ya es suficiente” dije cubriéndome de nuevo mi cuerpo con la toalla enroscándola a mi alrededor, y tratando de evitar que continuase con su maniobra. De seguir no sabría decir que hubiera podido pasar.

Decidí detenerlo, pero claro, aún estaba nerviosa. Por acto instintivo cogí mi tanguita seco del radiador del baño con la intención de vestirme. Me lo puse por debajo de la toalla, siempre ante la atenta mirada de Antonio. Luego tomé una de las medias, primero las abrí con mi mano, y luego la deslicé por mi pierna hasta ajustarla en mi muslo. De nuevo me apoyaba en la repisa de la bañera para colocarme las medias, sólo que esta vez al tener el tanga puesto, no tenía ningún decoro por que la toalla se subiese enseñando mi culo sin miramiento. Hice lo mismo con la otra media.

Quise recrearme al ajustarme las medias en mis muslos. Sentía los ojos de Antonio devorándome con la vista. Para colmo procedí a colocarme el liguero siempre bajo su atenta mirada. Irremediablemente debía subirme la toalla mostrándole una visión espectacular de mi prenda interior. Sé que Antonio se fijaba descaradamente en como desaparecía la fina tira de mi tanguita entre mis nalgas. Lo pude comprobar a través del espejo en el que estaba justo enfrente.

Por último llegó la hora de ajustarme el sujetador, me deshice de la toalla. Mis pechos quedaron expuestos en el espejo del baño. Antonio permanecía a mi espalda expectante, tratando de memorizar la visión de mi cuerpo. Por supuesto yo estaba muy nerviosa y excitada. Enfrentada entre el deseo porque ocurriese algo, y el temor porque pudiese suceder. Estaba tan alterada que no acertaba con el broche a la espalda. Fue Antonio quien se aproximó y me dijo:

.-“Permíteme que te ayude” y dicho esto encajó los corchetes de mi sujetador a la espalda.

.-“Estas preciosa” me susurró en la nuca al tiempo que nuestras miradas se cruzaban a través del espejo. 

Antonio me acariciaba los brazos subiendo y bajando sus manos desde mis hombros hasta los codos. Mis temores se estaban haciendo realidad, en esos momentos estaba segura de que Antonio intentaría algo.

.-“Gracias” se escapó de mi boca mientras lo observaba con todo mi cuerpo temblando al contacto de sus manos, sin dejar de mirarnos a través del espejo.

.-“Eres realmente hermosa” pronunció ahora, al tiempo que me daba un tímido besito en uno de mis hombros desnudos.

.-“Yo…” susurré con mis labios temblando tratando de oponerme a su caricias, temerosa por el juego que había iniciado.

.-“Nunca había visto una mujer tan bella como tú” continuaba susurrándome en la nuca, al tiempo que alternaba cortos besitos sobre mis hombros.

.-“Yo no…” volví a bisbisar tímidamente mientras comprobaba que sus manos descendían acariciando mi espalda, sin pudor ni miramientos, hasta alcanzar descaradamente los cachetes de mi culo.

.-“Tienes un culo precioso” pronunció en tono algo más vulgar envalentonado por mi parsimonia.

.-“No…” esta vez fue un gemido en toda regla tras comprobar que sus manos comenzaban a recorrer todo mi cuerpo, tratando de no perderse ni un centímetro de mi piel por explorar.

Irremediablemente sus manos alcanzaron mis pechos, desde la espalda. Esta vez pude sentir su entrepierna clavada en mi culo. ¡Dios mio!, ¡ Antonio estaba empalmado!. Pude comprobar la tremenda erección que tenía el hombre a través de la tela de sus pantalones.  
     
.-“Sara eres muy hermosa” balbuceó en mi cuello aprisionándome entre sus brazos y su cuerpo.

.-“No…” volví a gemir en mis labios, pero las manos de Antonio continuaban acariciándome los pechos desde la espalda. Nuestras miradas se cruzaban a través del espejo.

.-“Yo…” pronunciaba entre besito y besito por mi nuca “lo siento Sara, pero me haces perder la razón” dijo al tiempo que una de sus manos descendía por mi vientre hasta alcanzar el elástico superior de mi tanga.

.-“Antonio, yo no debería….” Trataba de negar lo que mi cuerpo contradecía. Me tenía totalmente entregada. Estaba caliente, ¡y mojada!. Antonio se dio cuenta perfectamente de mi estado cuando su mano se deslizó por el interior de mi tanguita alcanzando mi pubis.

.-“Sé que tú también deseas que esto ocurra” pronunció al comprobar que mis labios vaginales estaban empapados por fuera. Se regocijó en comprobar con su mano que mi pubis estaba completamente rasurado y me acarició en esa zona durante un tiempo.

.-“Uuuuhhhm” respondí a sus caricias con un tímido gemidito que se escapó de mis labios.

.-“No sabes cuánto te deseo” dijo cuando sus labios comenzaron a juguetear con el lóbulo de mi oreja. Yo ladeé el cuello facilitándole la maniobra.

.-“Antonio, para por favor,…” pronuncié entre jadeos al tiempo que arqueaba mi cuerpo hacia atrás buscando el contacto entre mi culo y su miembro “mi marido, puede oírnos” pronuncié como pude entre suspiros y gemidos.

.-“No te preocupes, por él” dijo Antonio con cierto sarcasmo “está durmiendo la mona” pronunció al tiempo que uno de sus dedos se abría camino entre mis labios vaginales.

.-“Uuuufffh” suspiré tratando de relajarme para aceptar ese dedo invasor. Ahora era yo quien llevando mis manos hacía atrás, necesitaba acariciar el miembro que durante todo este tiempo notaba clavado en mi culo, aunque fuese por encima del pantalón.

.-“Sara” pronunció mi nombre a mi espalda “Nunca he conocido una mujer tan ardiente como tú”. Dijo al tiempo que manejaba hábilmente su dedo en mi interior.

Yo cerré los ojos y me abandoné a sus caricias y a manosear su polla. Podía notar cada espasmo en su miembro, y como ésta crecía y crecía adquiriendo un tamaño más que considerable.

Un segundo dedo se abrió paso en mi interior. Yo arqueaba mi cuerpo al compás de sus movimientos, jadeando y completamente entregada. Creo que de seguir así hubiese terminado por correrme en sus manos. Por eso no me sorprendió cuando adivinando mi estado se detuvo en sus caricias.

Sus dedos salieron de mi para deslizar mi tanga por mis piernas. Antonio se agachó a mi espalda para ayudarme a sacarme mi prenda por los pies. Una vez se deshizo de ella comenzó a besarme en pleno cachete del culo.

 Yo me quedé extrañada, “¿Qué pretendía besándome el culo?” Mi marido nunca me había besado así antes. No obstante me gustaba. Era una sensación poderosa tener a un hombre en cuclillas a tus pies besándote la piel de las nalgas.

Dejó de besarme para juguetear con su lengua en la zona, me lamía cada milímetro de mi piel, hasta que para mi sorpresa su lengua se aproximó al anillo de mi ano.

Había oído hablar de los besos negros, pero nunca me lo había practicado mi marido, es más creo que yo misma no se lo hubiese permitido, pero en cambio le dejaba hacer a Antonio. Yo lo observaba a  través del espejo, apoyada contra el mueble del lavabo.

Abrí unos ojos como platos cuando la punta de su lengua alcanzó a lamerme mi ano. Nunca pensé que pudiera llegar a gustarme. Antonio parecía disfrutar, de hecho apartó a un lado los cachetes de mi culo para observarlo detenidamente. Luego pasó su lengua arriba y abajo un par de veces, como quien relame un helado.

 .-“Estas muy rica, Sara” dijo separando aún más si cabe con sus manos mis nalgas y hundiendo su cara en mi culo. Me hizo cosquillas notar su nariz y su respiración en mi mismísimo ano.

Yo apoyé mis antebrazos sobre la repisa del lavabo, reclinando mi cuerpo hacia atrás, facilitándole la maniobra, y dispuesta a dejarme llevar por su saber hacer. Antonio estuvo un rato disfrutando con su lengua de mis intimidades, hasta que llegado el momento se detuvo, se puso en pie a mi espalda, y observándome detenidamente en mi estado a través del espejo dijo:

.-“Creo que ya estás preparada” pronunció al tiempo que él mismo se bajaba la cremallera de su pantalón y rebuscaba entre su bragueta.

Yo hice mi cabeza a un lado tratando de contemplar ansiosa y comprobar con mis propios ojos el tamaño de su miembro.

Antonio se sonreía triunfante cuando extrajo su polla de entre la cremallera de su pantalón. Yo lo miraba impasible, sin hacer ni decir nada, sabiendo lo que estaba a punto de pasar, y ante lo que era incapaz de negarme.

.-“Ábrete” ordenó mientras se sacudía la polla a una mano y me abría el culo con la otra.

Juro que quería negarme, prometo que no quería haber llegado nunca hasta ese punto, pero llegado el momento no supe impedirlo.

Antonio guió la punta de su polla hasta mi coñito, luego se agarró a mi cintura con las dos manos, y de un solo golpe me la introdujo todo lo adentro que pudo.

.-“¡¡¡Aayyy!!!” chillé algo dolorida al notar como su polla dilataba mis paredes vaginales abriéndose camino en mi interior. Tuve que contemplarme a través del espejo como Antonio disfrutó con mi particular mueca de dolor.

Antonio arremetió por segunda vez con más fuerza aún que antes como si le produjese especial satisfacción contemplar mi cara de sufrimiento por penetrarme.

.-“Aaaayy” volví a chillar mientras lo miraba suplicante porque tuviese más delicadeza. Antonio en cambio comenzó a bombear a un ritmo trepidante.

.-“Clin, clin ,clin” resonaba con cada embestida el golpear de mi cadena del cuello contra el esmalte del lavabo.

Yo trataba de ahogar mis aullidos procurando no hacer ruido, mientras que mi amante se esforzaba por moverse con más rapidez, y contundencia en sus golpes de riñón. Estaba claro que Antonio buscaba su propio placer, y le daba igual lo que me ocurriese.

Nunca me habían follado así. Era como si tuviese urgencia por correrse. Todo lo contrario a lo que estaba acostumbrada. Mi marido siempre me esperaba. Al menos tenía esa delicadeza conmigo, me esperaba por costumbre.

Supe que debía correrme antes que Antonio o todo habría sido para nada. Así que deslicé una de mis manos bajo mi cuerpo hasta alcanzar mi propio clítoris. Comencé a masturbarme yo misma al tiempo que Antonio me penetraba.

.-“Splasssh” una nalgada suya resonó en el cuarto de baño.

.-“Joder, Sara, qué culo más rico tienes” pronunció al tiempo que me daba un par más de azotes en el culo.

No entendía muy bien porque lo hacía, el caso es que sus palmadas me ponían de sobremanera, y mucho. Me estaba proporcionando un placer inusitado en mi cuerpo. Apoyé mi cabeza entre mis brazos al tiempo que cerraba los ojos abandonada a mis propias caricias, y al placer que me producía su polla en mi interior.

.-“Uuuuhm” comencé a gemir en voz alta sin poderlo remediar.

Antonio advirtió que comenzaba a ganarle la partida, yo estaba ya a punto de correrme. Creo que trató de retrasar mi momento escupiendo palabras soeces por su boca.

.-“Joder que culo tienes. Te estoy follando el culo” espetaba al tiempo que me daba alguna que otra nalgada en mi trasero.

Por el calor que desprendía mi cuerpo en esa zona, seguro que no era tan blanquito como al principio, y seguro que estaba algo enrojecido, lo que debía excitar más a mi eventual amante. A mí su trato tosco e inesperado me excitaba aún más.

.-“Muévete, por favor, no te pares” le dije muy próxima al orgasmo. Por suerte Antonio se movía como un conejo detrás mío.

.-“Eso es, muévete, un poco más. No pares, no pares ahora” le suplicaba al tiempo que unos primeros espasmos sacudieron mi cuerpo. Creo que Antonio se dio por vencido en esos momentos, le estaba ganando la partida.

.-“Eso es, sii, Siiii, siiiiiiihhhh” grité mientras mi cuerpo se convulsionaba entre las manos de Antonio agarradas a mi cintura, y que contemplaba expectante como me corría de placer mientras me follaba sin parar.

 Aquel tipo madurito no me dio ninguna tregua a recuperarme, continuó jodiéndome sin detenerse ni un solo instante, en busca de su propio placer.

Recuperé la cordura al mismo tiempo que recuperé el aliento.

.-“No te corras dentro, por favor” le advertí al tiempo que me disponía a entregar mi cuerpo para su placer, y dándole a entender que se saliese en el último momento.

Antonio parecía no escuchar mis advertencias y continuaba moviéndose como con urgencia por correrse. No me gustaba su actitud para con el asunto.

.-“Por favor, Antonio, dentro no” le supliqué una vez más al tiempo que esta vez era yo quien trataba de salirme. Temí seriamente que no hiciese un coitus interruptus y quedar embarazada.

Pero Antonio me sujetaba fuerte de las caderas y continuaba follándome impasible ante mis palabras.

.-“Antonio, dentro no, por favor, dentro no” esta vez se produjo un auténtico forcejeo entre los dos. Yo porque veía por su forma de moverse que no tenía ninguna intención de salirse llegado el momento, y él porque estaba claramente por la labor de disfrutar hasta el final.

Para mi sorpresa Antonio se detuvo en seco. Dejó de moverse para alcanzar el bote de crema que reposaba sobre el mismo mueble de lavabo. Me miró a los ojos a través del espejo antes de salirse de mi interior, y para contemplar expectante mi reacción.

Yo quedé paralizada sin saber reaccionar, en gran medida porque me sentía aliviada de mis preocupaciones. Agradecí su gesto enormemente, no sabía muy bien lo que se pretendía, pero al menos se desvanecieron por un segundo mis temores respecto de quedar embarazada.

De nuevo mi cara debió ser un poema divertido para sus ojos, cuando me tuve que comprobar cómo se untaba sus manos de crema, y acto seguido se embadurnaba su polla de la leche hidratante.

.-“¿Qué haces?” le pregunté atónita cuando me fijé en que la crema que cogió era loción reafirmante “esa crema es muy cara” terminé por informarle de mi inocencia en algunos temas.

.-“Apuesto a que nunca te han dado por el culo” dijo al tiempo que me reclinaba sujetándome de por la nuca y me obligaba a retomar mi posición.

.-“Noooo…” grité cuando pude notar que Antonio dirigía la punta de su polla haciendo presión contra mi ano.

.-“No, por ahí, no” traté de resistirme, pero para mi desgracia durante el forcejeo, el colgante a mi cuello que me regalo mi marido para nuestra boda se enredó con el grifo del lavabo, lo que le otorgó a Antonio unos segundos esenciales para lograr su propósito.

Me sujetó fuerte de la cintura, y me introdujo la punta de su polla en mi ano lo suficiente para no salirse de nuevo.

.-“No te muevas o te dolerá aún más” ahora me retenía agarrándome del pelo de mi cabeza a una mano y reteniendo mis manos a la espalda con la otra.

.-“No, por favor, no me hagas daño” le supliqué indefensa.

.-“Tranquila, relájate, te gustará” pronunciaba reteniéndome a la fuerza y disfrutando con su superioridad.
Antonio comenzó a moverse, despacito, disfrutando cada centímetro que lograba dilatarme. Siempre atento y expectante.

.-“Para por favor, me duele, me duele” le imploraba encarecidamente porque se detuviese. Antonio no me hacía ni puto caso, estaba claro que pretendía

.-“Me haces daño, para por favor, me estás rompiendo el culo” le rogaba una y otra vez. Pero Antonio ni se inmutaba ante mis súplicas, al contrario cada vez me embestía con más violencia, e incluso comenzó a jadear y a bufar a mi espalda.

.-“Aayy, joder que daño” le pedía que se detuviese en cada arremetida.

De repente ambos pudimos escuchar el sonido de un móvil del otro lado de la puerta. Por el timbre supe que era el móvil de mi esposo. Sonaba en la cama del dormitorio, al otro lado de la puerta del baño. El sonido posiblemente despertaría a mi marido. Temí que nos descubriese.

Antonio también se quedó sorprendido al escuchar la melodía del móvil, pero reaccionó moviéndose aún más deprisa y con más ímpetu.

Yo solo tenía una preocupación en esos momentos y era que mi marido nos descubriese, así que impulsada por la urgencia le susurré a Antonio:

.-“Vamos cabrón, córrete” pronuncié a media voz temiendo que se escuchase del otro lado.

Antonio se movía completamente fuera de sí.

.-“Córrete cabrón, quiero que te corras” le musitaba a la vez que ahora era yo la que movía mi culo a un lado y a otro tratando de provocarle aún más placer aún.

.-“Joder Sara, menuda puta estas hecha” murmuró Antonio entre bufido y bufido al observar cómo me movía para él.

De repente los dos escuchamos del otro lado de la puerta la voz de mi marido que contestaba al teléfono.
.-“Si soy yo el dueño del vehículo” ambos nos estábamos enterando de la conversación de mi marido al otro lado.

Yo me quedé totalmente callada y en silencio en el mismo instante en que escuché la voz de mi marido atender el teléfono. Aguantando estoicamente el dolor que procedía de mi esfínter.

Antonio por su parte aceleró su ritmo regocijándose de la situación, disfrutando de mi miedo. Era como si le produjese una excitación especial el poder ser descubiertos, y enseguida pude notar en mi culo las primeras convulsiones de su polla.

.-“Si estamos dentro del hotel. ¿ah?, ¿qué la grúa ya ha llegado?. Enseguida bajo” pronunciaba en voz alta mi marido del otro lado de la puerta.

 Justo en ese momento pude escuchar unos bufidos apagados de Antonio a mi espalda a la vez que me arañaba las caderas y su polla se convulsionaba en notables espasmos en mis entrañas. Pude sentir como me llenaba por dentro de un líquido caliente y espeso.

.-“Si, por favor, dígale al de la grúa que estamos dentro y enseguida salimos. Gracias, muchas gracias señorita” mi marido puso la banda sonora al momento.

Una vez que Antonio dio el último espasmo en mi interior me incorporé rápidamente tratando de cubrirme.

Unos nudillos golpearon la puerta.

.-“Cariño, ¿estas ahí?” preguntó mi marido en voz alta.

Yo me enrosqué la toalla a toda prisa cubriendo mi cuerpo mientras que Antonio se subía la cremallera del pantalón.

.-“¿Sí que ocurre?” le respondí a mi marido.

.-“Han llamado del seguro, ya está aquí la grúa. Por cierto, ¿dónde está Antonio?” preguntó algo intrigado.

.-“Está aquí conmigo” dije abriendo la puerta y tratando de aparentar cierta normalidad. Pude ver antes de abrir como Antonio recogía mi tanga del suelo y se lo guardaba en un bolsillo del pantalón.

.-“Ah, hola” dijo mi marido al verse sorprendido por la presencia de Antonio en el baño a la vez que me miraba a mí con la toalla puesta.

.-“Nos están esperando abajo” dijo algo aturdido por las circunstancias.

.-“Oh, estábamos hablando aquí para no despertarte mientras me arreglaba” traté de excusarme ante mi esposo como si no pasase nada, “por qué no vas bajando las bolsas mientras me pongo el vestido. Creo que aún no se ha secado” terminé diciendo aparentando normalidad.

.-“Espera yo te ayudo” dijo Antonio “así Sara, podrá vestirse cómodamente sin mi presencia” dijo cogiendo a mi marido del brazo y sacándolo fuera del baño tratando de evitar que se hiciese más preguntas.
Yo me quedé sola en el baño. Me quité la toalla para comprobar cómo un líquido denso y blanquecino resbalaba de mi ano entre las piernas. Pensé que sería la loción reafirmante, pero al limpiarme con un trozo de papel higénico pude olerlo y comprobar que era esperma de hombre.

Mi ano estaba dolorido, me escocía. Notaba un picor extraño. Me dí crema antes de salir del baño tratando de aliviar mi maltratado esfínter. Por suerte el vestido del radiador estaba ya seco, así que me lo puse, y comprobando que no faltaba nada nuestro en esa habitación abandoné la estancia cerrando la puerta tras de mi.

Me costó recorrer andando los pasillos hasta la salida. Una vez llegué al hall del hotel pude ver como Antonio ayudaba a mi marido a cargar las bolsas en el maletero de nuestro coche al tiempo que una grúa procedía a subir nuestro vehículo por una plataforma.

Ya no llovía, todo estaba húmedo. Una vez terminaron de subir nuestro coche a la grúa, mi marido me hizo señas para que acudiera con ellos.

.-“Sube” dijo mi marido abriendo la puerta de la cabina de la grúa, “nos llevará hasta casa” concluyó sus indicaciones. Yo miré a Antonio para despedirme de él.

.-“Sara, ha sido un verdadero placer” dijo con cierto sarcasmo al tiempo que me daba un pasamanos al estilo de saludo de la realeza.

.-“El placer ha sido mío” dije sonriéndole, y dicho esto me subí a la cabina bajo su atenta mirada.

Durante el trayecto de regreso a casa agradecí que mi marido hablase todo el rato con el chófer de cosas triviales como el fútbol o el tiempo, por lo que no tuve que dar ninguna explicación al respecto. Por suerte al llegar a casa mi marido nunca preguntó nada, y por supuesto yo nunca le dije nada.

Ahora entiendo lo que quiere decir aniversario,

Y no es más que entregar el ano al adversario.



Besos, Sara.


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