viernes, 10 de abril de 2015

Me grabé con la web cam

Hola a tod@s,

Os dejo unos instantes de mi grabación con la web cam y el disfraz de princesa Leia. Espero que os guste,

video


Besos,

Sara.

miércoles, 8 de abril de 2015

Te lo tenía que contar

Hola a todo@s,

El otro día tuve que aguantar una aburrida cena de trabajo de mi esposo con otros compañeros suyos de trabajo y sus respectivas parejas. Ni que decir tiene que la velada era bastante aburrida, hasta que decidí encerrarme en el baño y quitarme mis braguitas.



No os podéis hacer a la idea de como cambio la cosa al menos para mí, de repente la noche se torno más excitante, sobretodo porque creo que me descubrió uno de los compañeros de mi esposo, aunque no estoy del todo segura. Así es más excitante ¿no crees?.

Besos,

Sara.

domingo, 22 de marzo de 2015

Con el disfraz de conejita Palyboy

Hola a todo@s,

Os cuelgo a petición de numerosos seguidores unas fotos con el disfraz de conejita del playboy que llevé en la fiesta de disfraces de mi amigo.






Besos,

Sara.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Algunas fotos con el disfraz de la fiesta

Hola Chico@s,

Aquí os dejo algunas fotos que me hice en el baño con el disfraz de princesa Leia. Espero que os gusten.























Besos,

Sara.

jueves, 12 de marzo de 2015

La fiesta

Aquel año no tuve tiempo de decidir los disfraces para la fiesta que todos los años organizaba nuestro amigo Julián con motivo de su cumpleaños, y al que le gustaba hacer coincidir con carnavales. Normalmente me encargaba yo de elegirlos, pero este año por falta de tiempo, cometí el error de dejar a mi esposo que se encargase él de escogerlos.

Julián es un amigo de mi esposo, empresario, soltero, al que le va muy bien en la vida. Tengo que adelantar que es algo excéntrico, en cierto modo se lo puede permitir. Como digo, suele coincidir la fecha de su cumpleaños con carnavales y de unos cinco años a esta parte, le gusta organizar una fiesta de disfraces para celebrarlo. Suele alquilar algún sitio donde poder invitar un ciento de invitados, 
entre amigos, familiares y compromisos de trabajo. Algunos años alquilaba algún chalet con servicio de catering, otros lo hacía en algún restaurante, otros en centros de convenciones, y este año tocaba en un lujoso hotel de la ciudad. Según le dijo a mi esposo era mucha la gente que venía de fuera este año y tenía alguna que otra sorpresa preparada. Incluso se ve que consideró la posibilidad de invitar sólo a los chicos, aunque al final no fue así.

El caso es que se trata de una excusa como otra cualquiera para reunirse los amigos de toda la vida al más puro estilo Julián. Junto a las navidades y otros acontecimientos, es en escasas fechas señaladas cuando suelen coincidir todos juntos a la vez. Los amigos de mi esposo siempre han sido siete, se conocían desde el colegio, pero por circunstancias de la vida se separaron geográficamente hablando. Fran se fue a vivir a Alemania y Joaquín a Francia. Pedro marchó a estudiar la carrera a Tenerife y Carlos se casó con una gallega. Paco era el único que se quedó junto a mi esposo en su ciudad natal. Luego estaba Julián, del que no sabría precisar dónde tenía su residencia.

.-“Mi despacho es el mundo” solía decir cuando lo veíamos porque paraba en su ciudad a visitar a la familia y los amigos.

En más de una ocasión nos había confesado que sabía del país en el que se encontraba por el servicio de despertador del hotel, dependiendo del idioma en que le hablasen al despertarlo, sabía dónde estaba.

Como podéis adivinar todos estaban casados, todos menos Julián, al que le caía cierta fama de mujeriego entre sus amigos, yo creo que en parte todos le tenían envidia, tanto por no estar comprometido con nadie como por su éxito profesional y económico.

Pero retomando nuestro asunto, de este año solo supe que la fiesta tendría lugar el sábado en un conocido hotel de cinco estrellas de nuestra ciudad, y no me preocupé de nada más hasta el mismo viernes en que llegué a casa por la noche.

Para los que no me conocen decir que me llamo Sara, tengo treinta y un años y estoy felizmente casada con mi marido desde hace unos años. Siempre he sido una mujer muy ardiente, con muchísima imaginación a lo que el sexo se refiere, lástima que mi marido no me corresponda la mayoría de las veces. Él es muy tradicional en ese sentido, siempre espera de mí que me comporte como una esposa recatada y decente no sólo en apariencia, sino también en la intimidad, y en ese sentido trato de satisfacerle aunque a veces me gustaría representar otros roles.

No me puedo quejar, es un buen esposo y mejor padre todavía, solo que a veces preferiría que no me respetase tanto. Vosotras ya me entendéis ¿no chicas?. Supongo que guardo mis fantasías para mis ratos de soledad y mi blog, cosa que me haría muchísima ilusión que visitases:

saragozaxxx.blogspot.com

Allí hay colgada alguna foto mía que espero que te gusten. Pero a lo que iba…

Era viernes por la noche, mi marido y yo ya habíamos acostado al niño y cenado, estábamos tumbados en el sofá del salón viendo la tele, cuando le pregunté por el disfraz que había escogido. Ni me había acordado en toda la semana hasta ese momento. Nada más preguntárselo a mi marido se emocionó muchísimo y se fue corriendo a nuestro dormitorio por los disfraces. Me sorprendió que se levantase tan rápido del sillón, pues siempre pone mil excusas cuando le pido que me acerque algo o  cuando el niño pide agua desde su cuarto. Para mi sorpresa regresó al salón risueño como un niño:

.-“Mira lo que he encontrado” dijo entusiasmado “Espero que te gusten” concluyó al tiempo que abría su disfraz de entre un montón de bolsas.

Lo cierto es que con tanto entusiasmo logró crear en mi cierta expectación…

Sacó la primera prenda de lo que era la bolsa de su disfraz: unas mallas negras que no dudó en quitarse el pijama para probárselas. Me hizo gracia, estaba algo ridículo tan solo con las mallas puestas. Luego se puso una especie de camiseta negra, por el momento pensé que se disfrazaría de ladrón o algo así.

.-“¿Qué es?” le pregunté intrigada.

.-“Espera y verás” me decía todo entusiasmado mientras se colocaba algún adorno.

Luego se puso una capa negra que me despistó respecto de mi idea original. De caco ya no podría ser el disfraz, en todo caso de Conde Drácula o algo así. Acto seguido se dio la vuelta dándome la espalda, no pude ver lo que se ponía hasta que dijo:

.-“Ahora viene lo mejor” y de otra de las bolsas extraía lo que era el casco del Darth Vader y se lo ponía para mayor de mi sorpresa.

.-“¡Como no!” exclamé nada más verlo disfrazado del malvado personaje de su saga preferida.
He de decir que mi marido es un freaky de la guerra las galaxias, lo colecciona todo, se lo ha visto todo, y se lo lee todo, por suerte no lo compra todo.

.-“¿Qué tal me queda?” preguntó al tiempo que se giraba un par de veces enfrente mío mostrando su disfraz totalmente entusiasmado.

Me llamó la atención que la careta venía incorporada con una especie de megáfono que distorsionaba la voz al estilo del personaje. Tengo que decir que era todo muy realista.

.-“¿Te habrá costado una pasta?” le pregunté sin mucho afán. Sinceramente le quedaba bastante bien. Tenía bastantes detalles, era bastante original además de realista. Enseguida me pregunté que habría elegido para mí.

.-“¿Y el mío?” le pregunté algo impaciente por saber que me había escogido.

.-“Ten, está aquí dentro” dijo al tiempo que me proporcionaba una de las bolsas “espero que te siente tan bien como a la protagonista”.

Abrí la bolsa impaciente. Normalmente suele venir una foto del disfraz en el exterior de la bolsa, pero en este caso no se veía nada, tan solo unas letras que ponía “Leia slave costume”. Lo de “slave” no me sonó nada bien.

“¿A ver que habría comprado el cabeza de chorlito de mi esposo?” pensé mientras lo habría.
Apenas había ropa en el interior de la bolsa.

.-“¿Qué es esto?” le pregunté al ver los adornos del interior.

.-“¿Recuerdas cuando Luck Skywalker tiene que rescatar a la princesa Leia y a Han Solo de las garras del perverso Jaba el Hutt en el Retorno del Jedi?” me preguntó encantado de escucharse a través del megáfono de su careta.

.-“Si” le respondí sin saber muy bien que tenía que ver todo eso con los cuatro adornos que tenía entre mis manos.

.-“No te lo vas a creer, he encontrado el traje de la princesa Leia en esas escenas” me dijo forzando su respiración dentro de la careta imitando al Darth Vader como si fuera un niño.

.-“Pero si la princesa Leía apenas lleva ropa en esas escenas” recalqué tremendamente sorprendida.

.-“Pues eso, seguro que estás muy sexy con el disfraz puesto” me dijo como si nada mirándose lo bien que le quedaba su traje frente al espejo y haciendo el tonto con la voz.

En esos momentos no supe si partirle la cara o mandarlo a la mierda. Me contuve a la espera de probarme el disfraz. Pero mi cabreo iba en aumento al comprobar que el top apenas tapaba nada de mis pechos. Indudablemente tuve que quitarme el sujetador para que quedase bien. Lo que terminó por enfadarme fue al probarme lo que se supone era la falda del disfraz. Apenas era un trozo de tela totalmente abierta por los laterales, de tal manera que la  tela cubría únicamente la parte central de la cintura tanto por delante como por detrás.

.-“¿No pretenderás que me ponga esto?” le dije al verme con el atuendo puesto.

Mi marido se giró extrañado. No podía verle la cara pero me la imaginaba.

.-“¿Por qué no?” me preguntó quitándose la maldita careta y mirándome de arriba abajo devorándome con la vista.

.-“Tú estás chalado ¿o qué te pasa?” le espeté preguntándome si realmente creía en lo que decía. Pensé que se trataba de alguna especie de broma.

.-“Vamos cariño” me confesó tratando de relajar el tono de voz “no sabes lo que me ponía en mi juventud observar a la Carrie Fisher con ese vestido cada vez que veía la peli. Me hacía unos pajotes de miedo. Siempre me reprochas que te llamo la atención cuando te pones mini o enseñas escote, y para una vez que quiero que te vistas para mi….además veo que a ti también te sienta de maravilla. Estas guapísima. Vamos no seas así y hazlo por mí…” concluyó su argumentación poniendo carita de niño bueno.

.-“¿Pero te has fijado que con este vestido no puedo llevar ni las bragas puestas debajo? ¡¡Que se nota absolutamente todo!!” pronuncié indignada mostrándole el elástico de mi braguita que asomaba por ambos lados.

.-“Seguro que encuentras una manera de solucionarlo” dijo como ignorando el problema al tiempo que se volvía a poner su máscara y jugaba con estúpidos cambios de voz como un chiquillo emocionado con su nuevo juguete.

Yo estaba totalmente encorajinada por lo que le oía decir, me quité definitivamente las bragas para que viese que ese “vestidito” no admitía mayor solución.

.-“¿Acaso quieres que todo el mundo me vea de esta manera, medio desnuda?” le pregunté al tiempo que le tiraba las bragas enfadada a la altura de su maldita careta negra.

.-“Vamos mujer, no es para tanto, además Julián seguro que te lo agradece?” me dijo mirándose de nuevo en el espejo haciendo el tonto.

.-“¿Por qué dices eso?” le pregunté ahora todavía más mosqueada.

.-“No te hagas la tonta” dijo despojándose de la capa como si nada “todo el mundo sabe que Julián anda loquito por ti, si incluso Fran llegó a decir en cierta ocasión que Julián no se casa porque no quiere estar con otra que no seas tú. Me tiene una envidia que no se tiene” concluyó con cierto aire de superioridad.

.-“¡Pero qué tonterías dices! Dile a Fran que es un bocazas. Siempre te llena la cabeza de gilipolleces. Y lo peor es que tu le haces caso como un imbécil” dije seria y enfadada por lo que acababa de escuchar.

.-“Bueno, pues que se joda Julián, que vea ese presuntuoso lo buena que estás y la suerte que tengo” dijo mi marido abrazándome de frente, a la vez que me daba un tierno beso en la boca tratando de sellar las paces.

.-“No sabes lo burrón que me pones con este vestido” me dijo entre beso y beso mientras me abrazaba. “Ha sido mi fantasía de toda la vida” me confesaba mi marido al tiempo que me acariciaba tiernamente por los brazos y por la espalda.

.-“Bueno ya veremos si me lo pongo” le dije deshaciéndome de sus abrazos “de momento me voy a lavar los dientes, y a meterme en la cama, estoy cansada, mañana ya hablaremos” dí por terminada la conversación.

.-“¿Te lo pondrás? Por fa” gimoteo en un intento desesperado medio suplicando.

 .-“No sé, que quieres que te diga, hace mucho frío para ponerme esto” dije al tiempo que salía del salón en dirección al baño.  

.-“Yo te calentaré” dijo mi marido dándome una palmada en el culo antes de que lo abandonase en el salón.

Me quedó claro que el que andaba caliente era él solo de verme con el vestido. Yo ya no tuve ganas de contestarle, estaba cansada como para rebatirle, tenía ganas de ir a la cama. Mañana sería otro día.
 Me miré frente al espejo del baño mientras preparaba el cepillo y la pasta de dientes. Desde luego era más que imposible que el vestidito me lo pusiese de esa manera. Sólo de reclinarme ante el espejo asomaban mis pechos por los laterales del top. Y qué decir de la falda, con cada descuido se me veía la fina tira de pelillos que decoran mi pubis y apenas me tapaba el culo.

 Sopesé la posibilidad de ponerme algún body de esos de cuerpo entero color carne o algo así debajo. Sería la única posibilidad.  Lo cierto es que aún  tenía tiempo por la mañana de apañar algo.

 Recuerdo que ya había terminado de lavarme los dientes y comenzaba a extenderme el limpiador facial por la cara, cuando mi marido abrió la puerta del baño y vino hasta mí agarrándome de la cintura por la espalda. Todavía llevaba puesto el maldito disfraz de Darth Vader. Por un momento pensé que no se lo quitaría ni para dormir. Por suerte se había quitado la máscara, aunque le llevaba en la mano. Luego se puso mimoso y me dijo:

.-“Lo siento mi vida, me hacía mucha ilusión vértelo puesto” pronunció al tiempo que se abrazaba a mi por la espalda y me daba tímidos besitos en los hombros. “No caí en la cuenta de que el disfraz no admite ropa interior debajo. De verdad que lo siento, no pensaba en esas cosas cuando lo ví en la tienda, tan sólo quería verte con él puesto, me hacía tanta ilusión…” dijo notablemente arrepentido por su elección.

.-“No te preocupes, cariño, buscaré una forma de arreglarlo. Tal vez pueda ponérmelo con algún body color carne o algo parecido” le dije dejándome acariciar para consolarlo en su desilusión.

.-“¿En serio?” me dijo de nuevo risueño como un niño  al tiempo que me abrazaba y acariciaba mi piel por todas partes.

.-“No te prometo nada” le dije cruzando mi mirada con la suya a través del espejo.

Pude comprobar un destello en su mirada al escuchar mis palabras, y me prometí a mi misma hacer un esfuerzo por tratar de adaptar el disfraz.

.-“Llevo soñando con esto desde que era un adolescente” dijo refrotando su paquete por mi culo a la vez que me abrazaba. De novios ya le gustaba jugar de esta manera conmigo. Era su particular forma de decirme que me tenía ganas.

.-“Ya veo, ya” dije comprobando su erección al tiempo que movía mi pompis contra su paquete dándole a entender que me había percatado de su estado de ánimo, y que yo me encontraba receptiva.
Lo cierto es que con el disfraz tan realista que llevaba puesto mi marido tenía cierto puntillo, hasta lo encontré sexy y todo.

.-“Si yo fuera Jabba el Hutt y tu mi esclava no sabes lo que te haría” susurró en mi nuca al tiempo que sus manos iban a parar a mi culo.

Estaba claro que me pedía guerra, y no de las galaxias precisamente.

.-“¿Ah sí?, ¿y qué me harías?” le pregunté dejándome acariciar por sus manos mientras que ahora era yo, la que buscaba el contacto entre su paquete y mi trasero. Debo reconocer que me estaba gustando seguirle el juego en su fantasía. Al menos sería algo novedoso en nuestra relación.

.-“Para empezar te tendría expuesta en todas las audiencias que viniesen a palacio para que viesen la tía tan buena que me beneficiaba” dijo acariciándome los pechos por encima del top mientras me besaba por el cuello.

Yo miraba su cara de salido a través del espejo. Estaba logrando ponerme algo más que a tono.

.-“¿Eso es todo?” le pregunté con carita de niña mala dejándome hacer. Me estaba agradando la situación. Era la primera vez en su vida que veía a mi esposo echándole imaginación al asunto.

.-“Desde luego, te haría estar todo el día paseándote medio desnuda delante de mí y de todo el mundo” dijo acariciándome con sus manos por todo el cuerpo al tiempo que notaba una vez más su miembro clavado en mi culo. No le recordaba una erección tan evidente desde hacía mucho tiempo.

.-“¿En serio?” volví a preguntarle cuan gatita mimosa “¿acaso te gustaría exhibirme desnuda ante todo el mundo?” terminé por decirle a la vez que entrecruzaba sus dedos con los míos y guiaba sus manos por todo mi cuerpo.

.-“Serías mi esclava” dijo él notablemente excitado por mis palabras, “estarías siempre dispuesta a mi antojo” pronunció deshaciéndose de una de mis manos y deslizando sus dedos por mi vientre hasta alcanzar la tela de la falda acariciando mi pubis por debajo.

.-“¿Y qué me harías?, ¿me venderías?” le pregunté excitada al notar como sus dedos jugueteaban con los escasos pelillos que guían el camino hasta mi sexo.

 .-“Luego te follaría a mi antojo, tendrías que estar siempre dispuesta a mis apetencias y a la de mis invitados” sus palabras se volvían más soeces conforme avanzaba en sus caricias y eso he de reconocer que me volvía loca.

Me estaba sorprendiendo satisfactoriamente, mi marido nunca se había comportado de esa manera y me estaba excitando muchísimo la situación. Por fin había algo de pasión e imaginación en nuestras relaciones, bienvenido sean pues los carnavales.

Ambos nos miramos a través del espejo y podíamos comprobar el estado de excitación del otro. Yo podía comprobar su enorme erección, y él pudo comprobar lo mojadita que estaba cuando su mano me acarició por encima de mis labios vaginales.

.-“Veo que a ti también te gusta” me susurró en la nuca al tiempo que uno de sus dedos se abría paso en mi interior.

.-“Uhm , uhmmm…” no pude evitar gemir al notar cómo me penetraba con su dedo.  Me incorporé tratando de facilitarle la labor, traté de acariciar su barba por encima de mi hombro a una mano, mientras con la otra palpaba su polla por encima del pantalón del disfraz.

Yo estaba muy cachonda.

.-“Te quiero” dijo al tiempo que comenzaba a mover su dedo en mi interior dejándose ya de jueguecitos. Me encantaba escucharle decir que me quería. Yo por mi parte cerré los ojos concentrada en el placer que me estaba proporcionando.

.-“Estas preciosa” o, “hay que ver cómo me pones”, junto con “te deseo mucho,… ” y cosas por el estilo que me decía totalmente excitado entre beso y beso por el cuello, o entre chupetón en lóbulo de la oreja y lengüetazo saboreando mi cuerpo. Sabe que no me puedo resistir a ese tipo de caricias.

.-“Vámonos a la cama” dije totalmente deseosa porque me hiciese el amor de una maldita vez. Había logrado su propósito, me había puesto cachonda, y me tenía entregada.

.-“No espera”, dijo antes de ponerse la máscara de nuevo, “prefiero que lo hagamos aquí frente al espejo” y dicho esto extrajo su miembro de entre su bragueta y haciendo a un lado la tela de mi falda procedió a golpearme con su polla en la piel desnuda de mi culo. Fui yo misma la que agarrándolo por los testículos acerqué su masculinidad  hasta situarla entre mis labios vaginales.

.-“Joder cari, no sabes cómo me tienes con la tontería” dije antes de ensartarme yo misma su polla en mi interior reclinándome aún más hacia atrás.

.-“SSssh,” chistó mandándome callar para luego pronunciar muy seriamente “¿Le gusta mi espada laser?, Princesa Leia” pronunció con su voz distorsionada por la careta al tiempo que comenzaba a culearme.

A mí me entró la risa al escuchar sus palabras, pero le seguí la corriente.

.-“Oh sí, señor Darth Vader, ¿Va a ser usted muy malo conmigo?” le pregunté con voz fingida entre mis primeros suspiros de placer.

.-“Sométete ante el reverso tenebroso” dijo esta vez muy solemnemente mirándome a través del espejo.

.-“No me haga daño, ¿le gusta así, mi amo?” le pregunté como buenamente pude entre gemido y gemido de placer al mismo tiempo que era yo quien se movía adelante y atrás. Ahora era yo quien me lo follaba, en vez de ser él quien me culease.

.-“Oh sí, que bien te mueves princesa” comenzó a jadear mi esposo fuera de control por la situación, dejándose llevar por mis movimientos y el morbo de la situación.

.-“Sabe amo…” le susurré mientras me movía frente al espejo “ni Han Solo, ni Luck Skywalker me han hecho sentir nunca lo que usted me llena” le dije al tiempo que me deshacía del top del disfraz y le mostraba mis pechos en el cristal.

.-“Princesa Leia…” me dijo “se mueve usted de puta madre” y dicho esto estrujo mis pechos con sus manos y aumentó el ritmo de nuestra follada.

Me hizo un poco de daño al principio, tengo los pechos muy sensibles, pero en cierto modo me agradó más que nunca su relativa brusquedad en las caricias.

Creo que estaba a punto de hacerme adicta a la maldita saga de la guerra las galaxias. Apenas había comenzado mi marido a moverse en serio y ya estaba a punto de correrme. Pronto mis gemidos comenzaron a inundar el cuarto de baño. Durante un par de minutos, una mezcla de apagados gemidos, el entrechocar de nuestros cuerpos, y una absurda respiración se apoderaron de la estancia sin palabras de por medio.

.-“Creo que me voy a correr” me costó articular palabra al faltarme la respiración.

.-“Sabe princesa…, me gustaría someterla por el  lado oscuro de la fuerza” pronunció mi marido al tiempo que jugaba con uno de sus dedos alrededor de mi esfínter.

.-“¿En serio?” le pregunté sorprendida. He de reconocer que me pilló desconcertada. Para nada me esperaba que el tradicional y pulcro de mi marido me pidiese practicar alguna vez sexo anal. Hasta la fecha nunca me lo había planteado, a decir verdad, nunca lo habíamos hablado. Yo daba por supuesto que no le agradaba, creía que le parecía escatológico y desagradable.

Mi marido respondió a mi pregunta estirando la mano hasta alcanzar el bote de crema hidratante que descansaba al lado del grifo, sobre la repisa del mismo lavabo en el que yo estaba reclinada.

.-“¿Por qué no?” pronuncié totalmente dispuesta a probar y entregada al morbo del momento.

Nada más pronunciar mi consentimiento pude sentir el chorro de crema fría que mi marido dejó caer a dos manos por mi espalda, y que resbaló por la espina dorsal hasta alcanzar el anillo de mi ano.
Mi marido se entretuvo en extender la crema en rededor. Reconozco que en esos momentos yo estaba tan tensa como excitada. Si hasta ese momento miraba a mi esposo a través del espejo para contemplarlo en su disfraz, en el preciso instante en el que pude sentir como hacía presión con uno de sus dedos contra mi esfínter, preferí cerrar los ojos y concentrarme en mis sensaciones.

Era todo puro morbo en esos momentos. Por primera vez en mi vida estaba dispuesta a dejarme sodomizar.

“Alguna vez tiene que ser la primera no?” me pregunté mentalmente al tiempo que apretaba mis dientes tanto como mis nalgas al notar la presión del dedo de mi esposo en zona tan delicada.

Chillé un poco cuando aprecié como su dedo se abría paso lentamente en mis entrañas. A pesar de haberme embadurnado la zona con crema hidratante a conciencia, me estaba doliendo.

.-“No, para, para, me duele” informé a mi marido quejosa. Mi cara de dolor debió de ser un poema.

.-“Mi vida, tienes que relajarte” dijo mi esposo sacando su dedo de mi interior.

Sentí rabia al notar como mi marido desistía de su intento tras comprobar que me estaba doliendo. Yo no soy una mujer que se dé fácilmente por vencida. Aquello además de doloroso me resultaba algo humillante, pero sobretodo un sentimiento se apoderaba de mí ser en ese momento: no iba a ser yo quien pusiese fin a ese momento. ¡No!. De ninguna de las maneras iba a ser yo quien dejase a mi esposo la puerta abierta del reproche. No estaba dispuesta a escucharle decir tonterías cuando fuese yo quien le propusiese alguna novedad. Ya me lo podía imaginar: que para que tratar de intentarlo, no merece la pena,  déjalo estar, y cosas por el estilo. Así que armándome de valor, y tragándome mi orgullo le dije:

.-“Vamos, inténtalo de nuevo” susurré abriéndome yo misma los cachetes de mi culo con ambas manos ofreciéndole una visión espectacular de mi palpitante esfínter.

Mi marido no se lo pensó dos veces. De nuevo la presión de su dedo en mi ano. Esta vez no me dolió tanto.

.-“Despacio” dije apoyándome de nuevo con mis manos sobre el lavabo, bastante más relajada.
Pude notar como su puño chocaba contra mis carnes, señal inequívoca de que su dedo había entrado todo cuanto podía. Luego comenzó a moverlo despacito, muy despacito, adelante y atrás como un par de veces. Las próximas dos veces lo movió un poco más aprisa.

He de reconocer que me dolía menos de lo que recordaba en el primer intento, al menos ahora era algo más soportable. El inexperto de mi esposo aceleró el ritmo animado por la urgencia, y yo abrí los ojos de par en par al notar cómo me estaba sodomizando con el dedo. De repente… 

.-“Buuuaaaaaahhhh” no me lo podía creer, el niño comenzó a llorar en su cuarto.

“No por favor, ahora no, por favor que se calle” pensé mientras lo escuchaba llorando en su habitación.

.-“Buaaaaahh, buaaaahhh” su llanto iba en aumento.

Mi marido se detuvo al escucharlo y me miró preguntándose que podíamos hacer. Ambos nos mirábamos el uno al otro maldiciendo nuestra suerte. Seguramente el niño nos habría escuchado y reclamaba su chupete.

Tras tres o cuatro llantos más todo el morbo se vino abajo. Fui incapaz de escuchar llorar a mi hijo, así que salí de la posición en la que estaba y fui al cuarto de mi pequeño a ver que le sucedía.
Había perdido el tete, se lo puse en la boca, pero seguía reclamando mimos. Desnuda y todo como estaba lo cogí en brazos para acunarlo. Le canté una nana para que reconciliara el sueño, y poco a poco se fueron relajando tanto el niño como el picor en mi ano. Primero dejó de llorar, y luego se quedó dormido de nuevo.

Desde luego tenía a quien parecerse, porque en que regresé al baño, pude comprobar que mi marido se había quedado dormido en la cama. No me quedó otra que ponerme el pijama y recostarme junto a mi esposo a la espera de conciliar también el sueño y descansar.

El caso es que cierto escozor en mi maltrecho esfínter, hizo que mi cabeza comenzase a darle vueltas y vueltas al asunto.

Estaba claro que no podía ir así a la fiesta. ¿Por qué había comprado entonces ese disfraz mi marido?. No me podía creer que pretendiese que me pusiera el disfraz tal cual.  ¿Por qué lo había comprado entonces?. ¿Y su cambio de comportamiento de hace un rato?. ¿En que estaba pensando cuando me propuso hacerlo por la puerta de atrás?. Vino entonces a mi cabeza las palabras que dijo acerca de Julián, y de su amigo Fran. ¡Que Julián me deseaba en silencio!. Nunca me lo hubiese imaginado, era impensable para mí. Era un buen amigo y punto. ¿Por qué había dicho entonces eso mi esposo?. Recordé sus palabras “que vea la suerte que tengo”. ¿Se trataba de eso, no?. ¿Era todo por pura envidia?. Me resistía a pensar que fuera de esa manera. No podía creérmelo, pero todo se me hacía raro, muy raro.

Quise desviar mis pensamientos tratando de pensar en otras cosas, pero no pude. Mi cabeza continuaba dándole vueltas al asunto. Recordé las palabras de Isabel el otro día juntas en la cafetería, cuando me dijo que su marido, Paco, le había insinuado que este año pretendían que a la fiesta de disfraces de Julián acudiesen solo los chicos. Al parecer les había pillado comentando por el whatsupp acerca de la posibilidad de que saliese una chica disfrazada de enfermera del interior de una tarta de cumpleaños y cosas así.

Conociendo a Julián lo veía capaz de eso y mucho más. Pero entonces, ¿porque no me lo había dicho mi marido y punto?. Tan sólo tenía que decirme que este año querían estar solos los amigos y ya está. Luego lo pensé mejor, le daba vueltas y vueltas. El calzonazos de mi esposo sería incapaz de atreverse  a decirme directamente lo de la tarta. Era incapaz de negarme la asistencia de ser todo eso era verdad. “Tontín, ya saldría yo de la tarta”, pensaba mientras trataba de conciliar el sueño.

Pero…¿y si fuera cierto?. Si todo era una maniobra de mi esposo para deshacerse de mí. No digo que no fueran otras chicas y esposas, ¿pero si lo que quería mi esposo es que yo no fuera?. Conociéndolo no lo veía tan descabellado. ¿Y si me había comprado el ridículo disfraz sabiendo que me enfadaría, le montaría un numerito, y me negaría a ir?. De eso si lo creía capaz.

¿Por qué? Me preguntaba. ¿por qué no quería que fuese?. ¿Qué motivo podía tener para que no quisiese mi esposo que fuera?. Le daba vueltas una y otra vez antes de conciliar el sueño.

Decidí que lo mejor sería mañana a la mañana salir a buscar un body de esos de cuerpo entero y esperar a ver las reacciones de mi esposo, y con eso rondando mi cabeza logré dormirme.
Para colmo tuve unos sueños extraños. De repente me veía en medio del desierto vestida de danza del vientre o algo parecido bailando en una especie de harem. Estaban todos los conocidos presentes, pero sobretodo podía visualizar a las mujeres de los amigos de mi esposo devorándome de envidia con la vista, porque era la preferida del jeque de la jaima. Salvo que el sultán era el malvado Dark Vader. Tras un rato de danza me toma de la mano y me guía hasta sus aposentos. De repente estamos en un palacio tipo Taj Mahal. El hombre de negro me tumba sobre la cama y comienza a hacerme el amor, cuando estoy a punto de correrme se desprende de la máscara, y resulta ser Julián quien me está haciendo el amor. Creo que chillé.

Justo en ese momento me despertó mi marido.

.-“¿Qué estabas soñando?” me preguntó al verme sudorosa.

.-“No sé, no recuerdo” le mentí. No quería darle explicaciones.

.-“Para no acordarte, y por tu manera de gemir parece que  estabas disfrutando bastante” dijo tratando de levantarse de la cama a preparar los desayunos.

.-“Idiota”  le dije tirándole el almohadón a la espalda “era una pesadilla” terminé por gritarle al tiempo que abandonaba el dormitorio en dirección a la cocina.

El caso es que nada más despertarme desayuné a toda prisa, le dije que ya tenía todo preparado para que nuestro hijo se quedase a dormir con sus padres, en casa de los abuelos, que yo saldría a buscar algo con lo que ponerme el vestido.

Busqué en un par de tiendas tipo Calzedonia y sitios así donde pensé encontraría lo que buscaba. Pero no había nada que se pareciese a algo tan simple como un body de cuerpo entero. Luego recurrí al socorrido Corte Inglés, pero nada, tampoco tenían. Un dependiente prepotente que me devoraba con la vista, me sugirió que tal vez tuviesen ese tipo de prendas en tiendas eróticas, pero que desde luego allí no tenían. Me sentó mal la forma en que me lo dijo, pero puede que tuviese algo de razón. Por suerte había una tienda relativamente cerca de dónde estaba.

Me dio mucha vergüenza preguntarle al dependiente, tuvo la misma mirada de baboso que el tipo del Corte Inglés. Y lo peor es que no tenía nada con la idea que yo llevaba en mente. Los bodys de cuerpo entero que tenía eran con motivos enrejados, y pensé que aún quedaría peor con eso puesto.
Así que decidí parar a tomar un café y pensar una solución. Retomé mis pensamientos de la noche anterior y me pregunté de nuevo una y otra vez porqué había escogido ese vestido el imbécil de mi esposo.

Trataba de atar cabos sueltos, y recordé las palabras de Julián la última vez que estuvo en nuestra casa cenando. Informó a mi esposo de que había coincidido con una tal Cristina en una reunión de negocios. Era manager en no sé qué empresa con la que de ahora en adelante tendría que tener bastante relación. Ambos se felicitaron por la coincidencia, pues la susodicha Cristina era una antigua amiga del grupo en su juventud. Al parecer era una especie de sex simbol dentro del grupo de amigos, debió de tontear con todos o al menos jugó con el corazón de todos a su antojo. Vamos, una loba de cuidado.

Recuerdo que Julián le comentó a mi esposo en mi presencia que igual la invitaba a la fiesta, y mi esposo se alegró muchísimo con la posibilidad de volver a verla. Enseguida surgieron los típicos comentarios entre ellos. “¿Aún tendría las tetas tan grandes?” se preguntaban el uno al otro “¿y el culo tan bonito?” Se reían de recordarlo.

.-“Mira que le sentaban bien los vaqueros” dijo mi esposo en esa ocasión.

Entonces lo entendí. ¿Y si no quería mi esposo que fuese porque Julián iba a invitar a esta chica?. Pero enseguida lo descarté. Mi esposo no me haría eso. Simplemente no pensó en nada cuando escogió el vestido, o pensó con el pito. Lo único que saqué en claro de esa mañana es que no iría a la fiesta con el disfraz que había elegido mi esposo.

A decir verdad cambié de opinión, de repente me di cuenta que no me apetecía mucho ir a la fiesta. Tendría la casa para mi solita. Me visualicé a mi misma en la bañera llena de espuma, con música relajante, cuidando mi cuerpo. Una sesión de palomitas viendo sola una comedia romántica. El plan tenía buena pinta. Así que de repente, y sin pensarlo mucho, decidí la forma en que quedarme sola en casa y disfrutar a mi aire. ¿No era eso lo que quería mi marido?.

Al llegar a casa le dije a mi esposo que habían llamado mis padres mientras estaba de compras. Que mi madre se había puesto muy mala y pasaría a verla a comprobar la gravedad de la enfermedad, de ser cierto lo que decía mi padre me quedaría a cuidarla un rato, y seguramente me perdería la fiesta.

.-“Que pena” dijo con eufemismo y poco entusiasmo mi marido. Por un momento creí que se alegró de que no fuese a la fiesta, lo que me mosqueó un poco.

Llegada la hora, mi marido se disfrazó y salió de casa. Yo simulé que me arreglaba para ir a casa de mis padres, pero en que mi marido salió de la puerta de casa, rellené la bañera con agua bien caliente, sales de baño y mucha espuma. Apagué las luces del baño y encendí algunas velas. Para terminar puse algo de música relajante.

.-“Qué bien, al fin la casa para mi solita” pensé al tiempo que me dejaba llevar por las sensaciones en el agua. Cerré los ojos. La velada tenía muy buena pinta. Toda la noche sola en casa, palomitas, comedia romántica, andar en bragas por la casa sin dar ninguna explicación, la calefacción a mi gusto, una bañerita con aceites y espuma. Vamos, en esos momentos estaba en la gloria.

Pero una vez con los ojos cerrados y mi mala cabeza comencé a darle vueltas y vueltas a mis preocupaciones. Ni aún así podía dejar de pensar en el tema del vestidito. ¿Por qué compraría ese disfraz mi marido?.

No sé por qué me imaginé a mi esposo tonteando con la tal Cristina. ¿y si le había salido bien la jugada? No pareció tener mucha pena cuando le dije que no lo acompañaría. Su actitud me dejó preocupada. De nuevo recordé los comentarios que hacían entre ellos al recordar a la Cristinita de los cojones. No la conocía de nada, pero mira que me caía mal la tía. Que si que tetas tenía, que menudo culo tan rico, que si mira que labios, que si tenía que hacer unas pajas de campeonato, y cosas por el estilo que con dos copas de más teníamos que aguantar el resto de esposas cada vez que los amigos iban bebidos y salía a colación la muy guarra .

Los celos se apoderaron de mi mente. Recuerdo que en esos momentos estaba con la cuchilla de afeitar  repasándome los pocos pelos que podía tener por las piernas. Me imaginé a mi marido borracho dejándose engatusar por semejante pedazo de zorra y me dio coraje. En un acto de rabia me pasé la cuchilla por el pubis rasurando esa parte de mi cuerpo.

.-“Seguro que regresa borracho, pues pienso buscar cualquier excusa para mostrárselo y dejarle con las ganas por estúpido” pensé mientras apuraba la zona con la cuchilla. Se lo tenía bien merecido por imbécil.

El caso es que cuando salí de la ducha y comencé a darme cremas por todo el cuerpo no podía quitarme de la cabeza la imagen de mi marido borracho coqueteando con esa bruja. Di por hecho que estaba sucediendo en esos momentos tal y como imaginaba.

No pude más, reconozco que estaba obsesionada. Debía salir de dudas, así que me vestí rápidamente con unos jeans y una camiseta y bajé al chino de debajo de casa a buscar algún disfraz con el que acudir a la fiesta. Ya en el ascensor pensé que lo mejor sería poder presentarme sin que me reconociesen, así podría espiar lo que hacía mi esposo sin mí en la fiesta. Pensé en algún tipo de disfraz con careta o algo así que me cubriese la cara.

Al llegar al chino no veía ningún disfraz con las ideas que llevaba, que fuese de mujer y con careta. Además todos los disfraces que  quedaban en la tienda eran bastante sosos. Todos menos uno de conejita de playboy que desde luego era bastante atrevido. Se trataba de un corsé negro palabra de honor en forma de traje de baño, con medias de rejilla y las típicas orejitas de la marca. Una pajarita por collar complementaba el atuendo. Aún ese disfraz enseñaba menos que el que había escogido mi marido. Desde luego podría llamar la atención sin enseñar nada a cambio. Al verlo en mis manos lo tuve claro, el muy cabrón de mi marido no quería que fuese, pero se iba a enterar.

El disfraz de conejita seguro que llamaba la atención, eso podía ser bueno a mis propósitos, tendría un montón de moscones con los que dar envidia y encelar a mi esposo. Además seguro que estaba más atractiva que la tal Cristina. La duda era como evitar que se me reconociese.

 Al ir a pagar en caja una niña le preguntó a la dependienta por maquillaje de fantasía. La pequeña había dado en el clavo. Recordé que la hija de una vecina nuestra trabajaba como animadora en un parque de esos de bolas infantiles, en la que en cierta ocasión había acudido con mi sobrina. A las niñas les  maquillaban la cara como si fueran gatos, payasos, felinos… todo tipo de maquillaje de fantasía cubriéndoles el rostro. Era justo lo que necesitaba.

Miré el reloj, eran ya cerca de las once de la noche, seguramente la vecina habría terminado ya de trabajar en el parque infantil y estaría en casa preparando los parciales de la universidad. No perdía nada por intentarlo, y si no, ya encontraría por internet algún video con el que maquillarme. Así que compré también otro juego de maquillaje de fantasía y fui directa a casa de la vecina.

Se sorprendió al verme en la puerta cuando llamé a su timbre, pero se alegró cuando le pedí el favor de ayudarme a pintarme la cara y maquillarme como una conejita. Tan sólo le dije que me gustaría que no se me reconociese. Por suerte no me preguntó más detalles, y no tuve que darle más explicaciones. Miramos algo en internet, vimos un modelo que podía adaptarse perfectamente a lo que buscaba, y nos pusimos manos a la obra.

Lo cierto es que dimos en el clavo con el maquillaje. Se notaba que tenía práctica. Primero pintó mi cara con una base toda de blanco que cubría mi cuello hasta la zona en la que iría la pajarita, luego dos triángulos rosados grandes sobre mis cejas, dos grandes círculos también rosados en las mejillas, los bigotitos, la nariz, los dientes de conejo destacados y algún que otro detalle más. Me miré en el espejo al acabar. Apenas se me reconocía. Le dí las gracias y marché a casa a disfrazarme lo más aprisa que pude.

Me probé el disfraz. El traje me sentaba realmente bien. Había acertado con la talla, salvo que las medias de rejilla me venían algo grandes, se me caían e iba molesta. Decidí sustituirlas  por un liguero y unas medias que tenía. Me daban un aire de puta que no me tenía. Al principio me sentí algo incómoda, pero me fui acostumbrando conforme me miraba en el espejo. De todas formas, eso era lo que quería ¿no?, llamar la atención. Por último, una levita de cuero larga para ir por la calle, y salí rauda y veloz hacia la fiesta.

Pasaba ya de medianoche cuando llegué al hotel, dejé el abrigo en el guardarropa y decidí perderme entre el gentío de la fiesta. Nada más quitarme la levita pude apreciar las miradas de los hombres alrededor clavadas en mi cuerpo, a pesar de ir acompañados de sus respectivas esposas y acompañantes. Enseguida pude ver el disfraz de Darth Vader de mi esposo, era único e irrepetible. Destacaba entre el resto de disfraces.

Un camarero pasó con una bandeja sirviendo champagne y tomé una copa a la espera de espiar lo que hacía mi esposo. Me llamó la atención que enseguida estuvo rodeado de tres o cuatro mujeres desconocidas para mí.

“Seguro que una de ellas es la tal Cristina” pensé mientras lo observaba en la distancia y le daba un primer sorbo a mi copa.

.-“A esta le comía yo el conejo” me tuve que escuchar el comentario que le decía un hombre de avanzada edad a otro en mi espalda. Por supuesto, su interlocutor le rió la gracia.

Yo me giré para ver quien había podido ser el que profiriera tan desafortunado comentario. Para mi sorpresa se trataba de un par de tipos, el uno disfrazado de Batman, y el otro disfrazado de bombero.

.-“Hola, ¿tú debes ser amiga de Julián?” me dijo el personaje disfrazado de bombero tratando de iniciar una conversación muy seguro de su atractivo.

.-“Supongo que como todos los que estamos en la fiesta ¿no?” le respondí como dándole a entender que su preguntaba había sido un poco estúpida. “Por cierto ¿habéis visto a Julián?” les pregunté al echar en falta al anfitrión.

.-“No” dijo ahora el disfrazado como de Batman “apareció al principio de la tarde para dar el discurso de bienvenida, y ya no lo hemos vuelto a ver” dijo en evidente estado de embriaguez.

.-“Al parecer su avión se había retrasado, desde luego no estaba disfrazado cuando habló, se excusó diciendo que iba a una habitación a disfrazarse, y desde entonces no lo hemos vuelto a ver” argumentó ahora el bombero.

En ese momento alcé la mirada para ver qué es lo que estaba haciendo mi esposo. Durante este tiempo de conversación con Batman y el bombero lo había perdido de vista. Mi sorpresa al verlo es que estaba hablando muy acaramelado con una mujer disfrazada de Superwoman, y  que por la descripción encajaba perfectamente con Cristina. Me enfurecí al verlos coquetear tan descaradamente en medio de todo el mundo. Aparté a un lado a mis interlocutores y me dirigí enrabietada a decirle cuatro cosas a mi esposo.

Pero en el camino Ana y Paloma se cruzaron delante mío. Eran las esposas de Fran y Joaquín respectivamente. No sé porqué me detuve como paralizada por un sexto sentido. Pasaron justo por delante de mí hablando de sus cosas sin saludarme. Eso quería decir que no me habían reconocido.
“¿Sería posible que no me reconociesen?” pensé mientras apuraba mi copa de champagne y las veía alejarse en dirección a la barra.

Tal vez debía esperar algo más a decirle cuatro cosas a mi esposo, al fin y al cabo tan solo estaba hablando, algo mimosos sí, pero hablando. Me lo pensé mejor, quedaría fatal ante todo el mundo si le montaba un numerito de celos, y lo peor de todo es que le daría la razón a la guarra de su acompañante. Por otra parte, debía tratar de continuar pasar desapercibida. Seguía sin creerme que Ana y Paloma no me hubiesen reconocido. Debía salir de dudas, debía comprobarlo.

Me dirigí al bar dispuesta a pedir una copa y situarme a su lado con la intención de comprobar si me reconocían o no. Cuando llegué a la barra ellas estaban hablando de sus cosas. Me puse a la espalda de Ana, y pedí un gin tonic. Luego miré a Paloma que quedaba enfrente de mí. No me dijo nada, es más, me miró como con desprecio por ir disfrazada de forma tan vulgar. He decir que Paloma es de esas niñas pijas que miran a todo el mundo por encima del hombro creyéndose superiores. Una cosa estaba clara, no me habían reconocido.

Traté de hacer oído a ver de qué estaban hablando. Para mi sorpresa descubrí que estaban hablando de Julián.

.-“Como te digo Paloma, desde aquella vez que nos acostamos ya no ha vuelto a ser el mismo conmigo. Me rehúye, me esquiva y apenas habla conmigo. Cuando coincidimos tan sólo habla con su amiguito del alma ignorándome por completo” escuché que le decía Ana a su compañera.

No me podía creer lo que estaba oyendo, me acerqué aún más a ambas para escuchar bien lo que se decían.

.-“¡Qué cabrón!” dijo ahora Paloma, “a mí me hizo lo mismo. Es como si después de conseguirte como a un trofeo, luego te abandonase en una vitrina” dijo algo indignada.

Yo no podía creer lo que decían.

.-“Bueno…” le replicó ahora Ana “yo me dejo usar siempre que quiera” dijo en evidente estado de embriaguez.

.-“¡Con semejante instrumento que se gasta el bueno de Julián, ¿quién no?” le siguió el juego Paloma al tiempo que ambas reían.

Yo me quedé realmente asombrada de lo que acababa de escuchar. Pero mi sorpresa fue en aumento cuando escuché de nuevo a Ana…

.-“Por cierto, ¿has visto a Sara?” le preguntó Ana a Paloma.

.-“No la he visto en toda la noche” le respondió Paloma “ni a Sara ni a Julián” concluyó en un tono de voz como insinuándole algo a Ana.

.-“Seguro que están follando como locos en alguna habitación” soltó Ana de golpe y porrazo para mi estupor.

.-“Seguro…” continuo Paloma “Sara siempre le ha gustado a Julián. Se la come con los ojos cada vez que la mira. No entiendo como ella no se ha dado cuenta” terminó por decir.

.-“No sabe lo que se pierde” dijo Ana que iba bastante bebida por su tono de voz. Ambas reían de nuevo tras el comentario.

Yo las miré estupefacta, por un momento pensé que lo decían en broma, que me habían reconocido, y que exageraban todo para burlarse de mí. Pero la mirada que me lanzó Paloma como diciendo ¿tú qué coño miras?, terminó por desengañarme al respecto.

Decidí que lo mejor sería alejarme, no fuese que terminasen por reconocerme y fuese peor. Así que cogí mi gin tonic y marché de allí.

Necesitaba organizar en mi cabeza todo lo que me estaba ocurriendo. No podía creer lo que acababa de ver, ni lo que acababa de escuchar, ni nada cuanto sucedía en esa fiesta, era todo como un mal sueño.

Debía ordenar mis sentimientos en ese momento. Resulta que mi marido se las había ingeniado a base de bien para venir solo a la fiesta, y que no era tan mosquita muerta como creía. En consecuencia me lo encuentro tonteando con todas las que se le acercaban. Encima me entero que el bueno de Julián se había acostado con las esposas de todos sus amigos, y para colmo tengo que escucharme que al parecer está enamorado de mí de toda la vida. No llegaba a creérmelo. Julián siempre se comportado como un buen amigo, no podía ser cierto cuanto murmuraban de él. Me bebí el gin tonic casi de trago absorta en mis pensamientos, y claro, me entraron ganas de orinar.

Una vez en baño me tuve que contemplar mi pubis rasurado, que me recordó que lo más sensato en esos momentos era ocuparme de mi marido. Aislarme me ayudó a recobrar la calma y establecer mis prioridades. Llegué a la conclusión que debía olvidarme de Julián y el resto de esposas, ahora tenía un problema mucho más importante del que ocuparme: Averiguar qué tipo de persona era verdaderamente mi esposo en ese mundo paralelo que acababa de descubrir en mi entorno de gente de confianza. Debía despejar la más mínima duda de si todo había sido una estratagema por su parte para librarse de mí, y tener vía libre para ligar con el sueño de su infancia, la supuesta Cristina esa.
Cuando regresé a la fiesta pasé junto al bar y decidí que otro gin tonic no estaría mal. Lo que pude ver desde la barra no me gustó lo más mínimo. Mi esposo estaba no solo hablando, sino que ahora estaba bailando junto a la misma mujer en una actitud algo más que mimosa.

No pude más, debía salir de dudas. Los celos me estaban comiendo por dentro. Así que me acerqué hasta ellos, y me puse a bailar a su lado con la intención de que fuese mi marido quien me dijese algo sorprendido por verme, sobretodo sorprendido por haberlo pillado in fraganti bailando tan acarameladamente con su compañera.

Pero para mi sorpresa, nada más situarme a su lado bailando, tan solo me miró un par de veces a través de su careta de Darth Vader, sin llegar a decirme nada, y continúo bailando con su compañera como si nada.

Dudé si me había reconocido o no. ¿Sería posible que mi propio esposo no me hubiese reconocido?. ¿Y sí me había reconocido y trataba de jugar conmigo?.  

“Con que esas tenemos ¿eh?” pensé. “¿Así que quiere jugar?, pues se va a enterar” y por mi parte continúe bailando a su lado esperando que se cortase un poco en su actitud.

 Como el salón estaba lleno de gente y la música lo invadía todo, enseguida me vinieron a ofrecer tragos dos o tres hombres y a sacarme a bailar. Decidí aceptar la invitación de mis pretendientes tratando de encelar a mi marido, quien parecía ignorarme. ¿Era a lo que estaba jugando él, no?. Así que me animé a bailar con alguno de mis nuevos pretendientes.

Por supuesto, traté de llamar la atención de mi esposo, que continuaba bailando como si nada con la supuesta Cristinita disfrazada de Superwoman. Con el paso del tiempo los hombres hacían cola para bailar conmigo. Aunque no podía verlo bien porque estaba oculto bajo su máscara, seguro que había llamado la atención de mi propio esposo, que  seguía sin decirme nada, como dejando seguir el juego.

Con el transcurso del tiempo me preguntaba si sería verdaderamente posible que mi marido no hubiese reconocido a su propia esposa. Yo no me lo podía creer, si me había reconocido era un imbécil, y si no también. ¿Por qué entonces no me decía nada?. ¿Sería posible que le hubiese fastidiado que me presentase sin avisarle?. De repente un tipo me tocó el culo descaradamente a la vista de todo el mundo.

.-“Menudo conejito más suave” pronunció el tipo al tiempo que me tocaba el pompón blanco al final de mi espalda.

Era imposible que mi marido no lo hubiese visto y no le dijese nada. Yo me quedé mirando al osado con cara de pocos amigos por haber sobrepasado el límite de lo permitido. De hecho estuve a punto de arrearle un bofetón, pero por suerte un tipo mayor, cincuentón, disfrazado de Casanova y que lo observó todo, intervino acertadamente solicitándome bailar, y dejando transcurrir como si nada la violenta situación que acababa de suceder.

.-“Gracias” sentí la necesidad de agradecer sinceramente su actuación al Casanova con el que ahora me encontraba bailando.

Desde luego me había rescatado de tan incómoda situación, cosa que ni mi propio marido había sido capaz de hacer. Para colmo continuaba bailando con su compañera como si nada hubiera ocurrido.
Solo encontraba una explicación, efectivamente mi marido no me había reconocido, y además el muy imbécil sólo tenía ojitos para la guarra de Superwoman. Pero mira que estaba siendo imbécil, desde luego solo sabe pensar con la bragueta.

Tanto si me había reconocido como si no, decidí corresponderle a mi marido con la misma moneda con la que me estaba pagando. Cada canción que sonaba y mi marido continuaba sin decirme nada, yo le permitía a mi Casanova algo más de contacto y roce entre nuestros cuerpos.

Estaba claro que mi Casanova me deseaba y quería acostarse conmigo. El tipo no desaprovechaba la más mínima oportunidad para mirarme el escote o acariciarme allí donde le dejaba.

El caso es que allí estábamos los cuatro en medio de la pista de baile, Darth Vader bailando con Superwoman, y Casanova tratando de seducir a una conejita del playboy.

La verdad es que desconozco cuantas canciones estuvimos bailando tanto mi esposo como yo, el uno junto al otro, pero cada uno con sus respectivas parejas, sin intercambiar palabra, tan solo algún cruce de miradas de vez en cuando.

Por otra parte, subestimé a mi Casanova. Resultó ser un hombre con cierta experiencia en este tipo de situaciones y enseguida alertó que ocurría algo entre Darth Vader y yo, supongo que se dio cuenta por las miradas que le lanzaba a mi esposo, así que jugando bien sus bazas en un momento dado me preguntó:

.-“Puedo invitarte a una copa” y antes de que pudiera responderle me cogió de la mano y tiró sutilmente de mi cuerpo en dirección a la barra. Tampoco pude o no quise resistirme a su invitación.

Por suerte al llegar a la barra del bar había un taburete libre, muy galantemente me cedió el asiento.

.-“Gracias” le agradecí por segunda vez, “estos tacones me están matando”, le dije al tiempo que me acomodaba en el asiento cruzando mis piernas.

Pude advertir que desde su posición le ofrecía una visión espectacular de mis piernas y de mi escote.

 .-“¿Le puedo preguntar cómo se llama?” preguntó Casanova al tiempo que me besaba en el torso de la muñeca, al estilo recepción de pasamanos, simulando muy bien su papel.

.-“Me llamo Sara” dije sorprendida por su gesto.

.-“¿Y a qué puedo invitarte Sara?” me preguntó caballerosamente.

.-“Oh un gin tonic estaría bien, a ser posible Martin Millers con fever tree, nada de limón, por favor, con enebro es suficiente” dije en plan chica James Bond.

.-“Me alegra saber que eres una mujer de gustos exquisitos. Suena bien eso que dices, me pediré otro” y dicho esto se giró para pedirle las consumiciones al camarero.

.-“¿Y tú?, aún no me has dicho cómo te llamas” le pregunté a mi acompañante.

.-“Perdón, ¿no te lo he dicho?, mi nombre es Bruce” dijo acercándose para darme dos besos en la mejilla, gesto que aprovechó para apoyar su mano sutilmente sobre mi pierna cruzada superiormente.

.-“¿De dónde eres Bruce?” le pregunté sorprendida al escuchar su nombre y no apreciar ningún tipo de acento anglosajón en su pronunciación.

.-“Soy de Florida, Estados Unidos” dijo repasándome con la mirada observando mi reacción.

.-“¿Y qué hace un tipo de Florida en una fiesta de disfraces como ésta, aquí, en España?”  le pregunté movida por la curiosidad.

.-“Digamos que tengo negocios en común con un tal Julián, ¿lo conoces?” me devolvió la pregunta tratando de ser él quien obtuviese información sobre mí.

En esos momentos la pregunta me resultó más difícil de contestar de lo que me parecía. Supongo que sí, que lo conocía, y así se lo hice saber.

Estuvimos hablando durante un largo tiempo. Bruce aprovechaba la más mínima ocasión para acariciarme la pierna más cercana a su posición y sobretodo mirarme el escote.

Era un tipo de conversación agradable, tenía un registro amplio de temas, siempre enfocaba la conversación intercambiando buen humor e indirectas. No perdía la ocasión de halagarme por mi belleza y aprovechaba la menor excusa para piropearme.

Debimos beber unas cuantas consumiciones durante nuestra conversación. Antes de apurar la copa de mis manos, se volvía a la barra para pedir otra Martin Millers con fever tree, y lo cierto es que logró su propósito, yo estaba algo más que contentilla por los efectos del alcohol. Recuerdo que en una de las veces miré a mi esposo en la distancia y ahí estaba, disfrazado del Darth Vader coqueteando con la Superwoman, que con el transcurso de la noche y las copas de ambos, aprovechaba el menor descuido para refrotarle las tetas a mi esposo.

Sentí rabia, mucha rabia, y de repente quise llamar su atención para que se fijase en mí, sobre todo si no me había reconocido. Así que me sentí con manga ancha para actuar a mi antojo. Utilicé para mis propósitos al pobre Casanova que estaba representando a la perfección su papel.

.-“Me apetece bailar ¿a ti no?” le dije a mi acompañante en cuanto tuve ocasión. De nuevo me situé en la pista de baile al lado de Darth Vader y Superwoman.

Me pasé tres pueblos cuando nada más situarnos donde yo quería metí un dedo en mi copa y con una sonrisa traviesa puse un par de gotas sobre mi escote, resbalando por mis senos hacia el encaje de mi vestido. Al pobre Casanova se le salían los ojos. Aquello era sin duda una declaración de intenciones. Para colmo comencé a moverme de forma muy sensual en mi forma de bailar, con movimientos de alto contenido sexual

Recuerdo que llegó un momento en que los disfraces masculinos se arremolinaban a mi alrededor observando mis movimientos y esperando la oportunidad para bailar conmigo. Pero yo me dedicaba a bailar con mi Casanova el cual disfrutaba el baile de lo lindo.

Con el paso de la noche perreaba con él siempre que la música lo permitía y él aprovechaba para meterme mano con la menor excusa. Me toco el culo y los pechos a su antojo varias veces buscando el roce, y yo me dejaba hacer. Procedía siempre con cierto disimulo, aunque todo el mundo a nuestro alrededor se daba cuenta de ello. He de reconocer que yo también me encontraba algo cachonda por la situación y tanto toqueteo. Hasta que un comentario a mi espalda me hizo regresar a la realidad.
.-“Esta tía debe follar como los conejos” y de repente me acordé de mi marido.

Hacía tiempo que no lo veía, caí en la cuenta que no estaba entre el público que presenciaba mi espectáculo, y por lo tanto ya no me interesaba provocar más numeritos. Decidí salir a buscarlo.
Temí que no se hubiese ido solo de la zona de baile. Casanova intentó retenerme pero muy a su pesar le dí calabazas. En esos momentos sólo tenía una preocupación y era encontrar a mi marido. Me daba igual todo lo ocurrido anteriormente entre él y superwoman, Casanova se lo había puesto fácil al imbécil de mi marido, yo estaba muy cachonda, y tenía unas ganas locas de follar. El mundo se podía ir a la mierda en esos momentos, yo no veía la hora en la que entrar por la puerta de casa y hacer el amor con mi marido. Luego ya vendrían las explicaciones y los reproches. Ahora premiaba la necesidad y la urgencia, debía encontrarlo. Anhelaba además que estuviese solo.

Lo busqué entre la sala de baile, pero no lograba verlo por ninguna parte. Busqué y busqué sin encontrar, hasta que me convencí que allí no estaba. Su traje era bastante llamativo. Por unos momentos tuve cierto ataque de celos. Estaba al borde de un ataque de nervios. ¿Y si se había subido a alguna habitación con la guarra que venía acosándolo toda la noche?. Era un tonta por no haber detenido la situación a tiempo, debía haberle plantado un beso en todos los morros nada más verlo y no andar por ahí pensando estupideces, y dedicarme a tontear con desconocidos. La estúpida era yo por no haber detenido todo eso a tiempo. Necesitaba dar con él de una vez por todas. 

Al fin lo encontré.

Respiré profundamente cuando ví que estaba solo. Se encontraba sentado en uno de los bancos del jardín tomando una copa mientras miraba al cielo. Conozco a mi marido, sé que cuando huye de la multitud es porque se encuentra melancólico. Tontín, ¿me estaría echando de menos?

Me acerqué a él muy contenta por haberlo encontrado solo, y me senté en su regazo sorprendiéndole con mi presencia.

.-“Ya era hora ¿no?. Al fin te encuentro sólo. ¿Qué pasa no te has podido quitar a todas esas busconas de encima?” dije con expresión de alegría al tiempo que me sentaba sobre sus piernas y lo abrazaba rodeando su cuello entre mis brazos. Él me miró como extrañado. Bueno, no lo pude ver porque llevaba la careta de Darth Vader, pero lo conozco perfectamente, y por sus gestos supe que le sorprendía verme a pesar de tener la cara cubierta por la máscara.

.-“¿Por qué me miras así?, ¿acaso te sorprende ver a tu mujercita en la fiesta?, ¿qué pasa no me has reconocido en toda la noche?”, le dije al tiempo que tomaba su copa de la mano pues necesitada por beber un trago más en la noche. Me sorprendió que se hubiese pedido un gin tonic, a él no le gustan. Siempre me tildaba de “pijotonica” argumentando que eso era una moda pasajera como otra cualquiera. Él era más de ron con coca cola.

.-“¿Gin tonic?, ¿desde cuándo te gusta el gin tonic?”, le pregunté al tiempo que le apuraba la copa en un nuevo trago. Reconozco que la bebida ya no  causó en mi mayor efecto del que ya llevaba encima. A esas alturas estaba muy, pero que muy perjudicada.

.-“Sabes…” le dije abrazándome a él en plan mimosa cruzando mis piernas sobre su regazo y a punto de hacerle una confesión, “llevo toda la noche observándote, y estoy muy orgullosa de ti. He visto como rechazabas a la guarra de la Cristina esa. No creas, te he visto. Sé que te andaba buscando toda la noche. Debo confesarte que por un momento creí que caerías en su trampa, eres tan ingenuo a veces”. En esos momentos creo que se dio cuenta de que estaba algo más que borracha. Era evidente que me temblaba la voz y estaba muy parlanchina. Por mi parte continuaba hablando sin dejarle articular palabra.

.-“Pero te quiero, me alegro mucho de que no hicieses nada” dije dándole un pico en la boca aunque fuese a través de la maldita máscara de Darth Vader.

.-“Por cierto…¿te gusta mi nuevo disfraz?” le pregunté al tiempo que acariciaba su pecho. Mi esposo asintió con la cabeza sin decir nada.

.-“Lo sabía, sabía que te gustaría. Ya sé que no es el que tú me compraste. Reconoce  que era una pasada de atrevido, no podía venir con él. De no ser que quisieras que tu mujercita anduviera enseñándolo todo por ahí, ¿verdad que no?.  No te preocupes, ya me lo pondré cuando estemos a solas en casa. No me negarás que este disfraz  tampoco está mal ¿eh pillin?. Si supieras como me miraban ahí dentro, se me comían más de tres y de cuatro con los ojos. Y tu ahí sin hacerme caso, eres tan tontín a veces…” Yo me confesaba ante mi esposo sin dejarle meter baza en la conversación, a la vez que me ponía más cómoda en su regazo. Continuaba hablando sin parar y él permanecía callado escuchándome. Vamos, más o menos como siempre.

.-“Venía con unas medias de rejilla, que me venían algo grandes e incómodas, pero he pensado que estaría mucho más sexy con el liguero que me regalaste para las navidades pasadas. ¿Te gusta cómo me queda?” le dije al tiempo que me recolocaba las medias tratando de llamar su atención.

Hasta ese momento el Darth Vader sobre el que estaba sentada me abrazaba con sus manos alrededor de mi cintura, y de algún modo me apeteció que me acariciase las piernas. Necesitaba de sus caricias. Cogí una de sus manos y la guié hasta la zona donde termina la media, donde mi piel se desnuda, en la zona más alta y suave de mis muslos.

Evidentemente hizo falta poco, para animar a mi marido que comenzase a acariciarme la pierna en esa zona.

.-“Sabes…” le dije en evidente estado de embriaguez dejándome acariciar. “Creo que he bebido demasiado” le confesé al tiempo que me reclinaba sobre su pecho, abrazándome alrededor de su cuello y facilitándole la labor para que me acariciase no solo las piernas sino también gran parte del culo.

.-“Creo que además voy algo cachonda. Te veo ahí con el disfraz, y tengo unas ganas locas por acabar lo que empezamos ayer. Continuaría donde lo dejamos  aquí mismo” le susurré cariñosa al oído con voz sensual, con la clara intención de poner a mi marido cachondo. Deslicé mi mano muy lentamente desde su pecho hasta su entrepierna.

.-“Huy, ¿pero esto qué es?” dije cuando comprobé el estado de su miembro. “Ten cuidado con esa espada laser, no vayas a hacerte daño” le susurré cual gata en celo mientras le sobaba el paquete por encima del disfraz. Mis caricias dieron pie a que mi marido me correspondiese metiéndome mano por todas partes.

Durante un rato estuvimos en silencio acariciándonos el uno al otro. Logró ponerme muy cachonda. A decir verdad ya lo estaba desde hace un buen rato, tanto toquiteo en la pista de baile con mi Casanova había ayudado lo suyo. Además apreciaba el terrible bulto que le había provocado a mi marido y aún me ponía más cachonda, desde luego estaba empalmado como un burro, hacía tiempo que no le recordaba una erección tan notable.

.-“Sabes…” le susurré con voz sensual al tiempo que ambos nos metíamos mano, “estas muy misterioso con esa máscara. Tiene un algo que me pone” pronuncié al tiempo que cogía una de sus manos y la guiaba hasta uno de mis pechos.

Mi marido me estrujo el pecho de forma tosca y ruda, no con la sensibilidad a la que me tiene acostumbrada.

.-“Ya veo que tu también vas muy cachondo” le dije pensando que sus brutas caricias eran fruto del desenfreno. Además, por mi parte continuaba sobando su miembro por encima de la tela del disfraz mientras permanecía sentada en su regazo.

.-“Hay que ver como estamos los dos. ¿Porque no vamos a casa a terminar lo de ayer?” le susurré nuevamente al oído evidenciando que estaba deseosa de hacer el amor con él.

Mi esposo por su parte continuaba metiéndome mano por todas partes, de forma ya muy descarada. Su respiración comenzaba a ser muy agitada bajo la máscara. No sé porqué a mi me ponía muy cachonda escuchar el sonido de su respiración.

.-“Sabes… te tengo tantas ganas esta noche…” ambos habíamos sobrepasado a esas alturas ampliamente el punto de lo decente en nuestras caricias. Mi marido tan sólo se dedicaba a meterme mano en silencio por todas partes mientras yo me dejaba hacer.

.-“Quiero que volvamos a intentar lo de anoche, ¿lo oyes?”. Creo que yo nunca había estado tan caliente como en ese momento. Estaba ya fuera de mi, incluso me excitaba a mi misma susurrándole vulgaridades al odio.

.-“Llévame a la cama, me oyes, no puedo más” le dije comprobando como el bulto de su entrepierna crecía entre mis manos con mis palabras.

.-“Me tienes muy cachonda” le dije mientras le daba tímidos besitos por encima de la máscara.

.-“Vamos, vámonos a casa, no aguanto más” continuaba susurrándole mientras el no dejaba de meterme mano. De seguro que estábamos llamando la atención en el jardín.

De repente mi marido paró en sus caricias, echó una de sus manos al bolsillo, y rebuscó entre los recovecos de su disfraz de Darth Vader, hasta mostrarme lo que parecía una tarjeta entre sus dedos. Al principio no supe muy bien a que venía eso. Luego pude apreciar que la tarjeta era la llave de una habitación del hotel. He de reconocer que me sorprendió muchísimo que tuviese una llave de habitación, no descarté que Julián les hubiese dejado más de una a sus amigotes. Además dado mi estado en esos momentos me importó poco de dónde hubiese podido salir la llave, tan solo acerté a preguntar:

.-“¿Es eso lo que me temo que es?” le dije mirando sorprendida a mi marido. El asintió con la cabeza en silencio.

.-“Subamos, no puedo esperar a casa” le dije poniéndome en pie y cogiendo a mi marido de la mano camino del hall del hotel.

Durante el corto recorrido me recompuse las ropas, sobre todo las medias del disfraz. Al llegar al hall del hotel fue mi marido quien tomó la iniciativa guiándome hasta los ascensores que daban lugar a las habitaciones. Nada más abrirse las puertas del ascensor un botones nos preguntó por el número de planta al que nos dirigíamos.

.-“305” dijo secamente mi marido con una voz fingida a través de la máscara que distorsionaba aún más la frecuencia. Su voz me sonó un poco ronca y forzada lo que provocó mi risa tonta ante la calma tensa y el silencio que se acumulaba en ese ascensor.

El elevador, a mi parecer, subía despacio. Durante el trayecto el botones se situó de cara a la puerta dándonos la espalda, y yo aproveché para situarme disimuladamente delante de mi marido y refrotarle el pompón de mi colita por su paquete. Él aprovechó para sobarme el culo, lo que provocó que soltase otra risa tonta por las caricias a espaldas del muchacho. El pobre botones estaba algo mosqueado, pero se comportó en todo momento correctamente.

Al fin llegamos a la planta. Las puertas del ascensor se abrieron. Seguramente el botones se quedó mirando embobado como Darth Vader le metía mano en el culo a una bella conejita de playboy por el pasillo. Seguramente guardaría esa visión en su memoria, no todos los días se veía algo así.
Al llegar a la habitación, mi Darth Vader favorito metió la tarjeta en el receptor tras la puerta. Las luces se iluminaron y comenzó a sonar por el hilo musical la típica música de jazz de los hoteles.

La habitación era bastante estándar, inconfundible pasillo de entrada, con un armario empotrado a un lado y la puerta del aseo al otro. Tras el pasillo de recepción la habitación propiamente dicha, con una cama de matrimonio y un mueble escritorio separado un par de metros no más, a los pies de la cama. Me llamó la atención que el armario empotrado en el lateral de la cama fuese de puertas corredizas, y que las puertas corredizas fuesen un par de espejos.

Lo tuve claro nada más ver las puertas del armario empotrado, me situé enfrente de los espejos, y sin mediar palabra me deshice del corpiño de mi disfraz. Quedé prácticamente desnuda frente a mi reflejo, de no ser por las orejitas, la pajarita del cuello y las medias en mis piernas.

Me recliné apoyándome con las dos manos contra las puertas de cristal del armario y me giré para ver lo que hacía mi esposo. Trataba de desnudarse.

.-“No te quites el disfraz” le indiqué al tiempo que arqueaba mi espalda ofreciéndole mi culo. “Quiero que me folle el malvado Darth Vader como ayer”. Susurré haciéndole ver que quería continuar dónde lo dejamos anoche.

No se lo pensó dos veces, se situó detrás de mí dispuesto a satisfacer mi urgencia.

Yo movía mi culito de lado a lado cuando pude escuchar el sonido de su cremallera. Se ayudó de las dos manos para separar mis nalgas y acomodar la punta de su polla entre mis labios vaginales.

Todo sucedió en un instante, nuestras miradas se cruzaron a través del espejo de las puertas, ambos sabíamos que un mal gesto y la perfecta sincronización que habían alcanzado nuestros cuerpos para acoplarse con tan urgente precisión se iría al carajo.

Yo estaba tensa por lo que estaba a punto de suceder. Mi marido iba a penetrarme sin ningún tipo de preliminar por lubricar adecuadamente mi vagina, sabía como en otras ocasiones que me dolería un poco al principio y aún así estaba ansiosa por superar ese trámite.

Por el contrario mi marido parecía recrearse en el momento. Me contemplaba excitado a través de su máscara y del cristal. Para colmo me recogió el pelo en una coleta al que se aferró con una sola mano, mientras que con la otra se agarró aún más fuerte a mis caderas.

Me la metió, poco a poco, sin ninguna prisa, sin detenerse, despacito, saboreando el momento.
Me la fue insertando sin esperar a que mis paredes vaginales dilatasen y se acomodasen a su tamaño, sin pausa, de un solo empujón, sin importarle mi sequedad.

.-“AAaaaaay” chillé al sentirme dilatada a la fuerza, parecía como si mis gestos de dolor aumentasen la satisfacción del malvado personaje. Mi marido parecía interpretar un papel evidentemente distinto al que venía practicando habitualmente conmigo.

Sentí cierto alivio al notar sus huevos chocar contra mi carne. Eso quería decir que ya estaba toda dentro. En esos momentos era consciente de que poco a poco me dilataría y comenzaría a disfrutar con tan morbosa situación.

.-“Despacito por favor, me duele” traté de hacerle saber a mi marido mientras me reclinaba un poco más contra el espejo de las puertas tratando de facilitarle la penetración.

Creo que por el simple hecho de pedírselo provoqué en él unas ganas locas por llevarme la contraria, y mi marido comenzó a moverse más aprisa. Para colmo tiró de mi pelo hacía arriba obligándome a incorporarme un poquito más en pie, no tan reclinada sino algo más vertical frente al espejo.

Dos sensaciones contradictorias invadían mi cuerpo durante esos empujones. Por una parte, en esa posición yo no me encontraba tan cómoda, además los músculos de mi  interior parecían tener dificultades para adaptarse al tamaño de su polla. Y por otra parte me sentía mucho más llena por dentro que de costumbre, su polla rozaba con todos y cada uno de los rincones de mi vagina.

Esto último lo achaqué principalmente a la forzada posición a la que estaba siendo sometida, y a que seguramente mi marido estaba más duro de lo habitual. Nunca había tenido las sensaciones de que su polla fuese tan grande como la sentía en esos momentos, aunque esa misma sensación me proporcionase al mismo tiempo algo de dolor.

Los primeros espasmos del miembro de mi marido en mi interior me alertaron de que seguramente estaba a punto de correrse.

.-“Joder cari ¿tan pronto?” pronuncié como pude mientras mi marido disfrazado de Darth Vader arremetía con furia contra mi cuerpo.

La única respuesta que obtuve fue un incremento en el ritmo de sus embestidas, se notaba que estaba a punto de venirse en mi interior. Me sorprendió, pues mi marido siempre acostumbraba a esperarme, incluso me preguntaba con frecuencia que tal iba durante el acto. Pero en esta ocasión no lo veía dispuesto a esperarme. Era todo tan distinto y a la vez tan placentero que podía entender su desesperación por correrse.

Me fastidiaba porque yo todavía no había logrado disfrutar de mi esperado momento, pero en cierto modo me alegré porque el pobrecito no lograse aguantarse. Sabía que habíamos avanzado un pequeño paso en nuestras relaciones sexuales en cierto modo descuidadas tras el nacimiento de nuestro hijo.
Todo eso me hizo recordar que no había vuelto a tomar ningún tipo de pastillas anticonceptivas desde el parto, y que de correrse mi marido dentro podría quedar embarazada de nuevo, y eso no estaba en nuestros planes.

.-“Para cari, para, no te corras dentro, no estoy tomando nada” pronuncié tratando de detenerlo. Pero él continuaba a lo suyo como si nada.

.-“Para joder, te he dicho que pares” pronuncié tratando de resistirme y de soltarme de la posición a la que me tenía forzada. Pero nada de nada.“Será imbécil” pensé “¿en qué estaría pensando?”. Volvía a ser el mismo cabeza de chorlito de siempre que pensaba con la polla y no con la cabeza.

Menos mal que ahí estaba yo para solucionarlo.

.-“¿Es que no prefieres intentarlo por el culito como ayer?” pronuncié esta vez alto y claro a la vez que yo misma me abría con ambas manos las nalgas de mi culo.

Mi marido se detuvo. Me alegré al comprobar que todavía lo manejaba a mi antojo. Se lo repetí de nuevo.

.-“Quiero que lo intentes de nuevo” le susurré esta vez al tiempo que abría mis nalgas exponiéndole mi ano ante su vista.

Total yo no lo estaba disfrutando, y ya estaba algo más que resignada a que acabaría de la misma manera. Mi única esperanza es que al menos todo eso sirviera para animar a mi marido a probar cosas nuevas de ahora en adelante.    

 No hizo falta repetírselo otra vez, soltó mi pelo para salirse de mi interior  y proceder sin darme tiempo a nada más, apuntó su polla con las dos manos contra mi esfínter. Quiso hacer fuerza pero enseguida lo detuve.

.-“¡¡Qué haces loco!!,  ¿acaso quieres desgarrarme?” le espeté al tiempo que cogía una de sus manos, seleccionaba su dedo corazón y procedía a chupárselo de la forma más lasciva que pude.

He de confesar que me gustó contemplarme a mi misma saboreando el dedo de mi marido mientras me veía frente al espejo comportándome de forma tan provocativa. De alguna manera recuperaba mi excitación al degustar su dedo.

.-“Lo ves cari, ¿ves todo lo que puedes obtener de tu mujercita si le das tu corazón?” dije al tiempo que chupaba el dedo central de su mano.

.-“Anda ven, tontín, vámonos a la cama, estaremos más cómodos” dije al tiempo que daba la vuelta a la cama para acomodarme al otro lado frente al espejo, y a cuatro patas sobre el borde del colchón.

Me pareció tragicómico observar por el espejo como mi marido disfrazado ridículamente con el atuendo de Darth Vader corría a situarse detrás de mí con su polla erecta sobresaliendo de entre los pantalones del disfraz.

.-“Quiero que me muestres el lado oscuro de la fuerza” pronuncié mientras lo esperaba en mi posición meneando el culito impaciente. Me acomodé apoyando mi pecho contra la cama y mi culito ofrecido en alto, mientras con las manos abría de nuevo mis nalgas exponiendo mi ano a la espera de que mi esposo procediese con su tarea.

Nada más situarse mi marido detrás mío pude sentir la presión de su dedo corazón tratando de abrirse camino en mi esfínter.

Cerré los ojos y traté de relajarme, pero me fue imposible cuando noté que la yema de su dedo entraba en mi interior.

.-“Hay” grité. Apretaba mi culo por acto reflejo sin poder evitarlo y eso hacía que me resultase aún más doloroso.

Abrí los ojos por un instante para observar a través del espejo como el malvado Darth Vader estaba concentrado en guiarme por el lado oscuro. De nuevo mayor presión y mayor dolor que hicieron que apretase aún más los ojos y mi esfínter.

.-“Para un poco me duele” traté de hacerle saber a mi marido. Pero éste continúo como si nada.
A lo que quise protestar de nuevo pude sentir el puño de su mano chocando contra la piel de mi culo, para mi sorpresa su dedo había entrado hasta el fondo. Decidí callar y aguantar dejándolo hacer. Ya habíamos avanzado mucho más de lo que esperaba.

Al contrario que en el día de ayer, esta vez mi marido movió lentamente su dedo en mi interior. Estaba claro que no quería fallarme, y esta vez mostraba su paciencia tratando de no lastimarme. Seguramente no quería que me arrepintiese. No sé cuantas veces agitó su dedo adelante y atrás, solo sé que yo permanecía tensa con el culo bien expuesto y mis puños estrujando la colcha de la cama, como si eso fuese a aliviar mi dolor.

Pude apreciar que procedía a hacer fuerza con un segundo dedo empujando contra mi esfínter. No me lo esperaba, pero debo reconocer que este segundo dedo dolía menos de lo que hubiese imaginado.
De nuevo lentamente y con inusual pericia, procedió a moverlos adelante y atrás, dándome tiempo a dilatar mi ano lo suficiente.

Yo permanecía reclinada sobre el colchón, sin dejar de estrujar y morder la colcha de la cama a dos manos.

De repente los dedos se salieron de mis entrañas y pude notar la presión que ejercía mi oscuro Darth Vader con la punta de su polla contra mi esfínter.

.-“AAAAaaaaaaaaaay” chillé al comprobar cómo se abría camino castigando el anillo de mi ano.
Abrí unos ojos como platos provocados por el dolor que experimentaba. Nada de todo lo sufrido anteriormente tenía algo que ver con mi angustia actual.

No tuvo ningún tipo de compasión ni de miramiento. Me la estaba insertando de un solo golpe hasta el fondo. No es que lo hiciese particularmente deprisa, pero tampoco se detuvo a pesar de mis gritos de dolor. Como si no le importase el dolor y el sufrimiento de su querida mujercita.

Yo traté de impedirlo en una ineficaz huida de mi cuerpo hacia delante y terminé cayendo boca bajo sobre la cubierta de la cama. Mi marido empujaba con fuerza a la vez que ambos cuerpos caían rendidos en la lucha sobre la cama.

Me tenía inmovilizada por el peso de su cuerpo sobre el mío, y porque hábilmente retuvo mis manos por encima de mi cabeza, dificultando que tratase de moverme y agitarme con la intención de que su polla saliese de mi interior.

Hubo unos segundos de forcejeo entre ambos que no hicieron más que aumentar mi dolor, hasta que humillada a sus pretensiones dejé de resistirme.

.-“Joder, cari, ten cuidado por favor, me duelo mucho” supliqué al tiempo que dejaba de hacer fuerza y trataba de concentrarme en superar el sufrimiento.

.-“Sssschhhht” chistó mi marido a través del distorsionador de su careta, dándome a entender que me relajara al tiempo que comenzaba a culearme lentamente.

.-“Aprovecha porque te juro que esta es la última vez que lo hacemos” le dije totalmente resignada a aguantar mi dolor como si de una penitencia se tratase.

.-“Ssschhht” chistó de nuevo mi marido tratando de transmitirme una absurda tranquilidad que no me llegaba. Dejó de sujetarme las manos para retirar a un lado el pelo que cubría mi rostro.

El muy egoísta quería regocijarse contemplando mis muecas y gestos de dolor.

.-“Vamos cabrón, termina de una maldita vez” dije malhumorada incitándolo a que se moviese más aprisa. ¡Pero jódete!, esta vez me hizo caso y comenzó a moverse más rápido.

.-“Ah, ah ,ah ,ah,….” gritaba sin poder evitarlo con cada culeada a la que era sometida liberando el dolor que experimentaba.

Por suerte pude notar en mi maltrecho ano las primeras contracciones de la polla de mi marido.  

.-“Eso es cabrón, córrete, córrete en el culo de tu mujercita” le espetaba entre quejido y quejido provocándolo para que terminase cuanto antes con mi agonía.

Aceleró el ritmo de su respiración evidenciando que estaba a punto de correrse.

.-“Así, eso es mi amor, si así, córrete” le animaba tratando de distraer mi mente.

.-“Oooh, ooohh siiih” apagó mi esposo su voz en la máscara al tiempo que notaba como un líquido espeso y caliente inundaba mis entrañas mientras su polla palpitaba dilatando en cada espasmo mi esfínter.

.-“¿Ya?”pregunté cuando mi marido se detuvo.

.-“Si” escuché de su voz al notar como su miembro perdía fuerza en mi interior y casi sin esfuerzo se salía relajando mi ano.

Su voz me pareció algo extraña esta vez a pesar del distorsionador, pero pensé que se debía al esfuerzo realizado y tratar de recuperar la respiración por el ejercicio.

.-“Joder Sara, ha sido estupendo” escuché que decía con su cuerpo todavía descansando encima del mío.

Su voz me sonó realmente rara, parecía otro tono de voz a pesar del maldito distorsionador, como si fuese otra persona.

.-“¿Qué has dicho?” le pregunté totalmente mosqueada porque mi marido nunca pronunciaba ningún tipo de comentario tras hacer el amor. De hecho siempre le recriminaba que ni tan siquiera me dijese cosas tan naturales como “te amo” o “te quiero” y que yo siempre echaba en falta en momentos de tan especial sensibilidad para mí.

.-“Ha sido estupendo ¿no crees?” pronunció Darth Vader sobre mi espalda.

.-“Cari, ¿eres tú?, deja de hacer el tonto ¡Quítate la careta!” ordené totalmente preocupada por el tono de voz que escuchaba encima de mi cuerpo. Temía que la persona que yacía sobre mí no fuese quien yo creía que era.

No sabía que pensar ni que sentir en esos momentos. Nerviosa sería insuficiente para describir ese momento. Traté de zafarme de debajo del cuerpo que me acababa de sodomizar, y lo conseguí con relativa facilidad al pillarlo por sorpresa y de improvisto, dado que no se lo esperaba.

.-“¡¡¡Quítate la careta!!!!” ordené echa una furia una vez me puse en pie sobre el suelo al Darth Vader que yacía tumbado sobre la cama.

.-“Tranquilízate Sara, no es para tanto” escuché la voz de Julián al tiempo que se desprendía de la maldita careta y podía verle la cara.

Me puse roja, morada y a punto de estallar en cólera mientras pretaba mis puños con todas mis fuerzas con unas ganas terribles de arrearle un buen puñetazo en la cara.

.-“¡¡¡¡Serás cabrón!!!!” le grité una vez se puso Julián en pie a mi lado mientras lo  golpeaba con todas mis fuerzas con los puños cerrados contra su pecho.

.-“Joder Sara, ¿a qué viene esto?” pronunció Julián al tiempo que me apartaba los puños tratando de impedir que lo golpease.

A decir verdad mis puñetazos en su pecho tampoco le causaban dolor alguno, Julián era un tipo fuerte. Le costó poco agárrame por las muñecas e inmovilizar mis brazos por detrás de mi espalda mientras él observaba mi enfado frente a frente.

.-“Suéltame Julián, suéltame antes de que te denuncie” le grité indignada.

.-“¡¡Denunciarme!!” exclamó sorprendido “¿por qué?” preguntó haciéndose el tonto.

.-“Acabas de violarme, cabrón y pagarás por ello” en esos momentos dije lo que sentía.

.-“¿Violarte?” exclamó sorprendido “Que yo sepa lo has disfrutado tanto como yo” pronunció mientras continuaba reteniéndome con las manos a mi espalda.

.-“¿Pero qué coño dices?, ¡cabrón!, suéltame” grité.

.-“Oye, oye, tranquilízate ¿No me dirás que tú no lo sabías?” preguntó tratando de hacerme desistir en mi empeño por pegarle.

.-“Qué no sabía ¿el qué?” le pregunté intrigada por sus palabras.

.-“Que no sabías que todos, Fran, Joaquín, Pedro, Carlos Francisco y tu querido marido incluido, se habían subido a una habitación a organizar una timba de pócker” trató de explicarse.

Yo me quedé francamente sorprendida por sus palabras. Mi boca estaba abierta de par en par esperando que continuase con sus explicaciones.

.-“Explícate” le exigí dejando de hacer fuerza y relajándome tratando de atender a sus explicaciones.
.-“¿No me digas que no lo sabías?” me preguntó sin salir de su asombro. Yo negué una vez más con la cabeza.

.-“¿Y el disfraz?” pregunté enfadada.”¿Qué coño haces con el disfraz de mi marido?”. Quería saber el motivo por el cual llevaba puesto el disfraz de Darth Vader de mi esposo.

.-“Todo el mundo sabe que llegué tarde, se retraso el vuelo, no me dio tiempo a comprar un disfraz y tu marido se prestó a dejármelo. Me dijo que no lo necesitaba para jugar al pócker” trataba de explicarse como si lo que había sucedido no fuese en absoluto culpa suya.

.-“Me dá igual, te has aprovechado de mi, eres un hijo de puta” dije golpeándolo de nuevo con los puños sobre su pecho.

Esta vez me abrazó contra su cuerpo de tal forma que mis brazos quedaron oprimidos entre su pecho el mío.

.-“Vamos Sara, eres tú la que estaba bailando en la fiesta pidiendo a gritos que te echasen un buen polvo. Tu marido también me dijo que no vendrías a la fiesta, me contó algo de tu madre o no sé qué líos. Por eso no podía creer lo que veía, me costó reconocerte, y mucho menos comportándote de esa manera delante de todo el mundo. Hay que ver lo acaramelada que se te veía con mi amigo Bruce. Tengo fotos. Queda claro que buscabas algo que el estúpido de tu marido no iba a darte.  Fue en esos momentos cuando tuve claro que esta noche alguien te follaría y que no sería el imbécil de tu esposo. Además te recuerdo que fuiste tú la que se sentó en mi regazo en el banco del jardín. Y la que me dijo que no me quitase la máscara. Lo sabías sobradamente y no querías pararlo” terminó con su explicación y dejó de abrazarme.

Yo lo miraba desconcertada. Tenía unas ganas locas por arrearle un buen bofetón en esa cara con media sonrisa que dibujaba delante de mis morros. Pero por otra parte tenía razón en esto último.
.-“Vamos Sara,… reconócelo… ha sido un polvo estupendo” dijo al tiempo que me acariciaba la mejilla de la cara con su mano.

No sabía qué hacer ni que decir. Permanecí quieta como una idiota. Ni tan siquiera sabía cómo sentirme en esos momentos. No encontraba la forma de reaccionar.

.-“Sabes…” dijo Julián sujetando mi cabeza entre sus manos, “hacía mucho tiempo que tenía ganas de hacerlo contigo. Eres la mujer más maravillosa que he conocido nunca, y te aseguro que acabas de demostrármelo.” Y dicho esto aproximó sus labios hasta rozarse con los míos.

.-“Siempre te he deseado” susurró en mis labios antes de darme un pico en la boca.

Yo continuaba callada sin decir ni hacer nada, todavía me encontraba como en estado de shock.

.-“No sabes cuantas veces me he arrepentido en mi vida de perder aquella maldita apuesta con tu esposo” pronunció al tiempo que comenzaba a llenarme la cara de besos.

.-“¿Qué apuesta?” pregunté como por acto reflejo apartando sus manos de mi cara.

.-“¿No te lo contado nunca tu esposo?” me preguntó ahora él tan sorprendido como yo.

.-“No ¿el qué?” le pregunté de nuevo.

.-“La noche que os conocimos a ti y a tu grupo de amigas. Todos hicimos corro para proceder al reparto. ¿Recuerdas que Paco se lió con tu amiga Rosa?” me preguntó.

.-“Si” asentí a la vez con la cabeza intrigada.

.-“Bueno pues tu marido y yo te elegimos los dos a ti. Ya ves, nos  jugamos el derecho a cortejarte a piedra, papel o tijera, el que ganase tenía la opción de entrarte, el otro debía permanecer al margen. Como puedes imaginar ganó tu marido” dijo al tiempo que me daba otro pico en la boca.

.-“No sabes lo mucho que me he arrepentido, ni la de veces que he soñado contigo” dijo esta vez tratando de darme un beso en la boca.

Yo no acababa de encajar lo que me estaba escuchando.

.-“Mientes” le dije “eres un embustero” y dicho esto le di un bofetón en la cara que resonó en toda la estancia.

.-“¿Por qué dices eso?. Es verdad” me comentó sorprendido por la bofetada.

.-“Sé de buena tinta que te has acostado con Ana y con Paloma, a saber que tonterías les habrás contado a ellas para llevártelas a la cama” dije tratando de desenmascararlo.

.-“No tiene nada que ver” me afirmo extrañado por que lo supiese.

.-“¿No tiene nada que ver?” le rebatí repitiéndolo como una tonta.

.-“No tiene nada que ver, ellas llevaban mucho tiempo buscándome y claro al final me encontraron” se restregaba la mano por su cara tratando de aliviar el dolor que le había producido mi bofetada. “Sara nos conocemos desde hace muchos años, sabes que ellas siempre han ambicionado mi dinero, no sienten nada por mí. No querrían casarse conmigo, solo buscan casarse con mi dinero, en cambio tú…” hizo un silencio que me dejó intrigada.

.-“En cambio ¿yo qué?” le incité para que continuase.

.-“En cambio yo siempre he estado enamorado de ti, y tú nunca me has hecho el más mínimo caso. Ya podía tener a todas las mujeres del mundo, que en cambio tú nunca me has concedido la más mínima oportunidad. De verdad que no lo entiendo porqué siempre he sido atento y amable contigo. Cambiaría todo el dinero que tengo por una noche contigo.” Dijo con los ojos a punto de enrojecerse.  “Por eso cuando esta noche viniste a mí no supe resistirme a la tentación. Eran tantos años deseándote en silencio. Lo siento,… tal vez tengas razón me he aprovechado de ti, lo mejor será que me vaya. Entenderé que me denuncies. No te preocupes no harán falta abogados, te daré cuanto me pidas, aunque no sé qué podría hacer para redimirte, y si te sirve de algo te diré que gracias, gracias por haberme hecho feliz.” dijo con los ojos ahora si enrojecidos a punto de llorar.

Yo era incapaz de ver en ese estado a mi amigo, al fin y al cabo se estaba confesando, estaba siendo sincero conmigo. No sé porqué me salió de dentro consolarlo.

.-“Vamos Julián, no llores. Es muy bonito eso que dices” traté de consolarlo y lo abracé contra mi cuerpo. Yo todavía estaba desnuda, y él con el disfraz puesto. La situación me parecía ridícula.

.-“No ha estado nada mal ¿sabes?.” traté de levantar su ánimo. Al fin y al cabo yo también estaba confundida.

.-“¿En serio?” me preguntó ahora él mirándome a los ojos.

.-“Uhm, uhm” asentí abrazada aún a su cuerpo tratando de animarlo.

.-“¿Puedo besarte?” me preguntó con los ojos aún enrojecidos.

Yo me eché a reír, en esos momentos me hizo gracia su pregunta. Acababa de encularme casi a la fuerza y ahora me preguntaba si podía besarme. Me pareció tan tierno…

Decidí ser yo quien lo besase en la boca. Él enseguida me correspondió introduciendo su lengua en mi boca. Me resultó agradable comprobar que eran otros labios y no los de mi marido los que me besaban. Su lengua jugueteó con la mía y exploró cada rincón de mi boca. Sin duda besaba bien.
Pronto pude apreciar como era el propio Julián quien ahora se abrazaba a mi espalda. El beso se prolongó más de lo que yo esperaba en un principio. Julián me besaba de forma muy apasionada, se notaba que lo estaba deseando.

Poco a poco sus manos se fueron deslizando por mi espalda hasta posarse cada una en su respectivo moflete de mi culo.

.-“Joder Sara, estás tan buena” interrumpió el beso para hacérmelo saber al tiempo que me daba otro beso en la boca aún más apasionado que el anterior si cabe.

No lograba entender porqué pero me estaba dejando llevar por la situación. Quise corresponder a sus caricias y me ví en la necesidad de tener entre mis manos el miembro que antes me poseyera. Quería comprobar su tamaño.

La aprecié semiflácida en mis dedos, se notaba que no estaba dura del todo, así que procedí a menearla arriba y abajo entre mis manos. Mi acción produjo reacción en Julián quien recorría todo mi cuerpo con sus manos acariciando cada milímetro de mi piel.

.-“Sara cuanto te quiero” pronunció dando un leve respiro a nuestras bocas, aunque enseguida me volvió a besar. A mí desde luego me excitaba su pasión y su deseo irrefrenable. Era todo irracional, un sinsentido, y sin embargo necesario para ambos.

Le desabroché el cinturón y le quité el bótón del pantalón dejándolo caer al suelo. Julián se encargó el mismo de quitarse el resto del disfraz quedando también desnudo ante mi vista.

Era la primera vez en mi vida que veía a otro hombre que no era mi marido completamente desnudo. No pude apartar mi vista de su miembro el cual comenzaba a adquirir cierto estado de erección.
Antes de que pudiera hacer nada Julián me agarró por los brazos y me tiró de espaldas sobre la cama. Yo me incorporé sobre mis codos para ver como se arrodillaba entre mis piernas y comenzaba a recorrer entre besos y beso el camino que va desde mis piernas hasta mi entrepierna.

No pude más que gemir cuando su boca alcanzó mi coñito.

.-“UUuhhhhm” emití un primer gemido cuando su lengua separó de abajo arriba mis labios vaginales de una sola pasada.

Luego se entretuvo en repetir la maniobra ejerciendo mayor presión con su lengua entre mis pliegues más íntimos. Parecía un perro lamiendo su comida.

.-“Joder Julián, tú sí que sabes” pronuncié como pude al tiempo que mis manos se aferraban al pelo de su cabeza abandonada al placer que me estaba proporcionando.

Pronto pude apreciar como su lengua localizaba mi clítoris y comenzaba a juguetear con él. Primero de abajo arriba, luego en pequeños círculos, y al final tililando con su lengua sobre mi centro de placer.

.-“Guuuauuu, que pasada” dije pasando mis piernas por encima de sus hombros.

Una primera convulsión de mi cuerpo me alertó que de seguir así me correría enseguida. Yo quería algo más.

.-“Quiero que me folles” dije tratando de detenerlo.

.-“Estas muy rica” pronunció Julián degustando con autentica devoción mis fluidos vaginales.
.-“Fóllame” le supliqué esta vez a punto de correrme mientras mi cuerpo se convulsionaba de forma más que evidente ante los ojos del propio Julián.

.-“¿Estás segura?” me preguntó Julián como sorprendido.

.-“¿Es eso lo que querías no?. Pues fóllame de una vez, lo necesito” dije al tiempo que hacia todo lo posible por que dejase de comérmelo y me penetrase de una maldita vez.

Fui yo misma la que agarró su miembro nada más situarse encima de mí y guiarlo hasta mis labios vaginales. El tan solo me miró a los ojos cuando se dejó caer y me penetró guiado por mis propias manos.

.-“Joder Sara, que rico” dijo nada más metérmela hasta el fondo.

Yo por mi parte experimentaba un gozo increíble. Julián comenzó a moverse cada vez más aprisa, imponiendo un ritmo vertiginoso.

.-“Uhhhm, siiih, ¡que gustito!” gemí de placer al ser penetrada por mi amigo.

.-“¿Te gusta, Sara?” me preguntaba Julián.

.-“Joder siiih, sigueeh, sigueeeeh” gritaba llena de gozo.

Estaba a punto de correrme y sin embargo ahora que llegaba mi momento quería retrasarlo. Quería ser yo quien controlase el ritmo, y no ser sometida a los empentones de Julián. Así que le hice señas para que me dejase ponerme encima.

Tuvimos que interrumpir nuestro ritmo durante el tiempo justo para situarme yo encima de Julián, que ahora permanecía tumbado boca arriba sobre la cama observando mi desesperación, y yo situada encima suyo a horcajadas.

.-“¿Es esto lo que querías no?” le pregunté al tiempo que comenzaba a moverme encima suyo.

.-“Follarte a la mujer de tu mejor amigo ¿no es así?” le pregunté al tiempo que lo cabalgaba. Julián por su parte se dejaba hacer.

.-“Eres un cabrón” le espeté al tiempo que le daba una bofetada y continuaba moviéndome encima suyo. No sé porque me apetecía abofetearlo jugando a imprimir cierta violencia al asunto.

.-“No tienes vergüenza. Mira que follar con la mujer de tu amigo” le insultaba mientras lo cabalgaba.

.-“Eso es Sara, muévete” me decía él siguiendo el juego.

.-“¿Estarás contento no?” le insistía yo.

.-“Joder Sara, que bien follas” me respondió él.

.-“¿Te parecerá bonito?, ¿no?, ¿te parecerá bonito follar con la mujer de otro?” le repetía una y otra vez. A lo que él solo atinaba a decir:

.-“Siiih, siiih, siiiih” en una de estas pude comprobar las contracciones de su polla en mi interior, estaba claro lo que sucedería.

.-“Eso es cabrón, córrete” le animaba por mi parte, pero antes de que pudiera notar más espasmos en su polla, me sobrevino una primera descarga de placer que recorrió todo mi cuerpo de arriba abajo. La que estaba a punto de correrse era yo.

Julián contemplaba atento mi placer.

.-“Menuda polla tienes cabrón, me corrroooh, me corrroooo” le advertí al tiempo que mi cuerpo experimentaba una nueva sacudida de placer.

Esta vez cerré los ojos para concentrarme en mi propia satisfacción.

.-“Siiih, siiiih, siiiiiiiiiiiihhhhh” estallé en un brutal orgasmo que me llegó como de sorpresa y con una intensidad brutal.

Julián continuaba aferrado a mis caderas sin perderse ni un solo detalle de mi orgasmo. Cuando abrí los ojos pude verlo totalmente expectante a los acontecimientos. Todavía podía apreciar su polla totalmente dura en mi interior.

Lo siento por él, decidí salirme, en esos momentos me percaté de que podía quedar embarazada del bueno de mi amigo y no era cuestión, así que agarré su miembro y comencé a menearlo con mis propias manos sin cambiar de posición.

Apenas un par de sacudidas y enseguida pude notar las contracciones del miembro de Julián entre mis manos.

 .-“Joder Sara, que manos tienes” dijo al tiempo que su semen salía disparado salpicando mi vientre e incluso mis pechos para posteriormente derramar su viscoso líquido sobre  mis manos.

.-“¿Ya?” le pregunté una vez pude comprobar que su miembro perdía fuerza entre mis dedos.

.-“Ya” dijo Julián contemplando atónito la escena.

.-“Joder Sara ha sido maravilloso” pronunció al tiempo que él mismo se exprimía su propia polla extrayendo las últimas gotas de su semen.

.-“De esto ni una sola palabra” le dije al tiempo que me ponía en pie y recogía mi corpiño del suelo con la intención de colocarme el disfraz de nuevo.

.-“Tranquila tu secreto estará a salvo conmigo” dijo al tiempo que caía rendido sobre la cama.

.-“Eso espero” dije terminando de arreglarme para salir de la habitación.

.-“Sara” pronunció Julián casi en un susurro antes de que abandonase la habitación. Yo lo miré expectante por última vez antes de abandonar la estancia.

.-“¿Volveremos a repetirlo?” me preguntó suplicante desnudo sobre la cama.

.-“Puede” pronuncié dejándolo en suspense antes de marchar.

Salí corriendo de la habitación en busca de un taxi. Necesitaba ordenar mis ideas. Cuando llegué a casa todavía no había regresado mi marido. Me dio tiempo a una ducha rápida que calmo mi cuerpo y mi espíritu. Pude ponerme el pijama con cierta calma y sosiego, y meterme en la cama tranquila.
Al rato llegó mi marido. Me hice la dormida.

Al día siguiente le pregunté qué tal había ido la fiesta. Mi marido me confirmó que se habían pegado toda la noche jugando al pócker y que apenas recordaba nada más pues aparte habían bebido como descosidos.

Nada más hablamos del tema, y nada más le conté. Sin embargo debo reconocer que apenas pude sentarme al día siguiente cuando fuimos a comer a casa de sus padres.

Besos,

Sara.




  

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